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Lección 6.- La Sangre, La Respuesta Para Todo

Lección 6.- La Sangre, La Respuesta Para Todo

 

En Hebreos 2: 14 dice, “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”.

“…Y ellos le han vencido…(al diablo) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12: 11).

“…porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59: 19).

Para el cuerpo natural y espiritual, Dios ha provisto lo necesario para cada crisis y casos de emergencia. Esta puede ser una de las más importantes lecciones que tú como predicador puedas entregar a cualquier congregación, “La Sangre, la respuesta para todo”.

Cuando aparece una crisis y el cuerpo tiene que reaccionar instantáneamente, entonces éste expulsa rápidamente dentro de la corriente sanguínea una sustancia llamada adrenalina que trae un cambio físico completo. Cuando la glándula suprarrenal es estimulada por algún peligro, entonces ella expulsa grandes cantidades de adrenalina dentro de la corriente sanguínea; en tales circunstancias, las personas han podido realizar tremendas hazañas que van más allá de su habilidad natural. Tenemos el caso de David con el oso y el león; él nos dice en el Libro de I Salmos que estaba cuidando a sus ovejas y un león vino a atacarlas y David pudo levantarse y matar a aquel león con sus manos. Luego vino un oso e igualmente lo mató.

Además de esta glándula suprarrenal, también está la glándula pituitaria; esta glándula es conocida como la glándula de la restauración: “El Espíritu Santo levantará bandera contra el enemigo.” En el cuerpo natural, cuando las cosas están normales, entonces estas dos glándulas, la suprarrenal y la pituitaria expulsan sólo las cantidades necesarias de estas secreciones, sólo expulsan pequeñas cantidades, pero en la hora de crisis hay una fuerza adicional. Cuando las cosas son normales en el cuerpo de Cristo , la sangre de Cristo también fluye en niveles normales, todo lo que se necesita es suplido por el Señor; mientras vivimos la vida cristiana normal, en el caminar diario de la vida, la Sangre fluye en sus niveles normales. Pero en tiempos de crisis, el Espíritu Santo levanta bandera contra el enemigo; cuando de repente aparecen cosas, o circunstancias difíciles, entonces el Espíritu Santo levanta Su bandera. Todo lo que pertenece a la vida y a la piedad está en la vida del Espíritu en el hombre. Por esto, la respuesta a todo está en la sangre de Jesús, por tanto, el Señor proveerá todos los recursos necesarios para enfrentar las crisis. ¡Oh, esto es una gran verdad! Lamentablemente algunas veces no comprendemos el significado profundo de todo esto, nuestra fe es obstaculizada y afectada; llegamos al punto de sólo decir y no creer estas cosas. Pero cuando hay un peligro mayor, ya sea espiritual o físico, que de alguna manera viene como una amenaza para el cuerpo, entonces el Espíritu Santo introduce grandes cantidades de adrenalina, llamada fe, dentro de la corriente sanguínea.

Te doy algunos ejemplos de esto: Acabamos de hablar de David con el oso y el león. Daniel, igualmente, cuando tuvo que enfrentar a los leones; y los tres jóvenes hebreos cuando estaban parados frente al horno de fuego. Estos tiempos peligrosos no eran momentos normales de caminar por fe, sino que el Señor ponía en ellos gran cantidad de fe para que pudieran perseverar y rehusar valientemente el desobedecer a Dios, aún cuando sus vidas estaban siendo amenazadas. ¿Te das cuenta que la fe, viene a ser la adrenalina de la sangre de Jesucristo, la cual es puesta por el Espíritu Santo? Todo esto, los dones de la fe, todo está en el Espíritu Santo, y para que esto sea una realidad en los tiempos de crisis, tiene que ser una realidad en nuestro diario caminar. Fe es vivir lo que creo, es levantarme cada día y caminar con Dios, significa leer la Biblia, orar, dar, obedecer lo que Dios me pide cada día, es caminar con el Señor en los momentos normales. Como en el caso de los jóvenes hebreos, cuando yo sea confrontado con ese horno de fuego, el Espíritu Santo de Dios va a dejar fluir en mí la fe que yo necesite para esa hora de crisis.

Alguien le preguntó al Pastor Moody, el gran evangelista, si pensaba que tenía fe para ser un mártir. El le dijo que no, porque Dios no le había demandado eso, “pero estoy seguro que si El me lo demanda, El me dará toda la fe necesaria para mantenerme firme ante tal circunstancia”. Cuando la situación lo está demandando, Dios envía a la corriente sanguínea, cantidades abundantes de amor, paz y gozo. La Iglesia necesita saber esto, necesitamos predicarlo, pero todo esto depende de nuestro caminar con Dios en los tiempos en que no hay crisis, entonces cuando hay crisis Dios proveerá dichos elementos.

Cuando el diablo viene con espíritus de depresión tratando de echarnos abajo, en ese momento clamamos al Señor y el Espíritu Santo enviará por la sangre de Jesús, cantidades abundantes de amor, gozo y paz. Cuando el peligro es orgullo, entonces recibiremos en la corriente sanguínea grandes cantidades de humildad y dominio propio. Cuando la amenaza es odio, ya sea directamente contra nosotros, o cuando se levanta en nosotros contra los otros, el amor de Dios es derramado en el corazón. Cuando el enemigo viene con amargura y envidia, el Espíritu Santo levanta bandera de amabilidad y gentileza. Todo está en la sangre de Jesús. Cuando caminamos en la luz como El está en la luz, entonces, la Sangre nos ayuda en la crisis. Pero el énfasis debe estar puesto una y otra vez, en que debemos caminar en la luz.

Me he dado cuenta que los grandes milagros de mi vida no han ocurrido en un culto de oración, sino cuando estoy simplemente caminando diariamente con Dios. Si yo sólo camino con Dios diariamente, guardando mi corazón, caminando con El y obedeciéndolo, cuando me levanto por las mañanas y hablo con El antes que con nadie más, lo amo, espero en El y hago lo que sé hacer, entonces cuando yo enfrente estos problemas, la fe estará ahí porque Dios la deja fluir.

Hace muchos años atrás, pedimos un préstamo al banco el cual a través de la compañía de seguros, me exigía un examen médico. Así que fui un viernes, y el doctor me revisó con mucho cuidado, me dijo que tendría los resultados la siguiente semana. Como tenía que salir el lunes a Atlanta, Georgia para predicar en una campaña, fui. Tenía que estar cinco días en esa campaña y mi esposa no fue conmigo. Y siempre que yo llegaba a un motel o donde sea que yo me quedara, siempre la llamaba. La llamé por lo tanto para decirle donde estaba y que había llegado bien. Cuando escuchó mi voz, comenzó a llorar; yo sabía que algo estaba mal por su llanto, así que le pregunté cuál era el problema; ella me dijo que el doctor había llamado, que debía volver inmediatamente a casa porque tenía una enfermedad muy seria al corazón. Para mí fue un shock terrible. Ella me dijo, “No hagas nada”; le dije, “Querida, tengo que predicar en esta campaña, para eso he venido”. Ella insistió que bajo ninguna circunstancia lo hiciera, “tienes que regresar”, me decía; le respondí, “No puedo hacer eso, no quiero tratarte de esta manera, pero iré a casa el sábado”. Así que me quedé, y prediqué esos días sin darle importancia a todo esto. Regresé el sábado y el lunes fui al doctor y me envió al Hospital Bautista. Me dijo que ellos me iban a hacer una prueba de esfuerzo y un electrocardiograma; para eso te colocan unos alambres y te hacen caminar sobre una máquina especial mientras verifican el estado de tu corazón. Cuando llegué ahí me dijeron que tenían que tomarme un electrocardiograma acostado, antes de pasar a la máquina de andar. Me acostaron y me tomaron un examen y me dijeron que en ninguna forma o de ninguna manera me iban a poner en la máquina de andar; “no te vamos a poner ahí”. “¿Por qué?” “¿Qué está mal?”. “Pregunta a tu doctor” me dijeron. Fui a mi doctor y le dije que no me querían hacer esa prueba y me dijo, “eso es lo que me temía”. Le pregunté qué tenía y por qué estaba ocurriendo todo esto. Entonces él sacó un electrocardiograma normal con sus latidos y lo puso en la pizarra. Me mostró los latidos y los bombeos de un corazón normal, y dijo, “eso es lo normal, y esos bombeos significan que hay un fluir de sangre pasando por ahí”. Entonces él puso el mío y tenía el latido seguido sin bombeo; el doctor me dijo, “no sé cómo es que usted está caminando y haciendo lo que está haciendo; este examen demuestra que está usted con una obstrucción de un 90 % o más, y no sé cómo puede estar caminando”. El me dijo, “le voy a dar un poco de valium que va a relajar estas arterias y le va ayudar. Pero esa no es la respuesta al problema”. Como sabemos, con este tipo de problemas lo que hacen es operarte. Yo sabía que no iba a tomar ningún valium; yo había orado por mucha gente para que sea libre de esto. El me dio la prescripción y bajé en el elevador, y cuando llegué al primer piso, arrugué la prescripción y la arrojé a la basura. Y en ese minuto yo supe que podía regresar, tomarme la prueba y que todo estaría bien. ¿Te das cuenta? En esa crisis no hubo crisis realmente; yo no me di cuenta, pero esa adrenalina de fe llegó a mí cuando yo enfrenté esta terrible situación, llegó en el momento preciso.

Seguí haciendo mi vida normal y cinco o seis años después, de acuerdo con mi esposa, decidí nuevamente hacerme un examen. Cuando el doctor Cherry terminó, le pregunté cómo estaba mi corazón, mi sangre, y él dijo, “nunca he visto un sistema vascular mejor en una persona de su edad”; Dios lo había hecho. Puedes ver que en medio de esa crisis, lo que El hizo fue enviar la adrenalina de fe que me hizo libre. Hay gran poder en la Sangre, nada puede levantarse contra ella, nada puede detener el poder que hay en la Sangre.

El Doctor Maxwell White en su libro, “El Poder de la Sangre”, cuenta cómo declara esa Sangre en contra de los demonios, contra las enfermedades y la muerte y ellos huyen, nada puede resistir cuando, en fe, la sangre de Jesús es aplicada. Yo lo creo, he encontrado que ese versículo es verdad, que dice, “y ellos le han vencido” ¿A quién han vencido? al dragón antiguo, el diablo. ¿Cómo? Por la Sangre del Cordero. Hay un gran poder en la Sangre, poder para la hora de crisis, poder cuando todo parece perdido; no nos van a vencer, invadir ni derrotar, somos más que vencedores, “ellos han vencido por medio de la Sangre del Cordero”.

Aun en los momentos que hemos sido derrotados, golpeados por Satanás, hay restauración en esta obra pituitaria, en esta obra de restauración hay propiciación para el pecado. La Sangre es restauración. David dijo, “…confortará mi alma…”. “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración…” (Tito 3: 5).

La palabra “regeneración” significa un acto mesiánico de restauración. ¿Qué está restaurando Dios? Todo lo que estaba perdido de acuerdo al profeta Joel (léelo en el libro de Joel). Todo lo que se había perdido está siendo restaurado. Y la restauración más importante es la que nos está haciendo volver a la imagen que se perdió en la caída; estamos siendo restaurados a Su imagen ahora mismo de una forma espiritual y moral. ¿Cómo ocurre eso? Los genes de Dios están en la sangre de Jesús, la célula genética del Señor Todopoderoso está obrando en nuestros miembros restaurándonos a Su imagen. Mientras caminamos en la luz, no dando voluntariamente lugar al pecado o al diablo, la sangre de Jesús está transformándonos más y más, revistiéndonos del Señor Jesucristo. La Sangre es vida y la vida de Dios está en ella, y mientras yo camino en la luz, Su vida reemplaza la mía. El me da gloria en lugar de cenizas, El me da oxígeno del Espíritu Santo que consume lo que aun queda del viejo hombre y la Sangre lava las cenizas. Su belleza, entonces, se refleja en mi persona, y El me da óleo de gozo en lugar de luto.

Cuando las aflicciones, las heridas de la vida, me presionan sin medida, su vida, su amor, gozo y paz, hacen que mi corazón este aún gozoso en la tormenta. El Espíritu Santo es el Espíritu de Vida en la Sangre de Jesús. La vida es la vida de Dios, y todo lo que El es, está en la Sangre. “En él (Jesús) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1: 4). La vida de Dios en Jesús como hombre, lo hizo ser luz en este mundo. Todo lo que Jesús el hombre, era e hizo, era la obra de la vida de Dios en Su sangre, y esa Sangre atraviesa por nuestras venas (espiritualmente hablando) con los genes de Dios, con las células genéticas del Dios Todopoderoso. Y mientras yo sigo caminando en la luz y esa sangre sigue fluyendo por mí, entonces estoy siendo transformado todo el tiempo. Quizás esto no sea tan visible para el hombre natural, pero moral y espiritualmente estoy siendo restaurado a esa imagen que se había perdido en la caída, y un día despertaré a Su semejanza. (Salmos 17:15)

El Doctor Billy Graham comentó la siguiente historia, creo que en uno de sus programas. Dos médicos habían nacido de nuevo en una cruzada, y cuando el doctor Graham los entrevistó les preguntó si creían en los milagros; dijeron que sí. El les dijo, “Ahora, ya sé que ustedes creen en los milagros, en el milagro del nuevo nacimiento cuando Dios te da a luz a tí y te conviertes en una nueva criatura, pero ahora estoy hablando de un milagro físico; supongamos que un hombre pierde una mano, ¿crees que Dios puede volverle a colocar esa mano nuevamente en su brazo?” Y la respuesta que esos doctores le dieron fue muy poco común, era sorprendente, y me hizo ver esta gran verdad sobre la sangre de Jesús. Ellos dijeron: “los genes, o las células genéticas que pusieron esa mano en el brazo, está aún en la corriente sanguínea, y sólo esperan la orden de un hombre o una mujer de fe, para poner esa mano de nuevo en su lugar.”

En la caída, el hombre perdió la imagen de Dios. Adán lo vendió todo, y su corriente sanguínea fue contaminada; se hizo mala, impía, inferior; la vida que estaba en Adán fue degradada. Podemos ver esta depravación en las obras de la carne que se encuentran en el quinto capítulo de Gálatas, versículo 19. Esta vida degradada en el hombre siempre le está llevando a esto, produciendo maldad en él, pero cuando nacemos de nuevo recibimos la sangre de Cristo, que es la vida del cuerpo espiritual. El Espíritu Santo es la vida de Dios. En esta SANGRE que es la vida de Dios y la vida del cuerpo físico, no hay contaminación. La Sangre es todo, y en ella están los genes y las células genéticas de Dios; cuando le permitimos a Dios fluir y caminamos en la luz como El está en luz, entonces hay restauración constante de la imagen de Cristo.

Con el Espíritu Santo recibimos la misma vida y la misma naturaleza que hizo a Jesús lo que El era como hombre. Con Su vida tenemos Su naturaleza que nos capacita para vivir sobre el pecado. Tenemos Su amor, y la capacidad para amar lo que nadie puede amar; tenemos Su fe y el poder para creer en lo increíble; tenemos Su mente y la habilidad para hacer Sus obras. Todo eso, todo está en la sangre de Jesús que comenzó a surgir en esta nueva creación cuando ella nació. La Sangre tiene los mismos genes y las células genéticas del Señor Todopoderoso fluyendo a través de esta nueva creación en todo momento, y esa glándula pituitaria, la glándula de la restauración, todo el tiempo está restaurándonos a la imagen de Jesucristo. Dios dice, “Somos predestinados” ¡Qué destino que tenemos! Somos predestinados para tener la misma imagen de Cristo, pero esa no es una lucha de la carne. Gracias a Dios por esta verdad. Esto no es algo que la carne pueda lograr, es sólo al andar en la luz.

La lucha está en quebrantar esta carnalidad de nuestro vaso de barro para caminar diariamente en esa luz, que es vida. Y mientras tú caminas en esa la luz, entonces permites que el proceso siga adelante; aunque sea algo inconsciente en tí, todo el tiempo esto se está llevando a cabo. Esta preciosa Sangre está restaurándote a la imagen de Jesucristo, pues tiene los genes del Todopoderoso en ella. Esa obra sigue avanzando todo el tiempo sin parar aunque no nos demos cuenta, si seguímos caminando en la luz como El está en luz.

Eso es santificación, es el principio de la vida, y como y la Sangre es vida, y El Espíritu es vida, ese principio trabaja progresivamente en nosotros, restaurándonos todo el tiempo a un solo fin, a la imagen de Jesucristo. La Sangre es la respuesta para todo.