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Lección 1.- Guerra

Lección 1.- Guerra

 

Esta serie nos traerá mas o menos, al pensamiento de que estamos en guerra contra principados y potestades y gobernadores de las tinieblas. Entenderemos que cualquier cosa que suceda, lo que hagamos, va a ser a pesar del diablo y no a causa de él.

En Isaías 58: 1-7 dice: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es mas bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”.

En los 5 primeros versículos de este capítulo, el profeta Isaías penetra en un área que ha causado más confusión y ha inspirado más preguntas que quizás cualquier otro tema de la Biblia. Primero, aquí está un pueblo de quien Dios confirma que le buscan a diario. Segundo, se deleitan en conocer sus caminos. Tercero, no han dejado la ley de Dios. Le piden justos juicios y quieren acercarse a Dios; ellos ayunaban. Pero a pesar de todo esto Dios ni los veía, ni los oía. Cuando ves la palabra “hacer caso”, quiere decir “conocer”. Por todo esto, Dios no conocía a este pueblo, ¿por qué? La respuesta de Dios es clara en las versículos del 3 al 5: “¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto”. Su motivo estaba completamente fuera de armonía con Dios. Toda su actividad religiosa (que era lo que Dios ordenó), era un esfuerzo para forzar a Dios a aceptar una naturaleza que El rechazó en Edén.

En la caída, el espíritu del hombre fue tan profanado que se hundió en sujeción al alma. El hombre vino a ser una criatura completamente diferente. El orden y la función de su vida fueron cambiados. El ya no era más un “ser espiritual” con una capacidad de comunicarse con Dios, él vino a ser un “ser del alma”, gobernado enteramente por los deseos de la carne. Como tal, Dios lo sacó del huerto (el cual era símbolo de su presencia); puso una espada encendida en la entrada que decía: “Tu género nunca más podrá volver a mi presencia”. Ahora, desde aquel día hasta el presente, esa naturaleza ha intentado obligar a Dios a aceptarla. Este espíritu es muy evidente en la religión de hoy en día. La mayor parte de las peticiones forzosas de ofrenda son un intento de forzar a Dios a respaldar aquello en lo cual El no tiene ningún interés. Ellos empezaron una torre religiosa de Babilonia, luego quisieron que Dios los respalde. De eso se trata las peticiones de dinero de la mayoría de líderes que piden dinero mes tras mes. Son estas modernas torres de Babilonia siendo edificadas para hacer un nombre para el propio evangelista, e intentar obtener que Dios lo respalde.

En su respuesta Dios mostró que, si vamos a ser escuchados, tenemos que darle un golpe mortal a esa naturaleza que es enemiga de la Justicia. “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58: 6-7).

Con palabras certeras, Dios nos muestra que el ayuno no es una mesa de negocios. Tú, a través del ayuno, no puedes inducir a Dios a respaldar tus esquemas religiosos. Tú no puedes ayunar un número de días y esperar que Dios te deba algo. El ayuno no tiene nada que ver con Dios, tiene que ver contigo. Dios nunca ha pedido a ningún hombre que le diseñe un plano para el evangelismo. Su plan se sienta a su propia Diestra. Jesús lo hizo claro: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos (pondré todo hombre) atraeré a mí mismo”. Pablo lo pone en esta forma, “…agradó a Dios revelar a su Hijo en mí” (Gálatas 1: 15-16). El trabajo de la Iglesia es ser el vehículo a través del cual Cristo es expresado, y si Jesús es visto, entonces los pecadores serán salvos. Esa es la clave.

En la reuniones religiosas actuales se tiene mucha dificultad para ver a Jesús. En vez de esto se tiene una exhibición de carnalidad religiosa. La gente viene a estos servicios por la misma razón que van a ver a los super estrellas mundanos. En vez de Cristo, la Iglesia ha producido celebridades religiosas, y el resultado es de veras espantoso. Hemos venido a ser la sociedad más decadente sobre la tierra, al mismo tiempo que estamos en medio de la mayor explosión religiosa que jamás ha venido a América.

Dios ha escogido el ayuno, de acuerdo a Isaías, para romper el yugo de la naturaleza carnal, y dejar libre al hombre espiritual. Estamos hablando acerca de guerra. Cuando el hombre espiritual está libre del yugo del carnal, el poder de Dios puede fluir. Jesús enseñó esta verdad en Marcos 9: 23-29. Cuando Jesús liberó al muchacho lunático, los discípulos le preguntaron en privado, “¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?” Jesús les respondió, “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. Si lees la misma historia registrada en Mateo 17, verás que Jesús introdujo sus palabras acerca del ayuno con esta declaración, “Por vuestra incredulidad”. Como la incredulidad es pecado, y aquello que es nacido de Dios no puede pecar, entonces es evidente que el fracaso fue el resultado de intentar echar fuera al diablo en su propio poder, aunque ellos estaban utilizando terminología espiritual. “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5: 17). Nosotros fracasamos en nuestros esfuerzos por sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios, a causa de esta guerra entre la carne y el espíritu; y hasta que esta guerra sea resuelta, vamos a seguir estando confundidos, porque no somos capaces de hacer lo que Dios nos ha dicho que hagamos; el arma de esta guerra es expuesta muy claramente, como el ayuno y la oración. Entonces Jesús, en su declaración, “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”, en realidad estaba diciendo, “si ustedes van a ser exitosos en el mundo espiritual, van a tener que tratar con la carne”. Cuando ayunamos, bajamos la carne; cuando oramos, levantamos el espíritu. Sólo esta es la clave para ganar la guerra.

Tenemos un ejemplo vivo de la guerra entre el espíritu y la carne en la vida del apóstol Pablo. Esto se encuentra en Romanos 7: 15-24, en donde la lucha es intensa; dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, (observa) hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”.

Existen aquellos que no creen en la “vieja naturaleza,” que enseñan que el Apóstol Pablo no era salvo en el tiempo de esta lucha. Pero yo estoy seguro que no existe ni un solo verdadero creyente nacido de nuevo, vivo o muerto, que no haya experimentado esta misma contienda entre la naturaleza carnal y la espiritual. Vencer este “cuerpo de muerte”, la vieja naturaleza Adámica, es todo lo que implica la santificación.

Adam Clark en su muy hábil comentario, tiene algo que decirnos acerca del versículo 24. “El Apóstol Pablo (él dijo), al usar el término “cuerpo de muerte” alude a una de las formas que los romanos usaban para poner a un hombre a muerte. Por ciertos crímenes, el individuo era puesto a muerte al encadenarle un cadáver a su cuerpo. La víctima entonces tenía que vivir, dormir y comer con este cadáver hasta que muriera del hedor. Al usar esto, Pablo está diciendo que lo que era este cadáver al humano, es la naturaleza carnal al hombre espiritual”. La guerra entre la carne y el espíritu es vista a lo largo de toda la Escritura, y se muestra que es la primera causa de la ineficacia de la Iglesia. “Tener la mente carnal es muerte”. Dice en el lenguaje más fuerte que cuando sea y donde sea que la Iglesia tolera esta naturaleza, el resultado es siempre, en todo caso, muerte.

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Romanos 8: 5). Esta es la piedra de toque de la realidad. O somos lo uno o somos lo otro, no se puede ceder.

La alegoría de los dos hijos de Abraham, nos demuestra que nunca puede haber tregua entre estas dos naturalezas. Ismael, nacido según la carne, fue el intento de Abraham de ayudar a Dios a cumplir su promesa. Dios había prometido a Abraham un hijo cuando lo llamó, y le prometió que a través de ese hijo, todas las promesas a Abraham serían cumplidas. Después que pasaron tantos años y ese hijo no nació, Abraham envejecía juntamente con Sara, y decidieron ayudar a Dios; y a través de Agar, la sierva de Sara, Abraham produjo a Ismael, el hijo de la carne. Este fue un esfuerzo por ayudar a Dios. Todo iba bien en la casa de Abraham hasta que Isaac, el hijo del Espíritu, nació. Fue entonces que la guerra empezó. No había reconciliación, tampoco posibilidad de tregua, ni entonces, ni ahora. No había necesidad de dividir la tienda, porque mientras los dos habitaran en la misma casa, la guerra iba a continuar. Esa guerra que comenzó en la tienda de Abraham, espiritualmente era carne y Espíritu, y físicamente aún hoy sigue en el pueblo Arabe e Israelí. El veredicto en este asunto fue: “Echa fuera a la esclava”. Esa fue la única respuesta, y es la única respuesta ahora.

“No déis provisión para la carne” es el ultimátum de Dios para la Iglesia Cristiana. Bajo ninguna circunstancia debemos permitir que la carne se desempeñe. No importa cuán talentosa, cuán bien recomendada, cuán famosa, o cuán poderosa sea; la carne no se gloriará en Su presencia. “¿Tan necios sois, habiendo comenzado por el Espíritu ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3: 3). Satanás es un destruidor. El sabe que todo intento de producir una obra espiritual por la carne es una abominación para Dios; por lo tanto, Satanás utiliza todo medio posible para forzar esa naturaleza dentro de la verdadera Iglesia de Dios. Sus dos planes principales para llevar a cabo esta maldad son: Primero, involucrar a la Iglesia en proyectos en los cuales Dios no tiene ningún interés. Segundo, vender a la Iglesia la idea de que ella puede cumplir la verdadera obra de Dios a través de medios carnales.

Veamos el primer plan. El éxito de Satanás es sobrecogedor; quizás 85% de los proyectos religiosos son “egocéntricos”, inspirados por el espíritu de Babilonia: “…hagámonos un nombre…” (Génesis 11: 4). En su deseo de ser el primero, de ser conocido, de ser aplaudido, los hombres de Dios han lanzado proyectos, todo en el nombre de Cristo, que para pagar para ellos, han sido forzados a prostituirse ellos mismos. Para inspirar al donante, los trucos, planes y lenguaje más extraordinarios son empleados. Una carta decía, “Dios me dijo que si 1 millón de socios me daban $ 240 cada uno, El me daría una cura para el cáncer. Esta carta dice en efecto que Dios puede ser comprado o sobornado; alega que Dios puedeser comprado. Además, Dios ya ha dado un cura para el cáncer en el Señor Jesús. La Biblia dice, “Por su llaga fuimos curados”, y si la Iglesia resolviera esta guerra entre carne y Espíritu, si la Iglesia retornara a su lugar espiritual, funcionaría. Las promesas más extraordinarias de milagros y prosperidad han sido prometidas a aquellos que aporten para la construcción de estos imperios religiosos.

Tú pensarías que cuando la prosperidad no vino, o los milagros no sucedieron, las pobres almas se darían cuenta de que Dios no ha hablado. La verdad del asunto es que la carne atrae a la carne, y la carne siempre fue una apostadora; entonces la pobre alma espera contra esperanza, y da otra vez. Se necesita la misma codicia para dar 100 dólares tratando de obtener 1,000 de regreso, que para meter monedas en un tragamonedas en Las Vegas. Estos esquemas confeccionados por los hombres, sólo son sus esfuerzos para forzar a Dios a un plan en el cual El nunca estuvo interesado. Eso es lo que encontramos en Isaías 58. Y de esta guerra se ve mucho hoy en día. Hay tanto escrito. ¡Oh, es muy popular, hoy en día, hablar acerca de guerra espiritual!

Permíteme decirte algo. Esa guerra puede ser resuelta cuando tú y yo resolvamos la guerra entre carne y espíritu, contando con la muerte de Cristo como si esta carne estuviera muerta, y entonces no permitir que ese cadáver tenga ningún tipo de expresión; entonces el diablo no tendrá lugar. La Biblia dice que Satanás vino a Jesús y no halló nada en El. Y luego Jesús me dice, “no déis lugar al diablo”.

El segundo plan de Satanás ha sido casi tan exitoso como el primero, con una diferencia: funciona en dirección opuesta, al vender a los hombres un plan carnal para lograr hacer una obra espiritual. Dios quizas realmente ha llamado la obra a la existencia, cómo edificar su Iglesia, pero entonces el diablo le vende al hombre un plan carnal sobre cómo edificar esa Iglesia. Tú ves esto en toda esta confusión de circo que tenemos como esfuerzo para edificar una iglesia. Satanás ha forzado a Dios a maldecir algunas obras que El ordenó. Pablo habla de la iglesia en Galacia cómo habiendo comenzado en el Espíritu; luego fue fascinada por Satanás, y terminó tratando de hacer la obra de Dios por la carne (Gálatas 3). Su mensaje final a esa obra hermano, fue: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6: 7).

Finalmente, la terrible plaga de inmoralidad que ha maldecido a la Iglesia y la ha hecho caer en ridículo en los periódicos del mundo, es un resultado directo de la intrusión de la carne. Esta carne, esta vieja naturaleza de la cual estamos hablando, este “yo”, es el cuerpo de Satanás. El no puede expresarse a sí mismo sin este cuerpo. El no puede expresarse a sí mismo sin un cuerpo, así que cuando nosotros rehusamos rendir nuestro miembros como instrumentos de iniquidad a Satanás, entonces cortamos eso; la guerra es resuelta, y podemos avanzar con Dios. Hombres que han sido exitosos en sus esfuerzos religiosos carnales, y son vistos por la iglesia carnal como héroes, se han engañado a ellos mismos a creer que ellos estaban exentos de la ley moral de Dios. Los resultados han sido una repetición del desastre corintio. El pecado en la Iglesia casi no es nombrado entre los paganos. La purga de la Iglesia no será popular, tampoco fácil, pero debemos purgarla. No se puede ceder nada. Como el personaje de las tiras cómicas, hemos encontrado al enemigo y el enemigo “soy yo”.

De acuerdo a la Escritura, la Iglesia por la cual Cristo volverá, será “…una Iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga” (Efesios 5: 27). Las manchas en la Escritura hablan de la carne. “…aborreciendo aún la ropa contaminada por su carne” (Judas 23). Ahora, al poner en una lista las obras de la carne (Gálatas 5: 16-21), Pablo concluye con estas palabras, “como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. No hay duda, la guerra es real, la guerra es mortal. Pero a pesar de la carne y el diablo, Jesús tendrá una Iglesia. La pregunta es, ¿serás tú parte de esta Iglesia? Y, tus esfuerzos de predicar y ministrar, ¿edificarán esa Iglesia? Solo tú puedes responder esa pregunta, pero yo creo que a la luz de lo que has oído y aprendido, tú sabes lo que debes hacer. “El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”.

Finalmente, me llamaron para orar por un viejo predicador de ochenta y tantos años. El fue predicador del evangelio por más de sesenta años, lleno del Espíritu Santo. Ahora, parece como si fuera a morir. Nunca ví tanto temor; nunca había visto tal terror en los ojos de un ser humano creyendo que va a morir. Después de orar, yo regresé a la iglesia, entré a mi oficina y cerré la puerta con llave, porque yo pensé que tendría que estar ahí por un rato, esperando por una respuesta. Me arrodillé ahí y le dije a Dios “¿Por qué una persona llena del Espíritu Santo y predicando por más de 60 años teme morir?”. No tomó ni un segundo para obtener la respuesta. “El no ha hecho lo que yo le dije que haga, y ahora tendrá que encararme”.

Tú puedes tener 1,000 personas, tú puedes tener 2,000 personas, pero si esa iglesia es algo de la carne, es maldecido por Dios, y tú maldecido con ella.

 

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