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Lección 12.- La Cruz

Lección 12.- La Cruz

Leemos en Santiago 1: 18, “El, de su voluntad nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”.

1 Corintios 15: 20, “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”.

1 Corintios 1: 18, “Porque la palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

Colosenses 1: 20, dice, “…y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están el los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su Cruz”.

Mateo 16: 24, “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame”.

Cuando leemos todo esto y lo unimos, podemos comprender lo que está sucediendo. Tú y yo, los hijos de Dios, estamos invitados a ser parte de las primicias. Las primicias son la parte más dulce y suave de toda la fruta. De acuerdo con 1 Corintios 15: 20, Jesús es primicia de todos los que murieron. El vino primero. El entregar las primicias en el Antiguo Testamento, era el mecer esas frutas delante del Señor como la promesa del que iba a venir, que era Cristo (ofreciendo el sacrificio). Ellos mecían esas primicias delante de Dios, y esto era sólo testimonio de la cosecha que estaba por venir. Hay mucho más por cosechar allá afuera, pero simbólicamente estaba hablando de que Cristo venía. Pablo escribió que Cristo era las primicias; ahora, entendamos que El era las primicias, y de esas primicias ha salido la cosecha que somos nosotros. Entonces El es las primicias de los que resucitaron de los muertos, y luego había un tipo de la cosecha por venir, así como cuando mecían las primicias de la cosecha del Antiguo Testamento indicando que iban a tener una cosecha. Significaba que hay mucho más por recoger. El sacerdote del Antiguo Testamento tuvo el privilegio de comer estas primicias. Nosotros que tenemos el privilegio de ser esas primicias que van a ser mecidas, que van a ir delante (esto es que somos invitados a ir primero), estos primeros deben morir, siempre. Ellos iban y cortaban ese primer grupo a ser mecido, salían y lo cortaban; tenía que morir. Nosotros que hemos sido invitados a ser este primer movimiento, somos invitados a morir; si aceptamos la invitación para ser los primeros, nosotros con toda seguridad comeremos de las primicias. Lo que saboreamos será más dulce que lo que saborean otros. Debemos saber que no puede haber fruto en nuestra vida hasta que entendamos la muerte de Jesús, y nuestra propia muerte.

De todos los mensajes sobre avivamiento que estamos tratando, éste, tanto como los otros debe quedar grabado en tu corazón y no sólo en tu mente. Las primicias son producidas a través de la Cruz de Cristo y la maravilla de su Resurrección. Para que seamos las primicias hay una invitación a vivir en la Cruz. El compartir la gloria de Cristo es compartir los sufrimientos de Cristo (1 Corintios 1: 23 y 25). En la Cruz tenemos todo: Aquello que produce fruto, y trae vida de la muerte, trae sabiduría, y produce el poder que vence al mundo.

El verdadero avivamiento sólo llega a la gente, y a través de la gente, que entiende el sufrimiento y está dispuesta a llevar la Cruz. Somos invitados a ser las primicias, somos invitados a comer esas primicias, pero debemos entender que en el Antiguo Testamento salían y reunían a las primicias de las cosechas y venían y la mecían delante de la gente. El sacerdote lo hacía y podía comer de ella; esta fruta era de él, lo mejor de la cosecha, lo primero era de él. Pero él entendía que esas primicias tenían que morir, como testimonio que habrían de venir más. Cristo como las primicias tenía que morir. En su Resurrección venía el resto de su cosecha. Si tú y yo estamos orando por avivamiento, puedes estar seguro que esto será una parte de esto. Si reinamos con El, sufriremos con El. Si queremos participar de esas primicias, significa que debemos de morir. En Lucas 22: 42 dice, “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”; ese es el testimonio.

Pablo dijo, “Y si Cristo no resucitó, vana es…vuestra fe” (1 Corintios 15: 14). Sin muerte no puede haber resurrección. En Getsemaní Jesús estaba abrumado de dolor. No sabemos cuánto tiempo estuvo en ese estado, quizás largo tiempo. La Biblia dice que los discípulos se quedaron dormidos. Estuvo en agonía tres veces, y esto significaba que El estaba diciendo: “¿Realmente voy a hacer lo que el Padre quiere que haga?”

Puedes estar seguro que El sabía cuál era el costo, El lo sabía, El nació para morir. El Pasó por esta agonía tres veces y quería decir: ¿Voy realmente a hacer lo que el Padre quiere que haga? Nosotros también debemos enfrentar nuestro Getsemaní. Si permites que la cruz de Cristo obre en tí, tu alma llegará a un punto donde se va a sobrecoger de dolor: enfrentarás una decisión que te va a costar todo para poder obedecerla. Ya hemos visto y hablado de esto, pero es necesario enfatizarlo mucho. Si quieres ser parte de los pocos que son escogidos, vas a tener que llegar a un punto donde necesitas tomar una decisión que significa que te va a costar todo para poder obedecer.

Así es como Dios nos invita a que lo hagamos conocer al mundo. Vivir en la Cruz es seguir muriendo hasta que haya resurrección. La vida emerge de la muerte (2 Corintios 4: 12). La meta de Jesús era morir; esta es la razón por la que El vino. Yo tenía la sentencia de muerte sobre mí, había roto la ley, esta ley dice que tengo que morir y no puede ser abrogada. Jesús vino a morir en mi lugar; sus amigos le rogaron que ese día no fuera a Jerusalén. Ellos sabían que Herodes deseaba matarlo. Pero su respuesta a aquellos que lo amaban fue: “…Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lucas 13: 32-33). Todo el camino de Su vida apuntaba hacia la muerte. El vivió para ir a la cruz, todo el camino de Su vida apuntaba a esto; Su último objetivo era morir. La resurrección era la responsabilidad del Padre, pero Jesús escogió la muerte.

El dijo: “Yo tengo autoridad para dar mi vida”. El escogió morir, y dejó la Resurrección en las manos del Padre. Puedes ver que tenemos Señales y Prodigios, y el poderoso evangelismo que está por cosechar a las naciones. El Padre hará esto para agradarle a El, si tú y yo escogemos morir. Esta es nuestra parte. Si escogemos morir, Dios asegurará que esas señales y prodigios y el evangelismo poderoso están ahí. Esto será una gran realidad. Nosotros elegimos morir y Dios efectua la Resurrección. Entonces Dios nos está llevando en esta dirección.

En Mateo 10: 32-33 “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 10: 34-38, “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su Padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o a madre más que a mí; el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí; Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.

Si escoges morir, Dios se hace cargo de la resurrección. Hay una diferencia fundamental entre la apelación de un movimiento de masa y la apelación de una organización práctica. La organización práctica, religiosa u otra, ofrece la oportunidad para un auto avance. Apela principalmente a un interés propio. El cristianismo se ha reducido a esto. Muchos apelan a la codicia, pero la apelación del Cristianismo, o más bien de Cristo, particularmente en su fase de avivamiento, es para aquellos que buscan ser libres de un “yo” no deseado, para aquellos que van a escoger la muerte. Todos los movimientos de masa atraen y mantienen una adhesión, no porque esto pueda satisfacer el deseo de un avance personal, sino porque puede satisfacer la pasión para la auto renuncia. Los pobres le escucharon con gusto. La gente que ve sus vidas arruinadas, no puede encontrar un propósito que valga la pena en el auto avance. El evangelio está tan estructurado, que cuando es proclamado fielmente, lleva al hombre al punto de verse a sí mismo tal como es. Para tales personas el proyecto de tener una carrera no puede entusiasmarles como para que hagan un gran esfuerzo, ni tampoco evoca en ellos la fe, ni una dedicación exclusiva. Su deseo más profundo es tener una nueva vida, un renacimiento, un sentido de dignidad, y un propósito de identificación con una causa santa. Es aquí donde la gente hace su elección: escoge la muerte y deja la resurrección al Padre. Una Iglesia activa, centrada en la Biblia y llena del Espíritu Santo ofrece oportunidades para ambos.

Es verdad que entre los adherentes antiguos de un movimiento de masa, también hay aventureros, Jesús los tuvo, que se unieron por sus intereses egoístas; Ananías y Safira son dos de estos casos. Cuando un movimiento de avivamiento comienza a traer gente que está interesada en sus propias carreras, entonces es una señal que el avivamiento ha pasado su etapa vigorosa. Ya no está comprometido en formar un nuevo mundo, sino que está interesado en poseer y preservar el presente. Deja de ser un movimiento y se convierte en una empresa. Cuanto más puestos y oficios tiene que manejar un movimiento, más gente inferior atraerá. Cuando esto pasa, la misión de tal movimiento ya terminó.

La fe en Dios y su reino debe llenar el vacío creado por la fe perdida en nosotros mismos. Es aquí que podemos escoger morir. Cuanto menos un hombre tenga razón para reclamar su propia excelencia, entonces tanto más atribuirá la excelencia a su Dios y la causa. La convicción ardiente en que tenemos un deber santo hacia otros, es una fuerza de impulso en una Iglesia con avivamiento; saca esta convicción y la Iglesia hará trincheras, así como Israel cuando David los encontró enfrentando a Goliat. Una de las más potentes atracciones y apelaciones del Evangelio es ofrecer un sustituto para la esperanza individual. Cuando nuestros intereses y proyectos individuales no parecen que valen la pena, estamos en una necesidad desesperada de algo aparte de nosotros mismos por lo cual vivir. El Evangelio en su sentido verdadero, les da a hombres y mujeres tal esperanza. Cuando una persona o una sociedad están maduras para la apelación de Dios, están también maduras para cualquier otra apelación de masas (los Hari-Krisna, el comunismo, etc); por tanto, todas las formas de auto dedicación, devoción, lealtad y auto sometimiento, son en esencia un asidero desesperado a algo que va a dar sentido a nuestras vidas que estaban arruinadas y sin valor.

Por esto, la impresión de un sustituto necesariamente va a ser apasionado y extremo. Podemos tener una fe calificada en nosotros mismos, pero la fe que tenemos en Dios y su causa tiene que ser extravagante y sin desvíos. Un sustituto que es abrazado con moderación, no puede suplantar y anular el “yo” que queremos crucificar. No podemos estar seguros que tenemos algo que valga la pena por lo cual vivir, a menos que estemos preparados a morir por ello. Cuando esta disposición para morir es evidente en nosotros, a otros les muestra que este es el camino verdadero. Cuando yo veo esto en mí mismo y otros lo pueden ver, es evidente que he llegado al punto que he escogido morir. Algunos de los antiguos Apóstoles, “…menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12: 11). La Biblia nos habla de ser liberados del temor de la muerte en la cual ellos estuvieron atados toda su vida. Ningún hombre es libre hasta que sea liberado de las ataduras del temor a la muerte. ¿Quiénes son los candidatos que más fácilmente entrarán en un mover de Dios, o en cualquier apelación de movimientos de masas? Hay una tendencia a juzgar una raza, una nación, o una Iglesia por sus miembros menos indignos. Aunque esto es incorrecto, esta tendencia tiene algo de justificación, porque el carácter y destino de un grupo está determinado con frecuencia por sus elementos inferiores.

La masa inerte de una nación por ejemplo es la clase media, el promedio de gente decente. Ellos hacen el trabajo, pagan los impuestos, trabajan y son formados por los medios en ambos lados, el mejor y el peor. La persona de nivel superior juega un amplio rol en formar una nación, pero igualmente las personas en el otro extremo. Los fracasados, desadaptados, rechazados, criminales, todos aquellos que han perdido sus fundamentos o que nunca los tuvieron, según los niveles de lo que se considera una humanidad respetable. Un juego de la historia lo juegan usualmente los mejores y los peores, y se juega sobre las cabezas de la mayoría en el medio. La razón por la que los elementos inferiores de una nación pueden ejercer más bien una marcada influencia en ella, es porque ellos están totalmente sin reverencia por el presente. La marca de un verdadero creyente es aquella persona que está dispuesta a sacrificar el presente por el futuro. Cuando no tenemos fe aquí, excepto la voluntad de Dios, entonces nos convertimos en los mejores candidatos para ser parte de lo que Dios está haciendo. Estas personas buscan perder sus vidas arruinadas en una acción espectacular, y son todos convertidos potenciales a cualquier movimiento que les ofrezca esperanza. Los descartados y rechazados son con frecuencia la materia prima para un mover poderoso de Dios. La piedra que los edificadores rechazaron ha venido a ser la piedra del ángulo de un nuevo mover. No es la ironía de la historia que los indeseados en los países de Europa cruzaron una nación para construir un nuevo mundo en los Estados Unidos: solamente ellos pudieron hacerlo, sólo ellos. Es a tí y a mí a quien Dios apela, El nos dice, dame tu vida; si tú amas tu vida, la perderás, pero si la aborreces, para vida eterna la guardarás. Tenemos que estar descontentos, pero tiene que haber esta fe extravagante en Dios, para que estemos dispuestos a sacrificarnos y darnos totalmente por esta causa, para que podamos ser parte de ella. “…menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12: 11).

Dios nos haga este tipo de personas; que podamos sacudir esta tierra con el evangelio de Cristo. Confío que Dios nos va a dar aquello que nos falta y nos va a liberar de lo que debe desaparecer. Nosotros somos los instrumentos que Dios desea usar para recoger la cosecha de la tierra antes que El venga.

 

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