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Lección 2.- El Propósito Eterno de Dios En Jesús

Lección 2.- El Propósito Eterno de Dios En Jesús

 

En Efesios 3: 11 dice, “Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor”; el versículo 9 nos dice que el plan de redención fue concebido en la mente de Dios para los siglos venideros. El versículo 10 declara la razón de este misterio escondido: para que pueda venir a ser propiedad de la Iglesia, quien lo manifestará a los principados y potestades de este mundo. Esta es la razón por la cual estamos aquí. En Romanos 8, dice que toda la creación gime para ser librada. Te recomiendo que leas todo ese capítulo. Satanás es el príncipe de la potestad del aire, y tiene dominio y autoridad sobre todas las cosas incluyendo cada miembro de la raza caída. El ha ganado esta posición en la caída del hombre.

Dios había hecho del hombre un ser espiritual: el vivía en el ámbito espiritual y estaba en comunión constante con Dios, Dios Espíritu. Dios había dado a este hombre, el cual regía con su espíritu y no con sus sentidos, poder, dominio y autoridad sobre todo el universo; su carne, que era habitación del Espíritu, estaba vestida con la gloria de Dios; sus cinco sentidos estaban en sujeción completa al hombre interior, y jugaban un papel muy pequeño en su existencia. El hombre era una criatura de amor, fe y vida eterna. Adán vivía y regía con su espíritu; el era de la misma clase que Dios. No era Dios, pero era de la misma clase que El, y el propósito de Dios para ese hombre era que él creciera en su conocimiento y comprensión de Dios, conformado siempre a esa naturaleza en la cual fue creado, hasta que él eventualmente llenara la tierra con el conocimiento de Dios.

Yo no titubeo al decirte en este capítulo, que si Adán hubiera permanecido en la verdad con Dios, entonces esta tierra hubiera sido llena del conocimiento de Dios. Adán eligió a Satanás, por lo tanto, a través de él, Satanás ha llenado la tierra con el conocimiento de él mismo. Yo he estado en muchos lugares en este planeta: en América del Sur, Asia, Africa, Europa, y nunca he estado en ningún lugar en donde Satanás no sea conocido; pero el único lugar en el que Jesús es conocido es donde ha ido la nueva creación. Después que Adán se rindió al diablo y llegó a ser participante de la transgresión de Eva, su estado de creación cambió; El llegó a ser una criatura completamente diferente. Satanás sopló muerte eterna a todo y se convirtió en el amo.

Donde antes se manifestaba la fe y el amor, ahora había odio y miedo; vemos a Caín matando a su hermano Abel en el comienzo de la Biblia, inmediatamente después de la caída del hombre. La naturaleza de los animales cambió; ellos se volvieron bravos y salvajes. El hombre cesó de vivir por el poder y la sabiduría de su espíritu; su espíritu murió y él recibió la naturaleza caída del mismo enemigo. En la caída, su espíritu fue tan profanado, que se hundió en sujeción a su alma, y él vino a ser una criatura del alma en vez de un hombre del espíritu, y fue gobernado en ese ámbito por Satanás mismo, porque esa naturaleza caída vino a ser en ese punto el cuerpo de Satanás. El espíritu del hombre llegó a ser cautivo de su alma, y perdió contacto con Dios; su cuerpo se convirtió en mortal y sujeto a muerte. Su espíritu el hombre interior, que fue una vez poderoso llegó a esconderse en el corazón. Este espíritu que antes regía se había convertido en un criminal eterno sin derecho legal de acercarse a Dios. Esta era la condición de la raza humana cuando vino Jesús; totalmente caótica y depravada; la naturaleza de Adán había sido transmitida a todos, y todos los hombres nacen siendo hijos de Satanás. Yo sé que mucho de la religión quiere refutar esto, pero no importa. El hombre vino de la mano de Dios, pero el hombre pecó, él perdió ese derecho, y por el pecado de un hombre (Adán), todos vinieron a ser pecadores, porque todos nosotros vinimos de ahí, con esa naturaleza. El pecado no es simplemente algo, sino que es un estado de existencia; todo y todos están incluidos en esto.

El propósito eterno de Dios en Cristo Jesús es llevarnos a una nueva creación sobre la cual Satanás no tiene dominio o autoridad. Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…” (2 Corintios 5: 17). En Juan 10: 10 Jesús dijo: “…Yo he venido para que tengan vida…” También está escrito que todas las cosas son hechas nuevas. En 2 Corintios 5: 21, Pablo explica el plan de redención: “…Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. Entonces, Jesús vino a tomar el lugar del hombre y ser su sustituto por el pecado. Es una mentira que El haya tenido que nacer de nuevo; esto es una mentira enseñada en los círculos pentecosteses. Jesús nació justo desde el primer momento; El no conoció pecado, El murió como el Cordero de Dios sin mancha. El no conoció pecado, pero tomó la pena de mi pecado. El nunca fue al infierno ni se quemó en el infierno. El llevó mis pecados en ese madero; Su muerte era mi muerte, y el pecado que El llevó era mi pecado. El llevó mi castigo porque: el hombre en la caída vino a ser un pecador sin derecho legal de acercarse a Dios, entonces, el perdón no era suficiente.

La relación de Israel con Dios comprobó esto: la naturaleza del hombre tenía que cambiar, y la sangre de toros y machos cabríos no podía hacerlo. Las demandas de justicia debían ser satisfechas por alguien sobre quien Satanás no tuviera autoridad; esa persona era Jesucristo y vino para destruir las obras del diablo. Pero El tenía que vivir esto durante un paréntesis llamado tiempo, El tenía que ser tentado como el primer Adán fue tentado, y El tenía que vencer esa tentación. Las tentaciones, como dijimos en el último capítulo, eran reales. El las afrontó, El que no conoció pecado tuvo que afrontar pecado, y vencer al pecado por el poder del Espíritu Santo y tuvo que presentarse a sí mismo como aquel que había vencido.

El nació de una virgen, pero El nació humano. El afrontó, como ya hemos establecido, todo lo que nosotros afrontamos; el fue tentado en todo, sin embargo, sin pecado. El fue 100% hombre y 100% Dios, y en Su tentación El fue 100% hombre. Los esclavos de la carne tenían que ser librados: el hombre oculto de corazón debía recibir un nuevo nacimiento con la naturaleza de Dios, y ser lleno del Espíritu de Dios. Esa nueva creación debe ser amo y regidor de los sentidos; esta es la progresividad de la santificación. La mente del hombre debe ser renovada día a día, y el hombre exterior debe ser traído abajo; esto es lo que significa ser hechos conforme a la imagen de Cristo. Es una vida, la vida de Jesús, la vida y naturaleza de Dios reemplazando esa naturaleza vieja Adámica, mientras nos movemos progresivamente hacia la imagen de Cristo.

Esta es la más grande revelación que puede venir al ser humano. Tu espíritu puede volverse una nueva creación en Cristo sobre la cual Satanás no tiene poder ni autoridad. ¡Qué esperanza! ¡qué mensaje tenemos para predicar! Pero tiene que sucedernos primero; tenemos que creer esto, y tenemos que predicarlo, y al hacerlo, le damos a todo hombre esperanza. No importa cuál sea el problema, no importa lo que afrontemos con este mensaje, la respuesta está aquí.

Tú no sólo debes, sino que puedes nacer de nuevo. Tú, de hecho, en ese nuevo nacimiento, vienes a ser la justicia de Dios, y puedes estar de pie en Su presencia sin miedo ni pecado. Ninguna otra cosa es tan maravillosa, nada da tal esperanza, y ningún mensaje que tú pudieras predicar lo haría. El leopardo no puede mudar sus manchas, ni el hombre puede agregar un codo a su estatura, pero el hombre puede nacer de nuevo, él puede ser justo. Pablo enumeró la categoría del pecado, el habló de los homosexuales, habló de los pecados degradantes de la carne; pero él dijo a esa Iglesia Corintia: “Así fueron ustedes”, pero ahora es diferente. Tú has nacido de Dios; a éstos tú puedes predicarles no importando lo que sean. Si yo soy la justicia de Dios, entonces es como si yo nunca hubiera pecado. Piensa acerca de esto. Necesitamos estar más conscientes de nuestra posición de hijos y de lo que somos y de lo que podemos ser en Cristo, que de nuestras derrotas y fracasos; esto es lo que produce fe. En Cristo no hay fracaso ni derrota, y el Espíritu Santo en el nuevo nacimiento me puso en Cristo por un milagro. Luego El me dije que permanezca ahí, y a medida que permanezco en ese lugar donde Dios me puso en el nuevo nacimiento, cuando Dios me vea, El verá la experiencia de Cristo como si fuera mía; El la ve ya hecha, aunque sigue trabajando en ella, porque Dios nunca inicia algo sin antes terminarlo primero. Entonces si tú permaneces ahí, la fe tiene cabida y despertarás a Su semejanza.

Esta redención gloriosa acontece cuando un miembro de la vieja creación se arrepiente de lo que es, acepta al Señor Jesucristo como su sustituto, como su Salvador y Señor, y se identifica con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Esto tiene que primero ser nuestro pensamiento, nosotros que somos ministros de este Evangelio, pero luego debemos inculcarlo en el pensamiento de aquellos que nos van a oír. El tomó mi lugar, llevó mi dolor, llevó mi lamento, fue herido por mis transgresiones, tuvo llagas para que yo pueda ser sanado; todo esto lo hizo para mí, y no para El mismo; el no necesitaba redención. Si esto ha sido hecho, entonces es como si yo mismo lo hiciera, y el diablo está vencido.

Entonces yo podré decir, y no simplemente cantarlo en un corito ni tampoco bromear acerca de ello, “soy más que vencedor, porque yo soy un heredero de Dios”. Yo soy lo que Dios dice que soy; no soy la criatura vencida, desamparada e inútil que yo pensaba que era. Yo no soy todo lo que puedo ser, eso es verdad, sin embargo, soy un miembro de Su cuerpo, Su Iglesia, de la cual El es la cabeza, y de hecho, el diablo no tiene poder sobre el cuerpo de Cristo.

Es a través de este cuerpo de espíritus re-creados que Dios echa fuera a los demonios, sana a los enfermos, y trae vida eterna a las almas muertas. Yo no sólo puedo llegar a ser el propósito de Dios en el nuevo nacimiento, sino que he llegado a ser el medio a través del cual ese propósito es cumplido. ¿Puedes aceptar el hecho de que el diablo no tiene poder fuera de aquel que los hijos de Dios le den? Si Jesús tiene todo el poder, y El lo dijo en Mateo 28: 18, entonces el diablo no tiene nada, excepto lo que le demos. Esto es verdad, porque después que Cristo logró esta victoria, El ascendió a los cielos, dejándonos una carta poder para usar Su nombre, “En mi nombre echarán fuera demonios…”. Cristo tomó mi lugar en el trono de Dios, y cualquier petición legal que yo desee de Dios, El la presentará por mí allí. Hay algo que tienes que retener: El ha tomado mi lugar en el trono de Dios; El es mi abogado ahí por mí, y cualquier petición que yo tenga, El la presentará por mí. El ha tomado mi lugar ahí, pero aquí hay algo personal: “…como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4: 17); yo he tomado Su lugar en la tierra. El me representa allí donde El es aceptado, y yo lo represento aquí donde El fue rechazado. Yo debo ser fiel a esta verdad.

Jesús dijo: “Yo soy la vid, ustedes los pámpanos. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran” ¿Podemos aceptar este hecho? Fue esta verdad de Juan 15 lo que cambió totalmente la vida de uno de los más grande misioneros de todos los tiempos, Hudson Taylor, cuando vio que si él permanecía en esa vid como pámpano, entonces cualquier cosa que estuviera en esa vid, estaría en ese pámpano. Esto simplemente significa que Cristo y nosotros somos uno.

Tenemos que pensar de nosotros mismos como Dios piensa de nosotros; seguramente Dios no piensa de sus hijos como miembros vencidos, desamparados e inútiles de la Iglesia, luchando para tener fe, luchando para ser sanados, luchando para lograrlo. No, El no nos ve así. Esa es la razón por la cual El no tiene tiempo para nuestra autocompasión, no tiene tiempo en absoluto para nuestras decepciones, no tiene tiempo para nuestra amargura. El nos ve tal como somos: más que vencedores. El me dijo, “Ningún arma forjada contra ti prosperará”, pero para que esto sea verdad, yo debo permanecer en el lugar en el que fui puesto por el nuevo nacimiento. Que el Espíritu Santo lo haga real en tu corazón, que Dios pueda tocarte con esta verdad.

 

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