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Lección 4.- La Estrategia De Dios Para Los Últimos Tiempos

Lección 4.- La Estrategia De Dios Para Los Últimos Tiempos

 

Vamos a entrar en los pensamientos de la estrategia de Dios para los últimos tiempos, y la reedificación de esta puerta, trayendo el ministerio de regreso a lo que Dios planeó que fuera, forjando esa vasija a través de la cual Dios ciertamente se derramará a sí mismo.

1 Corintios 3: 16, “¿No sabéis que sois el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Dios Padre, Hijo, y el Espíritu Santo es el sujeto de la oración, y la terminación “a” en el verbo, quiere decir que es la conducta característica de Dios.

Dios nunca va a hacer lo opuesto o lo contrario de lo que el verbo diga. Nota, “…quien perdona todas tus iniquidades…” (Salmo 103: 3) . Este es otro ejemplo. Dios nunca va a rehusar perdonarnos cuando venimos a El con un espíritu correcto. Cuando El nos atrae a sí mismo, y le pedimos esto, El nunca nos negará el perdón. Luego otra vez, “el que sana todas tus dolencias…” (Salmo 103: 3) ahí tienes otro ejemplo más, y como es Dios quien es el objeto de la oración, entonces es el carácter de Dios, sanar. Esto no es algo por lo cual tú debes rogarle a Dios que haga, no es algo de lo cual tú tengas que convencer a Dios de que es correcto hacerlo; el propio carácter de Dios es perdonar los pecados de los pecadores que vienen a El, y es el carácter de Dios sanarnos de nuestras dolencias. Pero ahora venimos a esto, nuestro texto. Dios mora en nosotros.

Como ves el sujeto es Dios. El verbo “morar” es un verbo que significa que es el carácter y la conducta de Dios morar en Su pueblo. Dios nos creó así. Ese fue Su mismo propósito en la raza humana, que El pueda morar en esa raza humana. ¡Fue tan maravilloso cuando yo aprendí esto! Y hay una verdad que quiero implantar en tí ahora, porque la fe es edificada sobre este tipo de principios. Es el carácter de Dios. Nosotros somos el templo del Espíritu Santo. El diablo sabe esto, y si hay algo que él quiere destruir, es nuestra confianza en esa verdad. Entonces cuando tú haces algo malo, el diablo dice, “Dios se fue. El ya no mora en ti.” El diablo es un mentiroso. Dios sabe lo que tú hiciste, y El continúa “morando” en tí. Dios va a tratar con aquellas cosas que no deben estar ahí. Es Su templo. El es el Señor de la mansión, y tú tienes que saberlo. Tú y yo sabemos que no me refiero a asesinato o adulterio. Yo me refiero a cuando nosotros hacemos esas pequeñas cosas feas. Santiago dijo que el Espíritu de Dios a través de la Palabra, siempre estaba tratando con esos males. Y Pablo dijo: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7: 19). Yo no tengo ningún problema en decirte que la declaración de Pablo me preocupaba hasta que yo descubrí lo que la palabra “mal” significa. No significa asesinato, robo, o adulterio; son aquellas cosas que se infiltran en nuestras vidas.

Nosotros actuamos mal algunas veces, no como verdaderos cristianos, a veces nosotros tardamos en perdonar, pero cuando el enemigo viene, el Espíritu de Dios levanta bandera contra él. ¿Como? “La sangre de Jesús me limpia de todo pecado”, y El sigue morando en mí. Yo quiero recalcar esta palabra “morar” porque es tan importante. Tú y yo somos la clave para que la obra de Dios sea hecha. Yo te puedo decir que tú no tienes que rogar a Dios por un avivamiento, por sanidad, o por un mover de su Espíritu Santo; es Su naturaleza hacerlo. Debemos entender qué parte tenemos en este gran propósito. La palabra griega “morar” significa “vestirse de piel”.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. Eso es, vino a ser una tienda de piel entre nosotros. La palabra griega “morar”, en el hebreo es la palabra “shekan”. Esta es la palabra “shekinah”. “ah” se refiere a Dios, “shekinah” es la “cubierta de Dios”. ¿Qué pasaba en el Lugar Santísimo? Dios entraba, lo cubría con una nube de día y un fuego de noche. Cuando Juan dijo que “Aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros…”, el usó la palabra griega que era la misma palabra que “shekan”. Jesús vino y se convirtió en el “shekan” de Dios mientras El estuvo en la tierra. “Shekan,” cubierta de Dios. Dios estaba en Cristo. Jesús era el nombre terrenal de Cristo. Dios estaba en Cristo. Como ves, El vino a ser el templo, o la “cubierta de piel” para Dios. Cuando llegó el tiempo para que Jesús regresara al cielo, los discípulos le rogaron que se quedara, pero Jesús dijo, “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera el Consolador no vendría …” (Juan 16: 7).

Jesús dijo, “El que estuvo con ustedes estará en ustedes”. ¿Qué es lo que dice esto acerca de nosotros? Eso dice que lo que era el Espíritu Santo en el tabernáculo en Israel, lo que El era en el templo, lo que fue Jesús en la carne mientras estaba encarnado en esta tierra, El lo es ahora para la Iglesia. El ha puesto el mismo fuego y la misma vida y poder en Su iglesia, y ha prometido que habitaría en ellos para siempre. Por 33 años Jesús fue la tienda de piel para Dios. En el Israel antiguo, el “shekan” era la nube y el fuego. Esa nube no era el Espíritu Santo, ese fuego no era el Espíritu Santo, sino que era el “shekan,” la cubierta.

Ahora bien, Dios ha puesto Su gloria en Su Iglesia. La Iglesia, tú y yo, somos la cubierta de Dios para Su gloria. Esa gloria sólo puede ser vista a través de nosotros. Esa es la razón por la cual el mundo es así allá afuera; sólo es un reflejo de lo que es la Iglesia, y Dios sólo puede ser visto a través de ella. Hemos llegado a ser lo que era el templo del Antiguo Testamento: la habitación de Dios.

En primer lugar, la Iglesia debe saber quién es ella. Si ella realmente lo supiera, el diablo se sacudiría y temblaría cada vez que uno de nosotros se acercara. Si supiéramos quiénes somos, tendríamos amor unos por otros, estaríamos como una cerca alrededor unos de otros. Dios dijo, “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él…”(1 Corintios 3: 17); Que Dios nos ayude a honrar y amar a los demás. Debemos saber quiénes somos. Tú debes saber esto; somos el templo de Dios, que significa que somos el Lugar Santísimo. Somos la cubierta para la gloria de Dios. Antes del Nuevo Testamento, antes que Jesús viniera, ningún hombre podía ver a Dios y vivir, pero el cuerpo de Cristo vino a ser el prisma a través del cual ese Dios infinito y santo, era esparcido para que los hombres pudieran ver a Dios y vivir. Nosotros somos ese cuerpo ahora, y es a través de nosotros que El va a ser proyectado. Es a través de nosotros, el cuerpo de Cristo, que Jesús tiene que ser visto. El cuerpo siempre es un vehículo de expresión. Nosotros tenemos que, ser en esta tierra, la expresión de Cristo. Somos el Lugar Santísimo. La Iglesia no sólo tiene que saber algo, ella tiene que hacer algo.

En Hechos 2: 16, Pedro dijo, “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…”; esto significa que nosotros tenemos en Joel lo mismo que tenemos en el libro de los Hechos. El mismo Espíritu Santo que escribió el Antiguo Testamento escribió el Nuevo. El mejor libro de comentario del Nuevo Testamento, es el Antiguo Testamento, y la mejor fuente del Antiguo Testamento es el Nuevo Testamento. Joel dijo, “Y después de esto derramaré…” Pedro dijo, “Esto es lo dicho…” pero él no dijo “después”; Pedro dijo, “…en los postreros días…”. Ahora bien, la palabra griega “postreros días” es “eschator”; la escatología es el estudio de los últimos tiempos. Pedro dijo que lo que Joel dijo iba a ser culminado en los postreros días. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2: 28). La palabra “carne” acá significa “humanidad”; es decir, “Derramaré mi espíritu sobre la humanidad”. Pedro dijo, “En los postreros días,” Joel dijo, “después”. ¿Qué significa esto? Para Joel, “los postreros días” eran aquellos días desde el derramamiento en Pentecostés hasta el arrebatamiento de la Iglesia. Pero la palabra de Pedro acerca de eso no fue “eschator”, sino “eschaton”, significa “el último de los últimos días”, que quiere decir, que Dios una vez más va a derramar Su Espíritu sobre toda carne. Para hacer esto Dios tiene que tener este tipo de vasija de la cual estamos hablando. Esta vasija tiene que ser traída a la existencia. Entonces, Dios va a derramar Su Espíritu en estos días sobre toda carne.

Solíamos cantar una canción antigua, cuando vine a la Iglesia, “bajo el chorro de donde la gloria brota”. Esa era una bonita canción, tenía buen ritmo, pero su teología era terrible. Dios ya había hecho esto en el día de Pentecostés. Cuando viene el “eschator”, lo siguiente es el comienzo de la era de la Iglesia. El “eschaton” es el final. Cuando existe una Iglesia renovada y lista, Dios va a derramar Su Espíritu sobre todo el mundo a través de ella. ¡Oh, qué lugar! ¡Qué gran lugar es el que tú y yo ocupamos en Dios! Siempre fue Su manera. Como ves, Dios derramó Su Espíritu Santo, no sobre Jerusalén, sino sobre aquellos 120, y a través de ellos al resto del mundo.

Tú y yo somos la vasija, somos el “shekan”. Nosotros somos la tienda de piel para Dios, y si Dios va a derramar Su Espíritu sobre el mundo, El va a hacerlo a través de nosotros. ¿Cómo hará Dios esto? ¿Cómo derramará Dios Su Espíritu a través de nosotros? Mas aún, ¿cómo nos llevará Dios a ese lugar en el que El pueda hacerlo a través de tí y de mí? Esta es la verdad que tenemos que agarrar. Viendo y sabiendo que Su obra exige una vasija humana, tú y yo debemos entregarnos para ser esas vasijas, como Isaías, cuando el Señor dijo, “¿a quién enviaré?”, e Isaías dijo: “envíame a mí” (Isaías 6: 8). Tenemos que desear ser esas vasijas, a través de las cuales el oprobio pueda ser quitado. Queremos ser esa vasija.

Tenemos que saber, primeramente, que nosotros somos el templo de Dios. El no habita en templos hechos con manos, Dios habita en nosotros. Al saber eso realmente, el enemigo se pone todo el tiempo a la defensiva. Cuando tú y yo nos vemos el uno al otro, y podemos decir que el Dios al cual oro vive en esa persona, entonces tú y yo habremos avanzado bastante en el reconocimiento de que somos ese cuerpo, ese templo, ese vehículo a través del cual el derramamiento de los postreros días del Espíritu Santo va a venir. Dios nos está llevando ahí ahora. El está haciéndonos conforme a Su propio ideal, de tal manera que el Espíritu Santo pueda venir a través de nosotros.

Como puedes ver, el mar Rojo huyó de la presencia de Dios en Judá. Y así es como Dios otra vez está forjando una vasija a través de la cual la presencia pueda venir, y la maldad será quebrantada, y aquellos a quienes el enemigo ha tenido cautivos a su voluntad pueden ser liberados y nacidos del Espíritu de Dios. Esta es la vasija que Dios está forjando, somos tú y yo, la tienda de piel de Dios, el Lugar Santísimo. ¡Oh! ¡no tengo las palabras suficientes para decir esto! Vamos a verlo a través de otros capítulos , pero no tengo las palabras suficientes para decir esto, porque toda la obra de Dios depende de nosotros.

Vemos Ester en el momento en que todo estaba perdido, todos los judíos iban a ser eliminados en un día determinado; y Mardoqueo empezó a hablar a su sobrina que ahora era reina, y él le dijo, “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4: 14). El no quiere decir que Dios va a fracasar, porque la liberación vendrá de otra parte; pero hoy, te digo que tú has sido elegido por Dios; tú has sido llevado al reino para una hora como ésta, para ser el vehículo a través del cual Dios va a derramarse a sí mismo en este último gran derramamiento del Espíritu Santo. Yo he leído el libro de los Hechos, de la experiencia que vino a ellos en el aposento alto. Yo he recibido, en cierta medida por lo menos, de lo que ellos recibieron, pero yo me los imagino esperando delante de Dios, y cuando el día de Pentecostés vino por completo, ese sonido de viento recio inundó ese aposento alto. Pentecostés vino a ser una realidad para 120 personas.

Dos cosas sucedieron. Primero, dice que se asentó sobre ellos. Fue en ese acto soberano de Dios, asentándose sobre ellos, que El los constituyó como el vaso del Señor. Luego, la Biblia dice que los llenó. Y se convirtieron, entonces, en las vasijas a través de las cuales Dios alcanzó toda una generación. Ellos fueron la única generación que jamás alcanzó su generación para Dios. Una vez más, al final de esta era, va a haber un derramamiento. La Biblia dice que ese derramamiento será la lluvia temprana y tardía. Presta atención. Santiago escribió acerca de ello en su gran libro; el habló de esta gran verdad del derramamiento final del Espíritu Santo. Y lo que estamos diciendo es que, tú y yo, como la tienda de piel de Dios, somos apartados ahora para este propósito, para ser la vasija a través de la cual esta lluvia final venga. En Santiago 5: 7-8 dice, “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida se acerca”: la lluvia temprana y tardí. Estamos viendo que la promesa de este derramamiento en los últimos tiempos es esta doble porción del derramamiento del Espíritu Santo. Y para este propósito, tú y yo hemos sido llamados: para que a través de nosotros, éste derramamiento final sobre toda carne pueda venir.

Es necesario que nosotros sepamos que cualquiera que es elegido para tal propósito, tendrá un propósito por el cual vivir; y éste es ese propósito. Dios no va a permitir que los corazones divididos sean parte de esa vasija a través de la cual El va a derramarse en estos últimos tiempos. El no va a permitirte, si tu corazón está dividido, que seas parte de esa vasija. “Los que conocen a Dios”, dijo Daniel, ” harán proezas”. Los que le conocen en esa forma íntima serán la vasija de Dios a través de la cual toda carne se dará cuenta de Su presencia en estos últimos tiempos.

Leemos donde Jesús oía a la gente que venía a El y le decía: “¿…en tu nombre echamos fuera demonios , y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. Y El dijo, “…apartaos de mí…” (Mateo 7: 22-23). El nunca negó que ellos hicieron estas cosas, pero El dijo, “…nunca os conocí; apartaos de mí…”. Esa palabra “conocí” y “conocer” es la misma palabra usada en Génesis donde dice que Adán conoció a su mujer, y es la misma palabra usada en Daniel donde dice, “los que conocen a Dios”. Lo que Jesús les estaba diciendo era: “nunca los conocí en lo íntimo, en ninguna relación íntima”. El está diciendo a esa vasija postrera, “los que me conocen, los que tienen una relación íntima conmigo, una unión conmigo (porque somos uno), serán aquellos a través de los cuales obraré mis proezas en estos últimos tiempos”.