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Lección 10.- La Mezcla Trágica

Lección 10.- La Mezcla Trágica

¿Qué se necesita para tener un avivamiento, qué debemos tener y de qué cosas nos tenemos que desligar? En Malaquías 4: 5 dice, “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

Cuando Elías apareció en escena, el concepto de separación del mundo y santidad a Dios se había perdido en la mente de Israel. Su mensaje entonces es dirigido exclusivamente a esta tragedia. Cuando él vino, Israel, como nosotros, necesitaba un avivamiento. Este profeta de Dios, este vidente vio cuál era el problema. Era esta horrible mezcla, y su mensaje los llevaba otra vez al lugar de separación y santidad. La reina Jezabel había tenido éxito en llevar a Israel a la adoración idólatra a Baal. Las naciones estaban mezcladas tanto nacional como religiosamente, y aquella era una mezcla que Dios no toleraba. Esta era la situación que Elías estaba llamado a corregir, y déame recordarte que es una situación que tú y yo estamos llamados a corregir. Este es el problema hoy. El mensaje y misión de Elías eran restaurar al pueblo de Dios a una pureza nacional y religiosa. El fue inmediatamente señalado como de mente estrecha. Su mortal enemiga era la malvada reina Jezabel quien había forzado la religión de Baal sobre la gente.

Lo que Israel hizo, no fue que había abandonado la verdadera religión, sino que habían añadido la adoración de Baal a la que era verdadera. Hubiera sido mejor que se divorciaran de Dios completamente a que mezclen lo verdadero y lo falso. Muchos estudiosos Protestantes interpretan el tiempo de Tiatira como vemos en Apocalipsis, como un período de más o menos mil años y describe un tiempo cuando la Iglesia tenía poder sobre las naciones.

Veámoslo en Apocalipsis 2: 20: “Pero (hablando a esta Iglesia de Tiatira) tengo unas pocas cosas contra tí: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”. Este sistema religioso identificado como Jezabel ha continuado a través de los siglos y surge otra vez en Tiatira. Sabemos que Jezabel fue arrojada a los perros, comiéndosela. Jezabel, no es sólo una mujer: este sistema está destinado a convertirse en la Iglesia ramera de la Tribulación. Jezabel es el sistema del mundo, hoy lo llamamos Ecumenismo, que alienta una mezcla de lo verdadero y lo falso, haciendo poco caso del valor de ajustarnos absolutamente a las doctrinas de Dios. Lo que marca este sistema es que está totalmente vacío de convicción. Dios es agregado a todo lo que eres o crees. Esto es Jezabel, y está en todas partes en la Iglesia moderna. Estamos viendo a los “grandes” de Hollywood, a los “grandes” políticos, todos ellos agregando a Jesús en sus vidas. Las estrellas del rock agregan a Jesús a la terrible ola demoníaca que están trayendo a nuestro mundo, y los ecuménicos son los Jezabeles diciendo que eso está bien. El falso profeta como cabeza de esta mezcla de maldad va a demandar que todo debe adorar a la Bestia y recibir su marca, y esta presión va a salir del Cristianismo reconocido. La apostasía del fin no va a tener un origen comunista, sino va a salir de la así llamada Iglesia. La Iglesia debe en gran manera rechazar todo símbolo de mezcla. Si toleramos la mínima falsedad en nuestra creencia, empezamos a ser parte del sistema de la ramera.

Todo lo que religiosamente cometa adulterio con este sistema Jezabel, será echado a la Tribulación. Vemos el capítulo 2: 21-22 del libro de Apocalipsis, “Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella”. Ahí lo tienes. Si no rechazamos esta mezcla, vamos a ser una parte de ese sistema y vamos a parar en la gran tribulación, y no vamos a ser partícipes en el rapto de la Iglesia. Israel era el pueblo de Dios. Ellos no deben mezclarse con otras naciones. Las otras naciones pueden convertirse en una parte de Israel si se ponen bajo los términos de Dios. Israel era el testimonio de Dios en la tierra, y ese testimonio no podía mezclarse con Baal, Dagon y Moloc. Otras naciones podían ser proselitistas a Israel, a su adoración, pero la mezcla nunca se permitía.

Este mensaje de Elías dejó una nota amarga a la multitud unida; esta multitud ecuménica actualmente también lo hace. Cuando el mensaje de la Biblia es claro, el mensajero auténtico es marcado como sin amor, estrecho y peor. El hombre que se pone de pie para proclamar la verdad, que Dios no conoce otras doctrinas, y no permite mezclas en lo que El nos ha dado para creer, está marcado. Cuando el hombre de Dios predica que sólo Jesús salva y que no hay lugar para Buda, para el Islamismo o para María, está marcado como un fanático. Debido a este clamor, el púlpito en la mayoría de los casos rechaza tratar con los aspectos que han maldecido a la Iglesia y la han hecho impotente. El resultado es que tenemos una mezcolanza de lo verdadero y lo falso, y el sentimiento dice, que es falta de amor no aceptar esto. La verdad es que el aceptar este sistema de Jezabel, es recibir un pasaje sólo de ida a la tribulación.

No importa cuán glamoroso pueda parecer, en cuántas estaciones de televisión se vea, o cuánto dinero pueda reunirse; cuando esto permite una mezcla de lo verdadero y lo falso, Dios lo odia. Cuando hablo de religión, hablo principalmente del mundo neo-pentecostés. Estamos viendo las señales de que se está preparando una batalla entre este sistema de la ramera Jezabel y la verdadera Iglesia. Por un lado tenemos la mezcla del mundo y Cristo, sin nada de convicción. Por el otro lado, una voz se levanta en el desierto que nos llama a una separación del mundo. Cuando Elías vino la primera vez con un mensaje para el pueblo de Dios, era el mensaje para preparar la venida del Señor. Cuando el vuelva en la tribulación, su mensaje será, “Prepárense para la venida del Señor”. Entre la primera y segunda venida, el espíritu de Elías vino en el hombre que conocemos como Juan el Bautista. El mensaje de Juan era, “Preparad el camino del Señor”. Juan vino en el espíritu de Elías. ¿Cuál es ese espíritu? Es un espíritu de preparación para la venida del Señor Jesucristo. Los acontecimientos de hoy demandan que ese espíritu regrese ahora a la Iglesia. Los neo-pentecosteses han aceptado lo falso; están llenos con el espíritu de Jezabel y van a aceptar todo lo que es sensacional como si fuera de Dios. Si es grande, si atrae a las masas, ellos son bebedores de vino, están mezclados en la multitud. Muchos de los que han caído en esta deplorable situación tienen ahora una segunda opinión.

El clima está maduro ahora mismo para que un Juan el Bautista clame por separación. Creo que muchos que han caído en esto, han visto que esto es un camino sin salida. No hay vida ahí, hay imitación y falsedad, es una mezcla. Es un caballo de Troya marchando en forma mecánica alrededor de muros que nunca caen. El mensaje a la Iglesia debe ser “arrepiéntanse porque la venida del Señor está cerca”. La Iglesia debe arrepentirse de su falta de oración. Han abandonado el altar, lo cual ha dejado una puerta abierta para que toda esta mezcla entre. El intercesor ha abandonado el altar y ha dejado un vacío en ese lugar. La pared se ha roto, el vallado, y la Iglesia han sido mordidas por una serpiente, y todo esto por la falta de oración que prevalece en la Iglesia hoy.

No es suficiente decir “voy a comenzar a orar otra vez”. Debe haber arrepentimiento, profundo arrepentimiento. Hemos pecado contra Dios. Millones se han ido al infierno porque no hemos orado como deberíamos haberlo hecho. Entonces debe haber arrepentimiento sobre nuestra indiferencia hacia Dios por esta trágica mezcla. Debe haber arrepentimiento de esta trágica mezcla que ha entrado en la Iglesia. Mira lo que pasa. Cualquier cosa es aceptada como Cristianismo . Si el hombre cree en Dios él va a llegar y predicar en contra de los que se dicen ser Dios, contra los que predican un Jesús nacido de nuevo, que dicen que El tuvo que convertirse en un demonio en la Cruz, que tuvo que quemarse en el infierno para salvarnos, contra los que declaran que son nueve personalidades en la deidad, y dicen que el Espíritu Santo ha mostrado que el hombre puede recibir la Sangre a través de una hostia como si fuera del Espíritu Santo. Hemos permitido que esta mezcla trágica se siente en la misma plataforma. Nosotros, los neo-Pentecosteses, debemos arrepentirnos profundamente de nuestro interés no santo por las cosas.

La Iglesia está tan ocupada con el mundo que Cristo no es realmente su Señor. “Como fue en los días de Noé…”. ( Lucas 17: 26). ¿Qué pasaba en los días de Noé? Estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, sin ninguna amenaza. Seguían con su “vida normal” frente a la tormenta amenazadora. Mira a la Iglesia hoy: no hay ninguna alarma. Dormimos en la luz mientras que el mundo duerme en las tinieblas. Una vez más la Iglesia debe escuchar que el sistema de este mundo es enemigo de Dios. El sistema del mal consiste en, primeramente, su habilidad para distraernos de Dios.

Estamos tan atrapados en los deseos por las cosas, estamos inclinados a desviarnos ¡Dios, mío yo lo siento!, inclinados a dejar al Dios que amo. ¿Por qué? Porque estamos pensando de dónde vinimos, del mundo. Así es una gran parte de la Iglesia. Pablo escribiendo a los Hebreos dijo que si nos interesamos de donde vinimos, volveremos allá.

Y segundo, la habilidad del mundo para ser muy, muy religiosos. El mensaje de la prosperidad tiene a millones buscando los panes y los peces. Van a la iglesia, no para amar a Dios o para encontrarlo, y debido a esta prosperidad, te dicen, “recibe a Jesús y tendrás dinero, recibe a Jesús”. Es una escalera para su propia realización. La Biblia se ha convertido para ellos en un medio de ganancia de sus propios deseos mundanos. Es un mensaje humanista el que está siendo proclamado. El mensaje de la Biblia no es dinero, es Jesús. Cuando Elías vino, su mensaje fue un llamado a la pureza nacional y religiosa. No hay nada que Dios odie más que esta mezcla impía, y lo que pasó con Israel le está pasando a la Iglesia en la actualidad. Pedro escribió, “…vosotros sois…nación santa” (1 Pedro 2: 9). Otra vez Dios le dijo a esta nación santa que es la Iglesia, “estáis en el mundo pero no sois del mundo” (Paráfrasis de Juan 17: 11-16). Para que el mundo sea salvo debe ser solamente por la Mano de Dios; no podemos ganar al mundo por mirar, actuar y hablar como el mundo. Hoy en lugar de alcanzar a los idólatras, ellos han alcanzado a la Iglesia. Debemos tener compasión por aquellos que están ciegos con la religión, pero también debemos saber que Dios no va a tolerar una mezcla.

La verdad sin amor matará. Puedes ser malo y duro. El dijo que si tu hermano es cogido en una falta, tú que eres espiritual, restáuralo con espíritu de mansedumbre. Considérate a tí mismo, no sea que tú también seas tentado; debe haber compasión. Tú puedes programar con verdad una computadora, pero una computadora es totalmente sin emociones. Puede arrojar un alma al infierno sin una lágrima. Nosotros no somos computadoras; debemos tener y predicar la verdad, pero debe haber también compasión. Nuestro deseo de llevar a los hombres de las tinieblas a la luz debe ser por compasión, sabiendo que están perdidos. Y debe ser por nuestro amor a Dios y la obra de Cristo, quien los compró en un alto precio. Pero esta verdad y esta compasión, no debe cegarme para decir la verdad. Cuando nuestra compasión sobrepasa nuestra convicción, ya no somos dignos de ser la voz de Dios. Pongamos atención a esto. Lo que enfrentamos hoy en la Iglesia es el mismo “sistema de Jezabel” que Elías enfrentó en el Monte Carmelo. Es el mismo sistema que después estuvo en Tiatira. Es una mezcla de carne y Espíritu. Esto en sí mismo produce la mezcla de verdad y error. El Espíritu nunca va a permitir que entre el error, pero cuando tú tienes la mezcla de la carne y el Espíritu, vas a tener entonces el error mezclado con la verdad. Esto debe ser confrontado.

No debemos permitir en la Iglesia lo que Dios no permite. No puedo hablar con más fervor de esto. Dios te ha llamado en estos postreros tiempos, para que seas la estocada de Dios. Yo creo que vamos a ser el instrumento que Dios va a usar para limpiar la Iglesia de esta mezcla.

Asistí a un programa de televisión religioso y nunca había visto este tipo de testimonio. Una mujer tenía que testificar primero, porque iba a cantar en un casino de juegos esta noche, así que tenía que dar su testimonio primero. Pregunté: ¿de qué va a testificar ella? Dijeron “sobre el nacer de nuevo”. “¿Cómo puede ser nacida de nuevo otra vez y visitar tales lugares?” Oh, me miraron como si yo no tuviera ningún sentimiento. Pero progresivamente la situación empeoró. Me senté y escuché todo esto, luego finalmente pude predicar y me fui. Me llevaron de vuelta al hotel. En el hotel esa noche en la oscuridad del cuarto, clamé a Dios y le dije, “¿cómo vas a sacar esta mezcla impía de tu Iglesia?”. Vino la respuesta. Me senté en la cama, y dentro de mí, Dios dijo, “Nunca usé a Saúl para matar a Goliat”. Me di cuenta exactamente de lo que El decía, “No voy a usar esas grandes celebridades de la religión”. Dios fue y buscó un joven pastor, con un puñado de ovejas, a David, y lo trajo al frente de la batalla para matar al gigante, la carne, la mezcla. El mundo quizás no nos conoce, pero Dios sí nos conoce. Dios quiere prepararnos para enfrentar esta mezcla.

Debemos presentar el veredicto de Dios para cada asunto. Para Dios hay sólo una forma, y la Iglesia debe osadamente rechazar toda otra forma y todo esfuerzo por mezclarla. La Iglesia debe rechazar todo intento de mezclar otras formas con las de Dios. En vista que Dios odia toda forma falsa, entonces la Iglesia debe ser limpiada de toda creencia que no es de la Biblia.

Pablo advirtió a los gálatas que Dios no iba a permitir la más pequeña mezcla, pues ellos intentaron mezclar la ley y la gracia. La respuesta de Pablo fue, “el ser justificado por la ley es haber caído de la gracia” (Paráfrasis de Gálatas 2: 16). Dios no ha venido para mezclar de El mismo con lo nuestro. El ha venido para vivir Su vida a través de Su cuerpo, la Iglesia. Cuando nosotros voluntariamente permitimos que la Iglesia sea mezclada en sus creencias, cuando voluntariamente nos volteamos hacia la mundanalidad que ha invadido el cuerpo de la Iglesia, entonces el Espíritu de vida queda suspendido. Aunque aún podemos actuar religiosamente mediante dones aparentes y enseñar a la gente cómo hablar en lenguas, ahí no hay nada de un espíritu real, y justamente es de esta mezcla que la mayoría de la inmoralidad de nuestro tiempo sale. Si no hubiéramos permitido esta mezcla, entonces esta inmoralidad que se encuentra en los grandes nombres de la religión, y a través de todo el cuerpo, nunca hubiera estado ahí.

Antes que Jesús viniera la primera vez, Juan el Bautista apareció predicando, “…Preparad el camino del Señor…” (Mateo 3: 3). Muchos vinieron a escuchar el mensaje, “…Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3: 2). ¿Qué era el reino de los cielos? “…He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29). El reino vino con esta proclamación. Juan vino en el espíritu de Elías advirtiendo a los hombres que el Mesías estaba llegando. El mensaje de arrepentimiento de Juan demandaba que los hombres cambiaran de lo que eran y se volvieran a Jesús. No había desviación en el mensaje. La Palabra dice al soldado que está contento con su salario, que trate a todos con justicia. Al publicano, que deje de robar el dinero del estado. Al religioso, “…el hacha está puesta a la raíz de los árboles…” (Mateo 3: 10). No podemos meter lo que es falso ahí. Al rey dijo, “no te es lícito tener la esposa de tu hermano”.

Una vez más, en el fin de esta era, el Espíritu de Dios en algunos Elías debe proclamar a la Iglesia que Dios no va a aceptar la mundanalidad. El no va a aceptar su mezcla de verdad y error. El mensaje debe ser claro y conciso. No puede haber ninguna latitud. Si dejamos que Dios sane a su Iglesia, ésta sanará a la nación. “Si se humillare mi pueblo (la Iglesia), sobre el cual mi nombre (esos somos tú y yo), es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7: 14). El avivamiento sanará la nación.

 

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