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Lección 1.- Hombres Invencibles

Lección 1.- Hombres Invencibles

Esta es una enseñanza básica de la Biblia, y si tomaras más cuidado, te darías cuenta que la preocupación de Dios ha sido siempre el ministerio. Si colocamos el ministerio en el lugar que le corresponde, la Iglesia entonces emergerá, porque la Iglesia emerge de la vida, la doctrina emerge de la vida. Y cuando esto esté en su lugar, entonces todo lo demás comenzará a levantarse a su alrededor. Vemos en el tercer capítulo del libro de Nehemías, que todos estaban ocupados en colocar las diez puertas del ministerio en su lugar, y las paredes del reino se levantaron alrededor de esas puertas.

En esta serie vamos a tratar con el avivamiento, con el hombre a quien Dios va a usar, con la oración, con los medios y con los métodos para llevarlo a cabo. Trataremos de llegar a todas las situaciones y ambientes en las cuales se produce el avivamiento, porque es imperativo que comprendamos lo que Dios va a hacer en estos últimos días. El lo va a hacer, si queremos ser parte de él. Leamos 1 Reyes 18: 24, “Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho”.

Hay una profunda preocupación en mi corazón, y por un largo tiempo estoy con una presión en el espíritu con relación a la hora en que estamos viviendo, y la cercanía de la venida del Señor y la apatía creciente por parte del pueblo de Dios por todas partes. Estoy sacudido profundamente sobre este asunto, mientras escucho el lamento de miles de miles de personas que buscan una realidad en Dios, y buscan ayuda en las horas tan críticas de sus vidas. Mientras que por otro lado, veo la indiferencia en aquellos que profesan el nombre de Jesús, y muy frecuentemente los encontramos en fuerte oposición con aquellos que tratan de dar ayuda a los infortunados. Es de esta preocupación que nace esta Escuela. Necesitamos ver más allá de los rituales ordinarios de una iglesia que se ha convertido en nada más que una sociedad de debate entre los hombres que no tienen nada más que hacer que hablar acerca de Dios.

El propósito de esta Escuela es movernos a una realidad viviente, donde haya una voz en esta comunidad que tenga la vida de Dios en ellos y esté hablando por Dios. Sin duda, las cosas que voy a expresar van a hacer que brote resentimiento en alguno; sin embargo, la hora es muy tarde y la necesidad es muy grande como para que los hombres se mantengan tranquilos. “El Dios que conteste por medio de fuego, ése sea Dios”; en otras palabras, dejemos otra vez que sea una realidad. Que una vez más esta Iglesia se pare y sea la Iglesia, y yo te aseguro que allá afuera hay millones que están esperando ser parte de ella. Estas son palabras de uno de los profetas más grandes que haya vivido jamás. Y él retumbó en medio de gente que había escuchado suaves palabras habladas por los falsos profetas y maestros que habían hecho que abandonen al Dios de sus padres. En voz resonante, él desafió al pueblo. Con indiferencia sublime respecto a su propia seguridad personal, él desafió al rey y a los falsos profetas en el texto que estamos viendo ahora. Estas palabras fueron habladas al Israel apóstata, un pueblo que había una vez conocido la bondad de Dios en su gran poder liberador hacia los hombres; pero ahora no había evidencia de Dios en su medio. Formas huecas, gestos vacíos constituían su adoración. Yo te desafío, si sabes algo acerca de Dios; tú sabes que esto representa nuestra hora presente.

Hay una imitación allá afuera, hay muchos saltos y muchos gritos. Y si puedes conseguir ujieres para sostener a la gente y asegurarles que no se van a caer, vas a conseguir muchas de esas llamadas “caídas bajo el poder”; pero es un show. La gente está buscando realidad. Los enfermos se van sin ser sanados, el endemoniado no es liberado: todo lo que esta iglesia puede ofrecerles es una envoltura y allá afuera hay un clamor por algo real. Ha llegado la hora cuando el silencio por parte del profeta sería pecado, la paciencia ha cesado de ser una virtud. Alguien dijo: “Ningún hombre tiene el derecho de ser un mártir, si puede ser un soldado”. Hay tal cosa como perder la visión de la verdad de Dios y volvernos a las filosofías vanas de la religión, pero “el Dios que conteste por medio de fuego, ése sea Dios”. Si tu Dios no contesta con fuego, tú estás adorando en un santuario cuyo dios lo ha hecho el hombre. El ministerio de preparación de Juan el Bautista, sacudió la nación cuando habló de un Cristo que venía, que los bautizaría con el Espíritu Santo y fuego. El bautismo del Espíritu, es un bautismo en fuego. Hace que el alma del hombre se ponga en llamas con la pasión de Cristo para liberar a la humanidad sufriendo de pecado, enfermedad o cualquier otra forma de atadura. El Espíritu Santo enciende una ferviente devoción por Dios y un hambre de justicia que no puede y ni podrá ser apaciguado. Se dijo de Jesús, que estaba vestido de celo como manto, y el Espíritu Santo es ese manto, pasado de Cristo al creyente, así como cuando Elías estaba ascendiendo y su manto cayó en el expectante Eliseo, cuyo corazón estaba hambriento por una doble porción del Espíritu. La Iglesia tiene demasiados hombres grandes en su medio. Lo que realmente necesitamos es hombres de fuego, “Hombres fervorosos”, hombres encendidos con el poder del Espíritu Santo. Tales hombres son invencibles.

Este evangelio de moda analizante y calculador que muchos predican, se presta a lo cómodo, al declive espiritual en esta hora. Se convocan conferencias tras conferencias, comités tras comités, se reúnen para buscar formas y medios de avivamiento. Pero el avivamiento sólo puede conseguirse a través de hombres que tienen una experiencia diaria con Dios. Hay una historia sobre Dwight Moody; él estaba en Inglaterra en el gran Albert Hall. La iglesia en esta oportunidad estaba teniendo una conferencia de evangelismo. El gran evangelista Sr. Moody estaba ahí, y él escuchó al comité, la retórica y todo lo que se hablaba sobre avivamiento, hasta que se aburrió; salió de su lugar, y cuando la reunión había terminado y la multitud salía del local, encontraron con sorpresa, que el Sr. Moody estaba predicando a varios miles de personas en la plaza de Londres. Un hombre encendido por Dios. Los hombres necesitan creer lo que Dios ha dicho en lugar de tratar de analizar cada palabra y frase para ver si ellos encuentran el pro y el contra de cada simple declaración. Sólo aceptar lo que Jesús dijo como verdad y actuar sobre eso resolverá más problemas y traerá más liberación que toda compleja teología ofrecida por todos los doctores de la divinidad de este mundo. El hombre ciego de la Biblia tenía una teología simple, pero qué teología poderosa: “…una cosa sé…”, clamó (Juan 9: 25). En esta sola declaración, él trajo al mundo más evangelios de liberación que todos los argumentos y disputas que sus doctos opositores pudieran presentar en miles de años.

Quiero impactar tu mente. He caminado de esta manera por 40 años, predicando el Evangelio. Yo vine a una Iglesia nacida en el fuego de Pentecostés. Pero en el tiempo que yo llegué fue en el tiempo del gran avivamiento de sanidades donde miles fueron reunidos en las grandes catedrales en carpas para escuchar las buenas nuevas que Jesucristo era el mismo ayer, hoy y por los siglos. Pero, he observado esta Iglesia de Pentecostés, cómo ha transcurrido a través de esta terrible fase. Primero, perdiendo su celo y empezaron su gran empuje por la educación. Lo he observado. A Dios no le agrada la ignorancia, pero Dios tampoco pone todos Su interés en la educación. He observado a la Iglesia morir en su esfuerzo de producir un sistema de enseñanza. Cuando yo me convertí en un evangelista, no era extraño ir a una Iglesia con 150 en su escuela dominical y quizás 25 de esas personas se quedaban para el culto. No era apóstata en ese tiempo, pero murió en una búsqueda equivocada. Y he observado a la Iglesia moverse de ese lugar de muerte a la apostasía, habiendo llegado al punto que la autoridad de la verdad bíblica ya no era respetada.

Luego he visto las líneas de desvío en que comenzó a deslizarse esta iglesia hasta el día de hoy; ella es simplemente una burla de lo que fue en esta creencia Pentecostés. Y yo sé algo. He vivido lo suficiente para conocer que el pecado, mundanalidad, incredulidad e infierno pueden resistir cualquier cosa, menos el fuego divino. Y el propósito de este libro es producir hombres que salgan de aquí, no con un conocimiento pleno sólo en la cabeza, sino completamente llenos de Dios, para darlo a luz a El en algún lugar en esta tierra, dar a luz a Dios en Su poderosa presencia. El poder del Espíritu Santo está marcado siempre por el evangelismo agresivo y la liberación de toda forma de atadura. La indiferencia es imposible cuando el predicador es una llama de fuego. Puede ser que los hombres no siempre estén de acuerdo con su prédica, pero por lo menos prestarán atención. Cada predicador debería ser, o el más amado, o el más odiado en el pueblo.

Y en ningún momento o lugar las condiciones han cambiado. El diablo no se ha convertido – tampoco lo hemos educado para sacarlo de su maldad. Estos hombres que plantaron la Iglesia vivieron peligrosamente, y aquellos que mantienen la Iglesia deben vivir de igual forma. Ellos no buscaron vivir en términos de comodidad con el mundo, sino que desafiaron sus sistemas y métodos; consecuentemente se encontraron con el desfavor y la persecución. Haz lo que quieras, di lo que quieras; cristianismo es vivir, palpitar, vida divina, pasión divina, poder divino para suplir las necesidades desesperadas de un mundo que se muere. Yo aprecio lo que Dios hizo en el primer Siglo. He leído los evangelios. He leído el libro de los Hechos. He leído sobre María Magdalena. He leído de Lázaro regresando de la muerte. He leído sobre el ciego Bartimeo.

Cualquier predicador que no ha sacado a los fariseos, los hipócritas, los demonios, al punto que se hable mal contra él, no está predicando el evangelio en su plenitud. Puedo decirte que la razón por la cual la Iglesia lo hace tan fácil en Estados Unidos, es porque no tenemos evangelio. Sólo hemos encajado en lo que llamamos sociedad cristiana. El cristianismo nació en sangre, sudor y lágrimas. Agradezco a Dios por lo que El hizo en ese primer siglo, pero yo no vivo en el primer siglo, vivo en el Siglo XX. Y quiero que Dios trabaje en el Siglo XX. Creo que los problemas que he enfrentado y que los problemas que tú enfrentas son mil veces más complejos que los del primer siglo. Creo que los demonios que enfrentamos son más agresivos que los de aquel tiempo: El diablo, dice la Biblia, sabe que tiene poco tiempo, y todo su esfuerzo lo pone en destruir; y Dios tiene que tener hombres que sean invencibles. Hace muchos años, aproximadamente en 1,966, mi padre estaba muy enfermo, tenía enfisema. Yo fui manejando desde Beaumont hacia un pueblo pequeño, Refugio, Texas como a 280 Km. o quizás más , para visitar a mi padre. Salí un miércoles por la noche después del culto, y manejando en la noche, sintonicé una poderosa radio emisora, (no sé si todavía sale al aire, no la escucho, era de México, creo que era XERS ), una poderosa radio emisora de 100,000 wats, desde México, y salía por todo los Estados Unidos; y escuché a un hombre predicando, su nombre era Obispo Washington. No lo había escuchado antes, pero oh, qué predicador. El hombre estaba predicando esta noche, y su prédica era que Dios necesitaba predicadores militantes. Yo les estoy hablando aquí. Les estoy diciendo que todo lo que Dios necesita es un hombre de Dios sin temor, que proclame el evangelio en esta hora en la cual vivimos. Predica este evangelio sin temor al Siglo XX.

El hombre de Dios siguió desarrollando su mensaje. Estábamos en el tiempo de la guerra de Vietnam; el señor Lyndon Johnson era presidente de los Estados Unidos, y el gran predicador dirigió su mensaje al señor presidente; no creo que el señor Johnson estaba escuchando, probablemente no, pero el debía hacerlo; “Señor Presidente, no son grandes armas, ni grandes bombas lo que Estados Unidos necesita”, le decía. “Lo que Estados Unidos necesita son predicadores militantes, y cada problema será resuelto”. Echando un vistazo a la Biblia, dice que cuando el mundo se puso tan mal, Dios tuvo que destruirlo. Todo lo que El necesitaba era un predicador, y lo encontró; se llamaba Noé, un predicador de la justicia. Declaró que Noé fue quizás el más exitoso predicador que jamás vivió. Sólo 8 personas estuvieron en el arca, pero el obispo lo llamó exitoso. El dijo que a todos los que no salvó, los condenó. El habló de Ezequiel sobre la montaña de huesos: Dios preguntó al predicador si podrían vivir, y el predicador dijo, “tú lo sabes Señor”. Y Dios le dijo, “profetiza”. Y ese hombre de Dios comenzó a predicar sobre esos huesos y ellos vivieron. El pasó luego a Nínive y dijo que la ciudad estaba en tal podredumbre que hasta un buitre tenía que tapar su nariz para poder volar sobre ella. Pero todo lo que Dios necesitaba era de un predicador. A tí te digo que esto es todo lo que El necesita. Hombres que sean invencibles.

Las apariencias de piedad no son suficientes, las ceremonias tampoco; la reforma y la moralidad nunca pueden detener los lamentos de los hombres con tanta desesperación allá afuera. Fue el Espíritu Santo a través de los profetas en el Antiguo Testamento que limpió a los Naamanes. Se necesitó el poder en la persona de Jesús para abrir los ojos del ciego Bartimeo y liberar a las Marías Magdalenas. Se necesitó de este poder en la vida de los apóstoles, diáconos y ancianos para llevar la bondad y misericordia de Dios a un mundo necesitado, y se va a necesitar de ese mismo poder en los creyentes hoy, si las necesidades de este mundo enfermo van a ser suplidas. Hablo a todos aquellos que lean este libro. Siempre en tiempos de declive espiritual, Dios ha levantado hombres, los ha llenado con su Espíritu y los ha enviado allá afuera a desafiar las tinieblas. Esos hombres siempre han aparecido en la escena cuando la Iglesia se ha adaptado a un sistema de formas y ceremonias que hablaron sólo de derrota y ataduras.

Mira la aparición de Moisés y los hechos sobrenaturales cuando iba a liberar al pueblo. Observa a Josué cuando él guiaba al pueblo a un nuevo avivamiento de las cosas mayores, para que ellos pudieran heredar la tierra prometida. Luego ahí está Samgar enfrentando al adversario y mató 600 hombres con una aguijada de bueyes. Sansón desafiando a 1,000 filisteos con la quijada de un asno. David el joven pastor yendo contra el gigante Goliat con una honda. Y así podemos seguir en toda la historia. Estos eran hombres invencibles, porque ellos no aceptaban la derrota. Dejando de lado sistemas tradicionales, ellos usaron los métodos menos convencionales, pero trajeron poderosas victorias para Dios. Estas almas valientes rehusaron ser amedrentados por los pequeños temores de sus más tímidos hermanos. Y en su lugar usaban una fe que les hizo abandonarse por completo a atreverse hacer cualquier cosa; ellos se apoderaron de todo lo que estaba disponible y con él pegaron un golpe de liberación. Estos eran hombres que no podían ser dominados. Nunca se escribió una doctrina para autorizar el uso de una aguijada de bueyes o la quijada de un asno. Como su Maestro, ellos continuamente se salían de lo establecido por la filosofía religiosa, cruzando las barreras de la religión convencional; tales hombres eran invencibles.

Las acciones de tales hombres no consistían en aferrarse arbitrariamente a la religión tradicional, sino que era una revelación desde el cielo de un mundo perdido en las manos de Satanás. Había una pasión divina en sus corazones por la obra del Espíritu Santo que sobrepasaba los límites de clase y color. Con una indiferencia sublime al peligro personal y privaciones, ellos trabajaban con los ángeles del cielo, destruyendo las puertas de horribles prisiones, convirtiendo los postes para azotar, en púlpitos, echando fuera demonios, haciendo al paralítico caminar, mientras que todos a su alrededor se movían en olas de intolerancia religiosa, odio nacido de celos, y terrible incredulidad. Estos hombres invencibles demostraron todas las posibilidades ilimitadas de esta gran salvación y marcaron el paso para el creyente en cada generación.

Considera el avivamiento que hizo del cristianismo una llama, bajo el ministerio de Martín Lutero. Pocos fueron realmente salvados en el sistema de iglesia existente en aquellos días. El cielo fue ganado, el pecado expiado por el esfuerzo de los individuos, en lugar que la obra expiatoria de Cristo. Luego la luz apareció. Dios encontró un hombre que pudo ver más allá de los confines, de los dogmas religiosos.

El cielo se abrió en alegres “aleluyas” cuando Lutero declaraba abiertamente a un mundo atado por el juicio, “El justo por la fe vivirá”. El avivamiento empezó, Dios encontró al hombre indicado y las fuerzas agresivas de las tinieblas no pudieron detenerlo. Estas almas, vigorosas almas, no tenían necesidad de recurrir al entretenimiento y programas divertidos para mantenerlos interesados. Estaban en un campo de batalla. El diablo había hecho fuego: los cristianos vivían en la presencia de leones rugientes, fuego y cadenas resonantes. La de ellos no era una pálida y fría teología, ellos no se preocupaban sobre los métodos correctos. Ellos tocaban un grito de victoria cuando y donde sea que aparecía la necesidad. No debe sorprendernos cuando el fuego del avivamiento está tan bajo, cuando millones de supuestos “cristianos” tratan de penetrar en la oscuridad de su futuro con la lectura del horóscopo, astrología, la fortuna y lo psíquico, buscando la comodidad de este mundo. Se quejan que cuesta mucho manejar una iglesia, mientras que le están tributando al diablo con la otra mano. Hay un tipo de predicación intelectual que desalienta el entusiasmo y alienta lo que ellos llaman “estándares sobrios de sentimientos” en materias de religión. En la mayoría de los casos, están diciendo en forma suave que Jesús estaba equivocado cuando El dijo en lenguaje osado y abierto “…por cuanto eres tibio,…te vomitaré de mi boca”. Tú podrás dar poca importancia a las experiencias verdaderas del corazón, puedes hablar del peligro del emocionalismo, pero la Iglesia está sufriendo, y el mundo está muriendo y yéndose al infierno porque tenemos una especie de cristianismo que es seco como polvo, y pálido como un cadáver. “El Dios que conteste con fuego ese sea Dios”. El Dios que siempre ha sanado y siempre sanará, es el Dios de la Biblia. Aquel que puede llenar al hombre con su presencia y enviarlos como evangelios en llamas a un mundo arruinado y que se muere, que El sea Dios.

Los teólogos dicen que no puedes saber si eres salvo, pero el Dios que contesta la oración dice que Su Espíritu da testimonio a mi espíritu que yo soy de El. Su religión dice que nadie puede ahora recibir el bautismo del Espíritu Santo. Pero dejemos que el Dios que conteste con fuego, sea Dios. La religión no inspirada que se encuentra en todos lados dice que el hombre no puede ser sanado hoy, y advierte contra el riesgo de creerlo, pero el Dios de Elías vive y aún contesta por fuego. Pablo creía en un Cristo que podía salvar a los más alejados. El predicó un evangelio que incluía e insistía sobre el bautismo del Espíritu Santo y fuego. El practicó y predicó un evangelio de sanidad para los enfermos y de echar fuera demonios. El se paró en las orillas de la eternidad y declaró a los hombres en cada generación, “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”. (Gálatas 1: 8).

¡Dios, mueve nuestros corazones, llévanos al avivamiento!

 

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