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Lección 6.- Aventuras De La Fe

Lección 6.- Aventuras De La Fe

 

Ya reconocemos que sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios debe creer que Dios es . Podrás entender la importancia que este capítulo tiene para tí y para mí.

Vemos en el libro de Génesis 12: 1 lo siguiente: “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Luego, en el libro de Mateo 14: 25-29 dice, “Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús”.

Para conocer algo de la fe y realidad, tenemos que llevar una vida de riesgos. La seguridad de la barca religiosa tiene que ser abandonada. Debemos salir más allá de los marcos religiosos, convenciones y tradicionales, más allá de cualquier límite que haya puesto la religión para salvaguardarse. Dios dijo a Abraham, “vete, y deja todo y yo te daré una tierra” (Parafraseando). Toda esta situación exigía una fe que retaba a un hombre de 75 años a dejarlo todo. Para conocer y experimentar a Dios, Dios demanda una fe que se atreva a actuar. En Mateo 14, los apóstoles se encontraban en una tormenta. Cuando ellos habían perdido toda esperanza, Jesús vino a ellos caminando sobre las aguas. Los discípulos pensaron que era un fantasma y tuvieron miedo pero luego Jesús les habló y les dijo: “Soy Yo”. Esa voz (la palabra de Dios) conmovió el alma de Pedro; “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”, “Permíteme caminar sobre las aguas”. El testimonio que caracterizó a este pescador fue que se movió rápidamente obedeciendo el impulso del Espíritu. Ahora, Pedro pudo haber cerrado sus ojos, y rehusar a mirar la tormenta. Como las iglesias en estos tiempos, él podría haber rehusado a mirar el problema.

Nosotros podemos organizar nuestros comités, hacer planes, pero hasta que estemos dispuestos a salir de la barca, desafiando esta situación, nada va a suceder. La Iglesia fue establecida en medio de un mar de gente con dificultades para llevar un mensaje de esperanza. Ella ha sido puesta ahí, para mostrar al hombre y a la mujer la salida. Pero la Iglesia se inclina siempre a encerrarse en sí misma, rehusando enfrentar el desafío. Ella carece de un espíritu de aventura, ella siempre tiende a moverse dentro de su seguridad. Esta es la tragedia de nuestro tiempo. Pedro pudo haber rehusado a mirar la situación. El reconoció que Cristo no se esconde detrás de las tradiciones estériles, ni de las doctrinas religiosas. Cristo está siempre en medio de la situación.

Cristo vino a traer fuego a la tierra y tú no lo encontrarás a El escondiéndose detrás de las paredes de la Iglesia ó entre las páginas de la Biblia. Cristo está siempre allí en medio de la tormenta llamando a la Iglesia a salir y a retar al enemigo donde quiera que se encuentre. Ese es el desafío de la fe. Es muy fácil para tí y para mí rehusar enfrentarnos a la realidad. Incluso cuando testificamos, lo que hacemos es simplemente invitar a la gente a nuestra Iglesia. Nosotros jugamos sin riesgo.

Un predicador puede sentir el llamado de Dios, sin embargo vive su vida diciendo: “Cuando las cuentas estén pagadas, cuando los niños crezcan, yo voy a responder al llamado”. Permíteme decirte que así tú no irás a ningún lugar. Cuando Dios habla, nosotros salimos de la barca y enfrentamos la realidad. La fe es obediencia inmediata. El no se detuvo argumentando tratando de ver si podrían o no, era simplemente hacer lo que El ordenó. “…Manda que yo vaya a tí sobre las aguas”. Este es un corazón que clama por la realidad, y a ese clamor Jesús respondió, “Ven, Ven”. Los predicadores sólo han enfocado el hecho de que Pedro se hundió, pero ese no es el mensaje. El caminó sobre las aguas, él fue más allá de un libro de oraciones. Es así como Dios se encuentra con el hombre. Pedro rehusó esconderse detrás de su temor. Esto caracterizó el ministerio de ese pescador más que todo. Ahora, él pudo haber escogido no arriesgarse.

Muchos predicadores cuando oran por un enfermo tienen mucho cuidado con sus palabras y sus acciones, para no ser culpados si éste no sana. Bien, si estás tú con miedo de ser culpado, tú nunca vas a ver a nadie ser sanado. El dijo: “pongan sus manos sobre los enfermos, y ellos sanarán” (Parafraseando). Yo no tengo que disculparme por ello. Muchos predicadores dan tanto crédito al doctor, que tú te preguntas por qué no mandan a la gente al hospital desde el principio. Yo no estoy menospreciando la medicina, pero este Libro me enseña la sanidad divina. Yo no conozco nada acerca de la medicina, pero si sé que Jesús sana. Nosotros podemos proclamar esta verdad con denuedo y desafiar al hombre a creerlo, o podemos vivir sin riesgo y no desafiar a nadie. Pedro negó intimidarse. Nunca antes se había registrado que alguien se había sanado con la sombra de algún hombre. Esta situación no impuso problema para el pescador. El no temió ir más allá de lo convencional. Míralo después de Pentecostés, en su camino al templo a la hora de la oración. Aquí encuentra un hombre, con mas de 40 años, el cual se sentaba a la entrada del templo, mendigando a aquellos que pasaban por ahí. Pedro y Juan pasaban por ahí. El pescador le dijo a él : “No tengo plata ni oro, pero tengo algo. Yo lo conseguí ayer en el aposento alto; lo que tengo te doy” (Parafraseando). Y ahora el hombre inválido por 40 años estaba saltando, gritando y glorificando a Dios, porque un hombre no tuvo temor de actuar.

Si la Iglesia va a sanar a los enfermos y va a levantar a los muertos ella tendrá que avanzar más allá de la mera doctrina de la sanidad. No es suficiente decir: “En el nombre de Jesús “; tiene que tomar y poner de pie al paralítico. Dios nunca obra hasta que el hombre se arriesgue al punto que Dios sea su única justificación de estar allí.

Cuando Pedro entró al cuarto de Dorcas (una noble mujer), todos los que se encontraban en el pasillo, estaban lamentando, orando, y contándole a él lo buena que ella fue. Pero él dijo, “no es por lástima, ni para recordar lo que ella fue, no es por esto por que me encuentro acá”. Pedro entró, y no dijo “En el nombre de Jesucristo”, sino que dijo: “Tabita levántate”. En su lugar el habló por Jesús y le habló con denuedo. Míralo en el altar, donde Ananías y Safira llegaron con su mentira. El intervino en esa situación, y los hipócritas cayeron muertos, porque este hombre pudo hablar por Dios.

La primera Iglesia oró por denuedo. Ello no significa que sólo levantaron su voz en oración. Su denuedo fue: “concede a tus siervos el poder para sanar y levantar muertos”. Y ahora a través del Santo Hijo Jesús estas cosa sucederán; este es el denuedo por el cual El quiere que oremos. Esto no es un denuedo simplemente para invitar a la gente a la Iglesia, sino es un denuedo para orar. Nosotros deseamos hacer las cosas en el nombre de Jesús como la Biblia lo dice; esto es denuedo; la Biblia dice: “Dios llenó el lugar con el Espíritu Santo”.

Nada funciona cuando tú obras con temor. Tenemos que pasar mas allá del temor. Después de haber sido azotados, ellos oraron no por liberación, sino por denuedo. ¡Piénsalo!, nuestro problema es la escasez del Espíritu Santo. Para nosotros quienes padecemos de esto, es la escasez del denuedo del Espíritu Santo lo que nos ha dejado casi desvalidos en esta batalla para el Señor. Esto nos ha rebajado al punto de ser apologéticos con lo que creemos. Hemos llegado a tal punto que lo creemos sólo con la cabeza, y ya no con el corazón.

El evangelista Wigglesworth en uno de sus libros, dio testimonio de una mujer que vino a uno de sus cultos. El notó que ella estaba maltratada, y cuando pasó para que orasen por ella, estaba amoratada y le contó que su problema era su esposo, quien era un alcohólico; que cuando regresaba a casa borracho, la golpeaba, y luego quedaba privado en su cama. Luego que acabó de contarle su problema, el hombre de Dios oró por ella e imponiendo manos fue llenada de nuevo del Espíritu y comenzó a hablar en un lenguaje angelical. Y el señor Wigglesworth le dijo: “¿Esto te sucede a menudo?” y ella respondió : “Sí, cada vez que genuinamente oro”. El le dijo entonces: “Aquí está la respuesta; cuando él regrese borracho a casa y empiece a gritarte y a maltratarte, y luego se prive en cama, entonces arrodíllate a su lado y ora hasta que el Espíritu Santo venga sobre tí y expulsa al demonio fuera de él.”

La siguiente noche en el servicio ella regresó para contarle todo al hombre de Dios, diciendo: “Llegó anoche tan borracho, que cuando empezó a maldecirme y a abofetearme, cayó rápidamente privado en la cama y yo hice lo que usted me aconsejó. Me arrodillé allí y empecé a alabar a Dios y el Espíritu Santo empezó a fluir y cuando puse mis manos sobre él, él fue expulsado de la cama y mi marido se levantó sobresaltado y me dijo: ¿Mujer, qué haces?”. Y él la miró; estaba allí una mujer flaca, débil, pequeña y acabada, que ni siquiera llegaba a 50 kg. enfrente de un hombre de 100 kg; él supo que ella no lo había hecho. Y ella continuó hablando en lenguas y él cayó de rodillas arrepintiéndose y ahí estaba con ella en el servicio de esa noche.

¡La Fe demanda un espíritu aventurero! Atrévete a creer a Dios. El hará lo que dijo que haría. Dios no hace acepción de personas. Cuando tú y yo creemos lo suficiente para obrar lo que Dios dice, entonces hallaremos que Dios obrará.

Cuando tú eres nacido de nuevo, la Biblia dice: “por gracia eres salvo, por medio de la fe, y esto no es tuyo sino que es de Dios” (Parafraseando). Y ahora descubrimos que si yo soy nacido de nuevo, entonces no es un asunto de tener fe. Tú tienes fe, sino, no podrías ser hijo de Dios. Yo no estoy hablando del don de la fe, que es un producto según el capítulo 12 de 1 de Corintios, sino que estoy hablando acerca de la fe que está en mí. Cuando nací de nuevo, cuando me arrepentí, el regalo de la fe vino, para que creyese; entonces yo tengo fe. El hecho que soy nacido de nuevo declara que yo tengo la misma fe que tuvo Pedro cuando levantó al hombre paralítico de su estado. Es la misma fe que estuvo en Elías cuando dividió las aguas del Jordán. La Biblia dice que él era un hombre sujeto a pasiones igual que nosotros. Ellos podían dudar, podían temer, por eso puedes ver a Elías tan desanimado que se ocultó en una cueva. Sin embargo, éste es el hombre que detuvo la lluvia del cielo y más tarde la reinició. Un hombre igual que tú. El lo hizo por la fe de Dios que estaba en él, y si tú eres nacido de nuevo tu posees la misma fe que estuvo en Elías.

La prueba es, cuando me enfrento a esas situaciones, ¿daré lugar a mi temor o daré lugar a la fe? Siempre esto será la prueba. Pedro pudo haberse escondido o rechazado salir del bote. Su temor lo pudo haber detenido. Recuerda que tú y yo nunca avanzaremos más allá si tenemos temores frente a una situación imposible. Nunca habrá un tiempo en la vida del hombre o la mujer cuando, al enfrentarse a lo imposible, el miedo y la carne no tratará de dominarlos, pero la diferencia entre los hombres de la Biblia y la mayoría de nosotros, es que ellos rehusaron hacer caso a ese temor, y se levantaron del lado de la fe. Podemos ver al hombre de la mano seca; él está allí en la presencia de una gran asamblea y Jesús le dice: “Extiende tu mano”. Tenemos este hombre delante de una gran audiencia de personas prejuiciosas de Cristo, que no creen en primer lugar que El debe sanar. Aquí está delante de todos esos sacerdotes, y a él se le ordenó hacer algo que nunca lo había podido hacer en toda su vida. Su mano tenía un defecto de nacimiento, él nunca la había extendido. Y Cristo le dice: “Extiende tu mano”. En la otra oreja vino la voz del “yo” y del diablo que le decía : “Tú no puedes hacer esto, nunca lo has hecho”. O él va a hacer caso a ese temor y duda, o hará caso a lo que Cristo le dijo. Y la Biblia dice que actuó en fe en vez de actuar en temor, extendiendo su mano. Esto es una aventura de fe; la Biblia dice que esa mano fue completamente sana como la otra.

Santiago dijo de Elías era un hombre sujeto a pasiones como yo. Esto significa que fue nacido de mujer, que tenía en sí el mismo potencial de temer, la misma posibilidad de dudar, y la misma posibilidad de desanimarse como yo. Tenía las mismas pasiones que yo tengo. Dios le habló y le dijo que vaya y diga al Rey que no iba a llover más hasta que el profeta mandara que lloviera. Lo que él tenía que decirle al Rey, es que ni siquiera el rocío caería sobre alguna piedra. Ahora, siendo que él es un hombre como yo, yo sé lo que él experimentó en el trayecto. Y a cada paso que él daba, el diablo le susurraba al oído diciéndole: “Vas a llegar y dirás al Rey que no lloverá más, entonces vendrá un diluvio antes que tú salgas del palacio y quedarás como un necio. Lo mejor que puedes hacer ahora es regresar y ayunar sobre esto; no seas presumido, no te apures”.

Cuando Dios ya te ha hablado, es siempre un truco del diablo hacerte pensar que debes estudiar el asunto y lo pongas en oración de nuevo. Llega un momento cuando la oración se convierte en incredulidad. Quiero decir, una vez que Dios me ha dicho lo que tengo que hacer, y oro nuevamente sobre esto, ya es incredulidad, porque El ya me ha hablado. Dios le había hablado y el diablo le decía, “tu debes de orar nuevamente sobre esto”. Pero la diferencia entre Elías y la mayoría de personas fue que él nunca hizo caso al temor. El fue de frente al palacio y apuntó el dedo al Rey diciendo: “No volverá a llover acá hasta que yo diga la palabra”. Los cielos fueron cerrados porque un hombre se atrevió a cruzar los límites de la religión convencional. La religión convencional me dice que juegue a lo seguro para que no cruce el límite de la esfera humana. Pero la fe cruza los límites de la razón humana a la esfera divina, e ingresa al lugar donde todas las cosas son posibles. ¿Qué es la fe? Fe es una acción basada sobre una creencia, y lo único que Dios permitirá ser esa creencia es Su propia palabra y Su fidelidad a Su palabra. Fe es una acción basada sobre una creencia, apoyada por una confianza de acción continuada que dice: Si Dios lo dijo, El lo hará. Esto es lo que impulsa a los hombres a ir más allá de los límites de la razón humana. Y se encuentra en la esfera de Dios, fuera del bote religioso, en donde tu hallarás las grandes posibilidades.

Quizás tú vienes de levantar alguna iglesia, pero no marcha. Quizás tú irás a lugares como Perú, México, Venezuela donde quiera que sea. Quizás entrarás a pueblos, aldeas, o ciudades donde no hay ningún creyente, ni una iglesia, y vas a enfrentarte a lo imposible. Tu vas a tener un encuentro con la misma Bestia que Pablo confrontó cuando estuvo en Efeso. Te encontrarás con todo lo que causa temor, con todo lo que te pueda desanimar, pero si te mantienes firme en fe, aquello a lo cual Dios te ha llamado se realizará y sucederá. La fe demanda una acción, una acción mas allá de lo ordinario de la mente religiosa. Esto significa moverse más allá de la seguridad del bote religioso hacia la esfera donde si Dios no lo hace, estarás en problemas. Al leer la carta a los Hebreos encuentras dos palabras sobresalientes aquí. Una de ellas es la palabra “fe” (un capítulo entero está dedicado a ella), y la otra palabra es “celestial”. Tú puedes recorrer a través de este libro y contar las veces que son mencionadas la palabra “cielo”, “celestial”, las cuales son sinónimas.

Hablamos de estar en tierra celestial cuando sentimos escalofríos, cuando la piel se nos vuelve como piel de gallina y cuando estamos gritando y saltando. Pero yo te digo que estás en tierra celestial cuando el Mar Rojo está al frente, y los montes a ambos lados y el ejército que te quiere destruir está a tus espaldas, y no hay salida a menos que el cielo intervenga, ésto es tierra celestial y ésto es la base de fe. Este es el único lugar donde Dios puede mostrarse en forma real.

 

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