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La Escuela se trata de vida. Aunque el conocimiento acabado y la doctrina están incluidos en nuestro aprendizaje, éstos son nada sin la vida de Cristo manifestada en el creyente.

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Lección 4.- Viviendo Lo Imposible

Lección 4.- Viviendo Lo Imposible

 

Dios desea un pueblo del altar. El altar simplemente dice: “muerte” a todo aquello que no es El, puesto que Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente, es el único de quien Dios dice que tiene complacencia. Es para este fin que la Cruz está obrando, para conformarnos a la imagen del Hijo, reproduciendo en nosotros (con el tiempo), el carácter moral de Jesucristo.

En Génesis 3: 1-7 dice, “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.

No es difícil vivir la vida cristiana – Es imposible. Dios nos ha llamado, como ya he mencionado, a vivir la vida de otro (de Jesucristo). Ahora, esta vida y llamado pueden solamente ser realizados a Su manera y por Sus recursos. Adán enfrentó ese llamado imposible cuando se paró en la puerta de la elección. Habían dos caminos delante de Adán, representados por los dos árboles.

Todos desde la época de Adán han tenido que aprender que Dios no va a rendir Sus recursos hasta que los hombres hayan dejado todo lo que es natural. Cuando nosotros damos todo, entonces el milagro viene. Pero hasta que lo demos todo, vamos a estar dando vueltas continuamente. No hay término medio. El hombre , o va comer del Arbol de la ciencia del bien y del mal y llevar a cabo su propia voluntad, o del Arbol de la Vida y recibir los recursos infinitos de Dios para la realización del propósito de Dios. La ambiciosa filosofía de la vida no puede ser combinada con la vida divina de dar. Los ríos de agua viva expresan la dadivosidad de Dios en contraste al carácter posesivo del hombre. El hombre tiene que llegar al final de su camino y rendir todo lo que tiene delante de Dios, si desea que Dios le entregue Sus recursos. No hay término medio. Hay dos caminos, dos filosofías.

Ocupando la posición dominante en el Huerto, estaba el Arbol de la Vida. No había ninguna prohibición sobre el fruto. El nombre del árbol debió haberle hablado a Adán, pero él fue lento para entender. Mientras Adán se encontraba indeciso, Eva, con la ayuda de Satanás, se volvió a otro árbol, cuyo fruto Dios le había prohibido.

Este árbol representaba una vida de independencia, el camino de la ambición egoísta. La intención de Dios era que Adán y su familia hicieran una decisión moral. Aún es así hoy en día. Dios no quiere robots. Dios quiere que nosotros tomemos una decisión moral. ¿Qué es lo que nosotros queremos? Cualquiera que fuere el árbol que escojamos, ésa será la vida que vamos a desarrollar.

Estos dos árboles y sus mensajes están allí. Observemos. El Arbol de la Vida ilustra el camino de dar, una vida dedicada a Dios. Aquellos que participan de esta manera de vida están cumpliendo el propósito de Dios. Estas personas abrazan el estilo de vida del cielo – es decir, la cruz. Debido a que esta vida está siempre en dirección a Dios, está abierta a la participación completa de la vida de Cristo.

El Arbol de la Ciencia del bien y del mal es el camino para recibir y poseer; es aquí donde tú ves el ser posesivo, el ser ambicioso, y la codicia del ser humano sin Dios. Es una vida de independencia de Dios – es un camino que quiere usar a Dios, pero no estar en sumisión a Dios. ¡Oh, es la tragedia de la enseñanza del Cristianismo moderno, que Jesús puede ser el Salvador de un hombre, sin ser el Señor de ese hombre! Esto se ha dado vez tras vez, especialmente en la enseñanza neo-Pentecostés, que tú puedes tener a Cristo y simplemente agregarlo a lo que eres. Dios no agrega Su Cristo a nada. El Espíritu Santo no viene a compartir Su vida con la vida de nadie. Es una tragedia que en nuestro tiempo se enseñen estas cosas.

Cuando nuestros primeros padres participaron del fruto prohibido, una nueva idea de independencia se desarrolló en la mente del hombre. Se tocaron las emociones, porque el fruto fue agradable a la vista, creando un deseo. La mente con su poder razonador fue desarrollada, porque él fue hecho sabio. La voluntad fue fortalecida para que en el futuro él siempre pueda decidir por cuál camino ir; ya no había más dependencia total en Dios para recibir instrucción, pues el hombre se volvió independiente. Adán tenía que escoger entre vivir por el alma o por el Espíritu. Esa era la elección que tenía que hacer.

Al comprender el camino que Adán escogió, podemos ver cómo esto determinó su desarrollo. Debemos recordar que la intención de Dios era que Adán tuviera una unión viva con El, es decir, el espíritu humano estaría bajo el gobierno y dirección del Espíritu Santo. Las facultades del alma de Adán, la mente, las emociones y voluntad, serían usadas entonces por el Espíritu Santo; pero cuando Adán eligió actuar independientemente de Dios al comer del Arbol de la Ciencia, él eligió expandir y desarrollar los poderes de su alma. Por consiguiente, el hombre no era tan sólo un alma viviente, sino que de ahí en adelante el hombre viviría guiado por su alma.

En la caída, el hombre se convirtió en su totalidad en una criatura diferente. Cuando él cayó, su espíritu murió para con Dios. En esa caída, el espíritu de Adán fue tan violado, que descendió bajo la sumisión del alma, y se convirtió en una criatura gobernada por su alma, limitada a lo que él podía oler, ver, gustar, sentir y oír. En la caída, el espíritu humano, el cual había sido la vía de Dios para tener contacto con el hombre, ya no respondía más. Dios había dicho: “…el día que de él comieres ciertamente morirás” (Génesis 2: 17).

El pecado no solamente separó al hombre de Dios, sino que desligó al hombre de Aquel quien hubiera compartido Su vida divina con su espíritu humano. El espíritu del hombre murió para con Dios en vez de estar unido con El en una unión viva. La muerte es el no tener relación con el medio ambiente. Adán se apartó de su orientación espiritual.

La Biblia dice que para nosotros, los que hemos nacido de Dios, Dios es nuestro medio ambiente, porque en El vivimos, nos movemos y somos, y la muerte es el no tener relación con ese medio ambiente. En la caída, Adán se salió de ese medio ambiente; él no pudo tener ya más comunión con Dios. Dios solía salir y caminar con él, al aire del día, pero esto ya no era posible, porque antes de la caída, Adán era un ser espiritual. Dios es espíritu; la luz sólo se puede comunicar con la luz. Adán pecó y su espíritu murió. Así como el ojo está muerto cuando ya no responde más al objeto puesto delante de él, así el hombre está muerto para con Dios cuando él no responde a Dios. La elección de Adán y la elección de la nueva criatura es: vivir por el alma o por el Espíritu. Esa elección tiene que ser hecha cada día.

Los que somos nuevas criaturas estamos a prueba ahora para recibir nuestra herencia. La Biblia dice que: “…muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20: 16). El nuevo nacimiento nos llama a nosotros a este lugar, escogidos de Dios, a reinar con El en la eternidad, a sentarnos en el trono de este universo con Cristo. El dominio universal es la herencia del creyente. Nosotros estamos ahora en prueba para esto, y esta prueba está determinada por las elecciones que hagamos en la vida, ¿Permaneceré yo en Dios? o ¿Permaneceré yo en mí mismo?

Dios creó a Adán y le dio un alma. Su intención nunca fue que el alma reemplace al espíritu como el poder que da vida al hombre. Dios hizo así al hombre para que él siempre posea un alma, porque el alma tenía que ser el vehículo a través del cual el espíritu se expresara a sí mismo. Por lo tanto, el nuevo nacimiento es para establecer el mecanismo del hombre en el orden correcto, para que en lugar de vivir por los poderes del alma, el hombre tenga una unión espiritual con Dios y comience a vivir por su espíritu. Eso es lo que ocurre en el nuevo nacimiento.

La Biblia dice que nosotros hemos sido levantados de los muertos, es decir, el espíritu del hombre que murió en la caída, es resucitado en el nuevo nacimiento, e instantáneamente, la comunicación con Dios se restablece. El hombre puede ahora venir confiadamente al trono de la gracia por este camino nuevo y vivo. El está invitado ahí. Esta nueva creación es un ser espiritual, como ya hemos enseñado; por lo tanto, tiene acceso a Dios. Por consiguiente, Dios logra su intención de “formar hijos” lo cual significa expresar Su vida en seres humanos.

Con el nuevo nacimiento, Cristo viene a ser nuestra vida y no nos permitirá que sigamos Sus propósitos divinos en nuestras propias fuerzas. Nosotros no estamos llamados a la producción, sino a la participación de Su vida y propósito. Israel aprendió esta lección a través de 40 años vagando en el desierto. Cuando Dios los llamó para que fueran a Canaán, ellos vieron a las ciudades amuralladas y a los gigantes; esa conquista era imposible en sus propias fuerzas. Pero cuando volvieron, los muros de Jericó eran tan gruesos y tan altos como lo eran 40 años atrás; era todavía simplemente imposible en lo natural. Pero lo que era imposible vino a ser posible por la simple obediencia y confianza.

Mientras que la participación de Israel con el método de Dios los hizo ver ridículos ante la gente dentro de la ciudad, fue sin embargo la manera en que Israel aprendió el secreto de vivir en lo imposible. Cuando los muros cayeron, Israel no tuvo la menor idea cómo ocurrió. Israel no hizo que éstos cayeran. No cayeron por el grito de ellos, sino que aprendieron que por su participación en el plan de Dios para ese momento, lo imposible llegó a ser posible y aconteció. No puede haber ninguna participación, ni acercamiento o calificación hasta que aprendamos a vivir por Su vida. Es un intercambio de vida.

Vemos las palabras “tendrán nuevas” en Isaías 40: 31; dice, “Pero los que esperan a (en) Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. En esta Escritura, Isaías está hablando sobre una vida intercambiada. El habla acerca de: “Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas…”. Este es el secreto, pues en realidad dice: “intercambiarán sus fuerzas”. El Cristiano intercambia su vieja manera de vida y recursos por la nueva. La debilidad es intercambiada por la fuerza. Somos llamados, no solamente a recibir Su vida, sino también a una participación plena en la vida de Cristo. Que nadie que todavía esté permitiendo que el propósito egoísta en su vida lo domine, se imagine que en alguna medida está participando de la vida de Cristo.

Jesús sólo vivirá una clase de vida en nosotros, y ésta es una vida derramada hacia otros; y si tú estás viviendo para tí mismo, entonces estás engañado si piensas que tú estás participando de una jota, de una mísera jota de la vida de Cristo. Es un sueño de necios querer una impartición significativa de Su vida para sí mismo, mientras se tiene muy poco interés en entregar diariamente su vida a Dios. Así que veamos el método de apropiación de Dios. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, …vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento …” (2 Pedro 1: 3 y 5).

Las tentaciones, murallas y gigantes, todos son parte de la obra de Dios. Dios no provee madurez completa a Sus hijos mediante una fórmula que saca de un frasco. Así que cuando la tentación viene, Pedro dice: “Añade a tu fe, virtud”. Cuando las murallas son muy altas, él dice: “Añade a tu virtud, conocimiento”. ¿Está tu vida saturada de bendiciones temporales? No te entregues a ellas: “Añade al conocimiento, dominio propio” (v.6). No importa lo que los predicadores de la prosperidad digan, no te abandones a ellas. “Añade al dominio propio, paciencia”. ¿Los gigantes persisten en la fortaleza de Canaán? “Añade paciencia”. ¿Los paganos invaden tu hogar con atractivos dioses falsos? Echalos fuera. Hay tiempo de paciencia, pero ahora, “Añade piedad”. ¿Los vecinos y aún hermanos te malinterpretan y se imponen? “Añade afecto fraternal y amor” lo cual significa, longanimidad (v.7).

Cuando descubrimos que esto no puede ser apropiado del viejo árbol, entonces podemos ver cuál ha sido nuestro problema. ¿Por cuál árbol vivimos nosotros, por el natural o por el espiritual? Esta es una pregunta que pesa un montón. Es una pregunta que tú te debes hacer, especialmente si vas a ser el instrumento que Dios va a usar para manifestar Su presencia en la tierra. Hasta que no cortemos raíces del árbol viejo, el cual es salvaje por naturaleza, no habremos aprendido a vivir de nuestra nueva fuente.

Estamos casados con otro: con Jesucristo. Desviarse del camino de la cruz, viene a causa de ignorar el galardón al cual ese camino conduce. El momento más gozoso en la vida de una novia debiera ser el momento cuando ella pierde su nombre y dependencia propia en el altar del matrimonio. El tomar el nombre de su marido, significa que ella debe entregar su vida completamente a él. Ella está casada con otro, y en esta unión tiene una nueva fuente de vida. De la misma manera, el momento más feliz de nuestra vida debiera ser aquel en el que nosotros, por la obra de la Cruz, hemos renunciado a nuestros derechos de poseernos a nosotros mismos, y nos hemos considerado a nosotros mismos muertos al pecado y al mundo, pero gloriosa y maravillosamente vivos para El. Tú no puedes tener Su vida a menos que estés dispuesto a perder la tuya. Permite a Dios que Su Verdad sea anclada profundamente en tu espíritu, y seas vivificado con esta verdad y la obra de la cruz. No menosprecies Su obra en tu vida, porque si quieres participar plenamente de la vida de Cristo, debes permitirle a la cruz que trate plenamente con aquella vida que no es Cristo.