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Lección 3.- La Obediencia De La Fe

Lección 3.- La Obediencia De La Fe

 

Realmente la fe es un don de Dios, y todo ser humano nacido de Dios tiene fe en su corazón. Es imposible ser salvo sin fe. Y como es un don de Dios, si has nacido de nuevo y tienes esta fe, es la misma que estuvo en Elías, Eliseo, Abraham, Moisés, Pedro, Santiago, Pablo y Juan; la misma fe que ha tenido todo hombre y mujer, niño y niña. Hemos visto entonces, que en su función, la fe tenía que levantarnos de la ruina. Levantar una raza arruinada, y ponerla en una nueva creación de Dios. Levantarnos de una condición de cáncer a un lugar de salud y sanidad. Liberarnos de la posesión demoníaca. Esta es la función de la fe. Y vimos como esta fe puede estar en nosotros y ser inactiva. Tenemos que tratar con esas cosas siempre, porque van a detener el fluir de esta fe. Cualquier cosa que detenga el fluir del Espíritu Santo restringe el río de agua viva, restringe la fe, porque la fe, es un producto del río, que es el Espíritu Santo.

Romanos 16: 26, dice: “Pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe”.

Las Escrituras, a través de los profetas, fueron dadas para que hagamos saber lo que Dios quiere, y la razón por la que lo hacemos, es para la obediencia de la fe. En otras palabras cuando tú sabes lo que Dios quiere que tú hagas y lo haces, esto es obediencia de la fe. La evangelización de las naciones depende de la obediencia cristiana a la fe. Todos los que se salvan, es porque alguien fue obediente a la fe. En tí y en todos nosotros, esto es algo cierto. La obediencia, entonces, a la fe, es esto: creer que la Biblia es Dios hablándonos, pues no podemos escuchar a las personas que dudan de la infalibilidad de la Palabra. No podemos estar junto a personas que rechazan la autoridad absoluta de la Palabra de Dios. Debemos llegar al punto donde creemos absolutamente que la Biblia es Dios hablando. Este es el primer paso en la obediencia a la fe. Pero el segundo paso es que debes hacer lo que Dios dice, porque la fe es vivir por la palabra de Dios.

Dios dice en Salmos 14: 1, “Dice el necio dice en su corazón: no hay Dios”. Pero Jesús dijo en los evangelios que, “el que escucha mi palabra, y no la hace, es un necio; es igual que ser un incrédulo, que un hombre sepa que le estoy hablando, y luego no hacer caso a lo que dije”, entonces dejemos que estas dos cosas queden grabadas desde el principio en tu corazón. La obediencia a la fe es, primeramente, creer que la Biblia es Dios hablando y luego hacerlo.

Así que la “creencia fácil” de la actual “confesión positiva”, ha hecho creer a la Iglesia y la gente que esa fe es algún tipo de fuerza impersonal a través de la cual el hombre puede manipular al Dios del cielo. El Padre del movimiento de la “mera confesión”, ha escrito un libro titulado, “Fe en tu fe”. Un maestro popular de la Biblia declara, “la palabra de Dios en tu boca produce una fuerza llamada fe”. La idea de una fuerza impersonal es atractiva, porque podemos usarla para nuestros propios fines. Esta enseñanza concerniente a la fe, pone al hombre en la misma clase con Dios. No es de sorprender entonces que muchos de estos así llamados maestros de la fe declaren que son Dios. Uno de ellos dijo, “Yo no estoy tratando ser como Dios, yo soy Dios”; Otro dijo, “todos nosotros somos pequeños dioses”. Enseñan que Dios opera por la ley de la fe, o que el hombre que tiene la fe de Dios, es como Dios. Dicen que Dios opera por la ley de la fe. ¡Qué ridículo!, como reducir a Dios a tal impotencia. Ellos dicen: “Ya que tenemos la fe de Dios, entonces somos como Dios”, y con esto viene la creencia que podemos manipular a Dios.

La primera gracia interna que la fe genuina produce, es la obediencia. En primer lugar, la fe produce una sumisión a Cristo y no una obsesión por el poder. David Wilkerson advertía, “Cristo es hecho un extraño en medio de nosotros cuando nosotros queremos Su poder, más que Su pureza”. ¿Esto es una realidad en tu vida? ¿Esto es una realidad en las personas a las que tú ministras? Si es así, nos hemos movido en la dirección equivocada. La fe es la raíz de la obediencia. Esto se ve claramente en la vida. Por ejemplo, tú vas al doctor, gastas tu dinero, te dice lo que debes hacer, te da la receta, te dice qué tomar y cuándo dejar de hacerlo. Si no obedeces y no haces lo que el médico te dice, entonces no puedes culparlo si no funciona. La fe que rehúsa obedecer los mandatos del Salvador es sólo de apariencia y nunca va a salvar el alma. ¡Nunca lo hará! La obediencia a Dios en los asuntos de la vida diaria es la prueba, y no podemos conocer realmente las Escrituras hasta que estemos dispuestos a ser cambiados por estas Escrituras. La debilidad de la Iglesia se debe a la falta de sincera intención de vivir de acuerdo con las oraciones que hacemos y la fe que profesamos; y la prueba de la fe, está en los asuntos diarios de la vida.

Cuando tú y yo hacemos lo contrario a estas cosas cada día, ya sean pequeñas o grandes, eso no importa. Hay dos opciones: rebelión contra Dios u obediencia a Dios. No importa lo insignificante que sea lo que Dios nos esté hablando, nuestra desobediencia voluntaria a eso, nos hace rebeldes contra Dios, pero nuestra obediencia voluntaria a esto, a lo que Dios nos haya llamado a hacer, nos pone en la clase de lo que la Biblia llama fe. La fidelidad a Dios es vivir por fe, lo cual demanda que yo viva lo que yo creo. Debido a la falta de la intención básica del creyente en rendirse totalmente a Cristo, la Iglesia hoy es un fraude abierto a los hombres, profesar sólo de labios esa fe, que una vez trastornó al mundo. Sólo Dios es digno de nuestra total confianza y obediencia. Y de eso es de lo que se trata la fe real. Sin la capacidad de confiar en Dios, no puede haber amor real a El. Tú confías en las personas a las que verdaderamente amas. Los matrimonios en donde un cónyuge siempre está sospechando del otro, no tienen amor. Ahí no hay amor. El amor implica confianza . Simplemente, confianza total. Al querer sujetar a Dios a las leyes cósmicas, “ciencia religiosa” o “confesión positiva”, se le reduce a una fuerza impersonal o principio. Esto hace a Dios un peón en nuestras manos. Esto no es fe, sino un intento de ser Dios.

La fe analizada incluye lo siguiente: Primero que nada, renuncia del “yo”. En la medida que tu meta sea obtener algo, estarás actuando en base a tu “yo”, y no en tu fe. Segundo, la fe nos da confianza en Dios, una confianza total, implícita en Dios. Todas las grandes obras de Dios han sido realizadas a través de hombres y mujeres débiles que dependieron totalmente en Dios. En tercer lugar, la fe verdadera implica el fin de la auto dependencia y el comienzo de una dependencia totalmente en otro. La fe siempre es en Dios, e inevitablemente resulta en obediencia a El y a Su palabra. Una fe que no nos guía a la obediencia, no es fe en ningún sentido. Es una presunción. “Si me amas, guardarás mis mandamientos”, es el primer pre-requisito de la fe. El amor y la obediencia son inseparables. No podemos tener uno sin el otro. Une esto: “Si me amas, guardarás mis mandamientos”, con “la fe obra por el amor”. Esa es la palabra de Dios. La fe guía a la obediencia. El amor guía a la obediencia. Amor, obediencia, fe, la palabra de Dios, el Espíritu de Dios, todos ellos son sinónimos. Están separados, pero si uno está ahí, el otro está ah también. Si amo a Dios, obedezco a Dios. Si obedezco a Dios, entonces estoy con toda certeza andando en la palabra de Dios. Si ando en la palabra de Dios en obediencia a Dios, entonces estoy andando en la fe de Dios, y si ando en la fe de Dios, ando en el Espíritu de Dios. Por medio de la palabra de Dios, Dios me habla. Si confío en El, entonces hago lo que El dice. La Palabra me dice, ” Traed los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa…” (Malaquías 3: 10). Sólo la falta de fe impide que una persona obedezca este mandato. Debido a la falta de fe que obra por el amor, Israel rehusó traer los diezmos a la Casa de Dios. La incredulidad nos lleva a eso. Dios hizo una pregunta. “¿Robará el hombre a Dios?; sí, vosotros me habéis robado”. ¿Cómo puede un hombre que profesa amar a Dios robarle? La respuesta es simple. ¡¡¡El no ama a Dios!!! Cualquiera que no trae los diezmos al alfolí de Dios, que es su Iglesia no ama a Dios (pues no es para los parientes, no es para enviar a algún programa religioso de la televisión, no es para enviar a un predicador de la televisión y no es dado a tus amigos). La casa de Dios es la iglesia donde tú adoras. Y si tú amas a Dios, tú lo traerás ahí donde El lo pide. Es tan simple como eso. Necesitamos enseñarlo en nuestras iglesias. Enseñarlo en amor.

Si amamos a Dios, entonces haremos lo que Dios dice. Y El dice en Proverbios 8: 17, “Yo amo a los que me aman…”. El amor de Dios no es condicional, ni tampoco es una cosa. El amor es lo que tú haces. Toda promesa hecha en la Biblia es precedida por un mandamiento. Dios dice, “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. Esa es una prueba de tu amor a Dios. Dios dice, “Si me amas , yo te amaré”. ¿Cómo hace El esto? Si lo amo guardando sus mandamientos, El me amará cumpliendo esa promesa. La desobediencia es una falta de confianza; es incredulidad. La incredulidad trae maldición. “Son malditos…” (Paráfrasis de Malaquías 3: 9). ¿Cuál es la razón? Es la incapacidad de amar a Dios. El amor no es mecánico. El amor viene a través de una relación edificada sobre la confianza. Jesús dijo, “No pueden servir a Dios y a las riquezas, porque odiarán a uno y servirán al otro, o servirán a uno y aborrecerán al otro”. La única razón por la que un hombre retiene su diezmo, es porque su dinero se ha convertido en su dios. El ama más el dinero que a Dios.

Cuando el joven rico vino a Jesús, El notó que era un joven bueno, lo amó. La Biblia dice que lo amó. Lo amó tanto que le hizo saber que estaba perdido. Entonces Jesús comenzó a tratar con él, y le presentó el problema. Le dijo, “Vende lo que tienes, dáselo a los pobres”. El era codicioso, y la Biblia dice que se fue muy triste porque tenía muchas posesiones. Esas posesiones eran su dios. Las amaba más que a Dios. Debes sacrificar eso a Dios, lo que sea tu dios, debes sacrificárselo al Señor.

Yo sé que Dios me habló en una oportunidad, en un momento muy específico de mi vida. Yo estaba en un avión tratando de descansar un poco, y una voz me habló en mi interior diciendo, “¿Quién es tu dios?” Y fue algo tan fuerte que me tuve que despertar. Y miré a mi alrededor, nadie me lo había dicho. Yo dije, “El Señor es mi Dios”. Luego esa voz me dijo: “¿Cómo lo sabes? Tus labios pueden decir muchas cosas con las que tu corazón no está de acuerdo”, y yo dije, “¿Cómo puede un hombre saberlo?” Y el Señor habló a mi corazón: “un hombre siempre va a sacrificar todo para, y por su Dios. Siempre”.

Dije que los cristianos en América no tienen Dios. Ellos realmente no se sacrifican para nadie. Ellos van a dar de sus obras pero no se van a sacrificar la mayoría de las veces. El dijo, “no hay nadie que sacrifique a su dios como el americano promedio llamado cristiano”. Yo dije, “no sé lo que me estás diciendo”, El dijo, “el ‘yo’ es su dios, y no hay sacrificio que no harían por su dios. Pídele a un hombre que me dé el 10% de sus ingresos aparte de sus diezmos, a las misiones y te va a decir que le estás pidiendo mucho. Pero sin embargo él va a gastar el 25% de sus ingresos en un carro nuevo que su ‘yo’ quiere. ¿Te das cuenta?, el ‘yo’, es su dios”. El hombre se va a sacrificar por su “yo”. Y cuando el hombre rehúsa dar su diezmo, hay sólo una respuesta. El no ama a Dios. Por las palabras de Jesús, el hombre que no apoya la obra de Dios, odia a Dios. Fue en compasión que El dijo, que si amamos a alguien, debemos decirle la verdad. Y si amas a Dios, tú harás lo que Dios dice. Es mucho más que simplemente no amar a Dios, es no confiar en Dios. Cuando él rehusa entregar lo que Dios le ha ordenado a Su casa, entonces ha llegado al punto que no sólo no ama a Dios, sino que no confia en El. Esto significa que esta persona ha llegado al punto en el que no conoce a Dios.

“Aquellos que conocen Mi nombre, pondrán su confianza en mí”( Paráfrasis de Salmos 9: 10). El nombre en la Biblia denota carácter. Sólo lee los nombres en la Biblia y vas a saberlo. Conocer a Dios, era conocer el carácter de Dios, y el salmista dijo, “si conocen tu carácter, si te conocen a tí, ellos confiarán en tí”; entonces, el no confiar en Dios, el no amarlo, significa que has llegado al punto en tu experiencia en donde realmente no conoces a Dios. ¿Sabes lo que eso significa? Esa persona está perdida. Estamos hablando de la fe; la fe que obra por el amor, que es obediencia, que confía en Dios; la fe no pregunta por qué. La fe obedece. Hace lo que se le dice. Dios dice que cuando tú haces esto, lo estás amando. Y si le amas, El también te amará. Hará lo que le pidas.

 

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