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Lección 3.- La Sangre Preciosa

Lección 3.- La Sangre Preciosa

 

Anteriormente hemos tratado con nuestra posición y las promesas para nosotros los creyentes en Cristo. Luego hemos visto esta gran verdad de la sangre Todopoderosa de Jesús, que si reconocemos el valor y virtudes de esa Sangre, esto nos coloca en una posición de ventaja sobre el Diablo.

Veamos en Hebreos 9: 7, “Pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo”.

El mensaje de la cruz y el poder de la sangre de Jesucristo es la piedra angular del cristianismo, por eso Satanás ataca los mensajes de la sangre. Nuestro texto dice, “…no sin sangre…” Todo lo que hace Dios es por razón de la sangre de Su hijo. No me sorprendo por qué hay tan poca predicación sobre ella, Satanás la odia y no hay nada contra lo que más luche, que cuando realmente comenzamos a tratar con la Sangre de Jesucristo.

Maxwell White en su libro, “La Preciosa Sangre de Jesús” dijo que en todos sus viajes, “He escuchado demonios que tratan de blasfemar cuando se menciona a Jesús, pero no he visto a ninguno que cuando se menciona la sangre no lo haga comenzar a temblar y huir”. Satanás odia la Sangre.

Mirando la importante función que cumple la sangre natural para nuestro cuerpo natural, podemos entonces tener algún entendimiento de lo que la sangre de Jesucristo hace para el cuerpo de Cristo y para nosotros como creyentes en forma personal.

En Levítico 17: 14, Moisés escribió que la vida de la carne está en la sangre. Hace 95 años, quizás, la ciencia aprendió esta verdad, pero Dios le reveló a Moisés hace 3,800 años, que la vida de la carne está en la sangre.

Quiero que veamos lo que la sangre es realmente. Lo que ves cuando te haces un corte, se llama plasma, que es un líquido claro; el plasma es el vehículo que lleva la sangre. Bajo un microscopio se pueden ver partículas sólidas en el plasma; las partículas son algunas rojas y algunas blancas y se llaman glóbulos. En los glóbulos rojos está la hemoglobina, y junto con otras funciones, la hemoglobina es el pigmento que da color rojo a los glóbulos. La sangre hace todo lo que el cuerpo necesita; es muy importante que lo entendamos. La sangre lleva y convierte todo lo que comemos en elementos vitales para poder vivir. Lo que es verdad en el sentido natural lo es en el sentido espiritual. En la puerta de entrada hacia las bendiciones de Dios están estas palabras: “No sin sangre”.

La primera función de la sangre, hablando en el sentido natural, es quitar todo lo que no sirve. La sangre lleva el material de deshecho al canal adecuado de eliminación. Hebreos 9: 14 dice: “¿cuánto más la sangre de Cristo, ….limpiará…?”. La palabra “limpiar”, significa exactamente lo mismo en lo espiritual que en lo natural, significa limpiar minuciosamente. El primer trabajo de la sangre es reunir todo material de deshecho que es indeseable y eliminarlo para que no contamine ni cause enfermedades. La sangre hace esto a través de los canales de eliminación; realmente purga nuestro cuerpo. La mayoría de las enfermedades son resultado de una eliminación inapropiada. En 1 Juan 1: 7 dice que la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado. Asi que, el primer trabajo de esa Sangre espiritualmente es limpiar. Tú sabes que esto es verdad.

Cuando vine a Jesús, yo tenía 27 años, y el día que me arrodillé en el altar la sangre me limpió de esos 27 años de pecado, de caminar como un rebelde contra Dios. Lo primero que hace es limpiarte, la sangre de Jesús fluyendo por el cuerpo de Cristo limpia todo lo que pertenece al mundo, a la carne y al diablo. Tambien purifica el cuerpo de todas las actividades contrarias a las cosas de Dios, nos limpia de todo pecado. Esto implica que este es un proceso durante toda la vida. Hay una fuente abierta en la casa de David fluyendo continuamente, y este fluir, esta corriente limpiadora quita todo deshecho espiritual aún de las partes más escondidas, guardando nuestra relación con Dios en forma vital. La Sangre hace esto y lo hace todo el tiempo mientras tú y yo caminamos en la luz, que es la vida de Dios. Mientras que caminamos honestamente con Dios, la Biblia dice, “…Siguiendo al Espíritu…”, entonces esta acción limpiadora se lleva a cabo todo el tiempo. Puedes entender que hay suficiente pecado en todos nosotros para enviarnos al infierno. Ahora, Dios está tratando con nosotros todo el tiempo en este proceso y principio de vida que es la santificación, pero lo que está guardando nuestra comunión con Dios es el poder limpiador y purificador de la preciosa sangre de Cristo.

Hay tres tipos de limpieza que nos enseña la Biblia. La limpieza de la sangre en (1 Juan 1: 9), “él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Luego, en el Libro de Efesios 5: 26, está el poder purificador de la sangre: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”. Luego está el lavamiento de la regeneración del Espíritu Santo. Esta acción transcurre todo el tiempo. Esto está en Tito 3: 5, “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”.

Cuando tomamos en cuenta que 9 de cada 10 enfermedades son resultado de una eliminación inapropiada, y si lo que es verdad en el sentido natural lo es también en el sentido espiritual, entonces te podrás dar cuenta por qué la Iglesia está enferma. Debe haber más predicación y enseñanza sobre esto para que la gente en las Iglesias pueda tener fe en la poderosa sangre de Jesús. “…Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida” (1 Juan 5: 16); “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados” (Hebreos 10: 26).

Estas declaraciones tienen una implicación tremenda y terrible, pero lo importante aquí es que cuando se retiene el excremento espiritual en forma voluntaria, espiritualmente se impide la purificación de la sangre, y la muerte es el resultado. El excremento humano es muy tóxico; Dios dio a Israel órdenes específicas de cómo eliminar el excremento humano. En el Oriente, el excremento humano es usado como fertilizante, pero es mortal; si el sistema eliminatorio del cuerpo está obstruído y la sangre no puede purificar ese desperdicio que es la causa de enfermedades, entonces la muerte ciertamente ocurrirá.

Cuando tú y yo dejamos sin hacer las cosas que deben hacerse, entonces obstruimos o por lo menos restringimos el fluir de la sangre de Cristo y nos hacemos vulnerables para una caída espiritual, y muerte. “Si pecáramos voluntariamente”; se usa el presente participio lo que denota una continuidad en la acción del pecado, eso es simplemente estás pasando por alto la convicción del Espíritu Santo y continúas haciendo lo que El te está diciendo que está mal. No importa lo insignificante que tú creas que es la ofensa, seguir en ello es como jugar a la ruleta rusa con tu alma. El problema no es sólo un asunto del pecado particular del cual Dios te ha convencido, sino que la situación se basa en tu rebelión contra el Señorío de Cristo y el gobierno del Espíritu Santo. Ya no queda más sacrificio por el pecado, no hay nada más allá de la sangre de Cristo que nos pueda limpiar. Si tú continúas en aquello que sabes que Dios te prohibe, detienes el fluir de la Sangre, y obstruyes la eliminación, la limpieza y la purificación de la Sangre. Consecuentemente, ya no queda nada que hacer, “sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que va a devorar los adversarios” (Hebreos 10: 27). Ponte un torniquete alrededor de tu brazo, y obstruye el fluir de la sangre hacia tu mano y morirá, ese miembro morirá. Lo que es verdad en el sentido natural lo es en lo espiritual: en tu rebelión bloqueas el fluir de la Sangre; esto impide la limpieza y la eliminación de aquello que es contrario porque tú lo detienes, y la muerte es inevitable. Cuando tratas de excusarte por tu desobediencia, es como caminar sobre el infierno sobre una cobertura podrida. Cuando razonamos que lo que estamos haciendo no es tan malo, recordemos mejor el caso de Adán y cómo él mismo se maldijo y a toda la creación por comer del árbol prohibido.

La enfermedad espiritual y la muerte son los resultados naturales de nuestro fracaso en permitir que la sangre de Cristo nos purifique y nos limpie de toda injusticia. Si confesamos nuestros pecados y los abandonamos, entonces la sangre de Jesús va a continuar su proceso de limpieza y purificación en nuestro cuerpo espiritual. El bloqueo es evidente en Isaías 59: 2, “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”. No es que Dios no pueda, sino que El no te va a oír. Cuando hay cosas en tu vida que no permites que sean tocadas por la sangre, cortas la provisión de la gracia para tu vida, y como dije antes, si cortas el fluir de la sangre en cualquier miembro de tu cuerpo, ese miembro morirá. Si voluntariamente continúas haciendo lo que Dios te ha prohibido, o continúas rebelándote y rehusando hacer lo que sabes que tienes que hacer, la muerte vendrá con certeza. La vida en su plenitud depende de un contínuo fluir de la sangre; cualquier cosa que restrinja ese fluir, está restringiendo la vida.

Se acaba de hacer el descubrimiento del colesterol y ahora el tema del momento es acerca de esto: Este obstruye las arterias, y cuando las arterias son obstruidas o endurecidas, empiezan a ocurrir cosas terribles al cuerpo humano, acontecen ataques fulminantes y ataques al corazón. Estas cosas terribles comienzan a suceder porque la provisión de sangre es restringida a aquellos órganos que son afectados. Espiritualmente, la vida abundante que Jesús prometió, depende de un fluir contínuo y sin interferencias de la sangre de Cristo Jesús.

Cuando la muerte se hizo tan evidente en la iglesia de Corinto, el remedio de Pablo fue simple, “…limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu…” (2 Corintios 7: 1). ¿Cómo podemos hacer esto? Sólo cuando realísticamente tratamos con aquellas cosas que impiden el fluir de la sangre. Tenemos que predicar contra aquellas cosas que restringen el fluir de la Sangre si realmente deseamos esa vida abundante en forma personal y colectivamente como Iglesia. Necesitamos tratar con las cosas que se mencionan en Gálatas; Pablo las especifica muy claramente. Todas ellas restringen el fluir de la sangre; por eso, es de prioridad predicar esto. Ya sé que hay muchos que predican muchas tonterías que le quieren llamar amor y no quieren tratar con el pecado, pero en el libro de Gálatas 5: 19 están claramente escritas las cosas que obstruyen el fluir de la Sangre. Hemos indicado que cuando se obstruye el fluir de la sangre en forma natural, ocurren ataques severos incluyendo al corazón, y cosas horribles suceden. Si restringes o impides el fluir de la sangre en el cuerpo de Cristo, estás restringiendo la vida; se volverá impotente e ineficaz en sus esfuerzos en contra del diablo. Por esto necesitamos tratar con estas cosas. Aquí está la lista : “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas…”. Tenemos la responsabilidad de tratar con estas cosas si realmente queremos vida.

¿Qué es avivamiento? Es la vida, la vida de Dios fluyendo, y cuando permitimos estas cosas, especialmente que estén operando en un lugar espiritual, ellas restringen el fluir de la sangre, restringen la vida.

Hay momentos que estamos conscientes de nuestros errores y nos damos cuenta de ellos pero también hay cosas de las que no estamos conscientes. Dios no tolera ya la ignorancia; pero si nos arrepentimos rápidamente y nos arrepentimos de lo que conscientemente sabemos está mal, la sangre nos limpiará de lo inconsciente para que la comunión con el Padre no sea rota.

Cuando la Sangre obra en nuestra vida, la palabra de Dios entonces puede obrar, y mientras la Palabra obra en nuestra vida, el Espíritu Santo puede efectuar su trabajo de limpieza y regeneración. La limpieza de los tres son sinónimos: la Palabra no puede obrar a menos que la Sangre esté en operación, pues es imposible que la Palabra actúe aparte de la Sangre de una manera activa y operativa, y el Espíritu Santo no puede obrar aparte de la Sangre. Tampoco puede haber una operación de la Sangre sin el conocimiento de la Palabra y la obra del Espíritu Santo. Que Dios nos ayude a rendirnos a la limpieza y a la purificación de la Palabra. La Sangre entonces, se convierte en la respuesta cuando tú y yo la reconocemos. Mientras tratamos con aquellas cosas que conocemos conscientemente, entonces la sangre limpiará aquello que no conocemos y esto es lo que nos mantendrá en comunión. Pero nunca podremos crecer y extender esta vida hasta que aun estas cosas inconscientes sean llevadas a la luz y tratadas por el poder de la sangre; pero no pueden ser llevadas a la luz sin la predicación de la palabra de Dios. Mientras que fielmente proclamamos la verdad respecto a esas cosas que restringen el fluir de la sangre de Jesús en el cuerpo, son llevadas a la luz y expuestas por la palabra de Dios, entonces el Espíritu Santo y la Sangre pueden limpiarlas y sacarlas. Cuando esto ocurre, hay más lugar para una expansión de Cristo; el vaso está ensanchado con cada proceso de purificación de aquello que está ahí estorbando el fluir, el canal es ensanchado y hay un mayor fluir de vida. Esa es la razón por la cual Dios tiene que tratar con nosotros drásticamente, y por esto tienes que predicar la Palabra. Tenemos que ser fieles en tratar con asuntos como ese espíritu de falta de perdón en la Iglesia; algún hermano que tiene algo contra su hermano y tiene falta de perdón en su corazón, hace que el fluir de la sangre de Cristo quede bloqueado y se restrinja la vida. La sanidad entonces es negada a aquellos que deberían estar sanos, y la salvación es negada a quienes podrían ser salvos. Una de las declaraciones más tristes de la Biblia fue cuando el profeta Isaías habla de hijos que iban a nacer, pero que no había suficiente fuerza en Sión para dar a luz esos hijos. Yo veo eso todo el tiempo; se predica y se predica el Evangelio, mucha gente viene al altar, pero muy pocos de ellos regresan a la Iglesia; ¿qué ha pasado? fueron movidos por la Palabra, vieron su condición de perdidos y vinieron al altar, pero no hubo suficiente fuerza o vida para dar a luz. ¿Por qué fue tan débil? Porque hubo restricción de ese fluir de la sangre, ese fluir de vida, y no hubo suficiente fuerza para darlos a luz para entrar en el Reino de Dios. ¡Esta es una acusación contra la Iglesia! Debemos saber, como predicadores del evangelio de Cristo, que ésta es una acusación contra nosotros, más que contra cualquier otro. La acusación es que la Iglesia está débil, está anémica, porque tú y yo hemos fallado en tratar con esas cosas que restringen ese fluir de vida, ese fluir de sangre. Esa limpieza no pudo ocurrir porque no predicamos lo correcto, por lo tanto la vida ha sido restringida. La Iglesia ha sufrido un ataque espiritual y no puede estar de pie contra las obras del enemigo.

Hemos permitido que este espíritu de incredulidad se quede ahí sin ser tratado como debe ser; hemos permitido que el espíritu de codicia esté ahí sin apoyar la obra de Dios, sin dar a Dios; no entregan diezmos y ofrendas, pero aún así les permitimos que se sientan cómodos en la Iglesia sin reprenderlos con la palabra de Dios. Como resultado de todo esto hemos restringido el fluir de la vida y las vidas que vienen a los altares no llegan a entrar al Reino de Dios. ¡Claro!, mantenemos a algunos de ellos muy calientitos con la religión y con algunos juegos que los entretienen, pero el mismo hecho que no quieren venir a la Iglesia nos demuestra que son sólo cizaña; nunca han nacido de Dios. Cuando no predicamos el evangelio fielmente entonces esas cosas en el cuerpo que restringen pueden sentarse muy cómodamente, y la vida no puede fluir.

Cuando leemos en la Biblia donde los problemas han llegado, la vida se ha perdido y el significado original se ha ido, Dios siempre echa la culpa de esto al pastor. El pastor es responsable ante Dios, y si no predicamos la Palabra para que la sangre pueda fluir y el Espíritu Santo pueda obrar, entonces la regeneración de la que hablamos no puede llevarse a cabo, porque el cuerpo está débil y anémico debido a la falta de vida.

 

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