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Devocional para Hoy! – 4 de Septiembre

«Vestíos, pues… de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12)

Mantener un corazón lleno de ternura es la misma escencia de la santidad cristiana; el amor humilde, compasivo, que busca ser tal como Jesús. En un mundo como este, donde nos encontramos con gente traicionera, cruel, egoísta y orgullosa en cada rincón, y donde estamos frecuentemente desilusionados de nuestras criaturas semejantes, es fácil beber un sorbo de espíritu de severidad o amargura, o un pequeño toque de resentimiento, casi imperceptible. El más pequeño grado de retaliación o severidad endurecerá el afecto, y nos dará una frialdad y asperidad en la vida interior. No es sabio reflexionar en la crueldad e inclemencia de los otros, pues al guardar la maldad de otros en nuestra mente, pronto se asentará en nuestro corazón. Pronto habría el mismo mal temperamento que condenamos de otros.

Estar santificado y profesar el poder limpiador de Cristo no es suficiente; pero debemos rendir a toda costa constantemente nuestros propios derechos, nuestros sentimientos, nuestra dignidad. Debemos guardarnos en la actitud humilde de resistir el mal, no hablar mal de los que calumnian contra nosotros, y guardar donde podamos soportar y resistir todas las cosas.

La ternura de espíritu es la escencia de verdadera santidad, y la marca interior privada de la vida de Cristo. Estemos alerta de la envida, rencor, descortesía, o sino el fundamento de la religión será envenenado. No podemos mantener un amor pleno o tierno por accidente, sino que hay que hacerlo un motivo de constante oración, y cultivar pensamientos gentiles a diario, que son muy agradables para Dios. -George D. Watson- [1845-1923(4) evangelista wesleyano, ministro, autor]

“Ejerce tu gran poder en mí, Dios mío, Ilumina, consuela, santifica mi corazón Endulza mi temperamento y somete mi voluntad, Hazme como Jesús, con Tu Espíritu lléname. Quiero un marco manso, gentil, quieto, Un corazón que brilla de amor al nombre de Jesús, Quiero ser un sacrificio vivo, Para el que murió en sacrificio por mí. Quiero hacer lo que Dios requiera, Quiero que arda mi corazón con deseos puros, ¡Y dejar mi ser, mi todo, en sus amadas manos! -Autor Desconocido-