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Lección 5.- Renovando La Vasija

Lección 5.- Renovando La Vasija

 

Tú recordarás que al comienzo de esta serie dijimos que, hasta que la Iglesia no sea renovada, nunca verá avivamiento.

En Hechos 2: 16-21 dice,” Más esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

¿Cómo va a preparar y renovar Dios a esta Iglesia de los últimos tiempos? De seguro, tú y yo estamos muy cerca a la posición de Zorobabel cuando él despertó en el libro de Zacarías, y vio ese candelero de oro, esa Iglesia de Dios que El está buscando. Y luego él tuvo que ser honesto consigo mismo y mirar al pueblo de Dios objetivamente en el estado lamentable que estuvo, y tenía que haber una admiración en su mente con respecto a cómo es que esto iba a suceder.

De cierto, estamos así ahora, cuando vemos el estado espiritual lamentable de la Iglesia de Dios en su mayoría en esta tierra, y luego a través de estas palabras de Dios descubrimos lo que El realmente está buscando, el candelero totalmente de oro. Tenemos que hacer la pregunta, ¿cómo hará Dios esto? ¿Cuál es la estrategia de Dios para esta tarea aparentemente imposible de producir una vasija a través de la cual El pueda derramar un Espíritu puro sobre el mundo?

Nosotros, como mencioné, quienes formamos la Iglesia de los últimos días, somos como Zacarías en el cuarto capítulo de ese libro. Podemos ver lo que Dios tiene, y lo que vemos es un sistema religioso arruinado. Y nosotros sabemos que El quiere un candelero de oro. Sabemos que El no va a volver por ninguna máquina religiosa arruinada, porque El mismo dijo que, “las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia que yo voy a edificar”. Para nosotros la brecha es muy grande, pero lo que es imposible para el hombre no es nada para Dios; pero nosotros, quienes seremos Sus instrumentos en este propósito, debemos conocer la estrategia.

Entonces comenzamos. Primero, hablaremos acerca del anciano: los ancianos tienen que soñar sueños. Este mundo no tiene mucho lugar para un soñador. Nosotros somos, tú y yo somos pastores. Yo ya soy viejo en años, pero no estamos hablando acerca de edad en términos de años. Cuando tenemos esto en el libro de los Hechos, hablando acerca del anciano soñando sueños, no estamos hablando del anciano de días”. ¿Quiénes son los ancianos? La palabra hebrea “ancianos” es “presbíteros”; significa “barba”. El aceite de la unción venía sobre la cabeza de Aarón, y descendía por su barba, lo que significaba que él era el portavoz de Moisés. Aceite – la vida de Dios; lo tenemos en el Espíritu Santo, en todos Sus tipos. Moisés era un “vidente” – “zakan” – simplemente significaba que el era un “portavoz”; significa “tu barba”, también. El aceite venía sobre Moisés, el “anciano” de Dios , y dado que Moisés no podía hablar bien, Aarón se convirtió en el portavoz de Moisés, el era el complemento del “anciano”. El aceite vino sobre la cabeza de Moisés, pasaba por la barba (el portavoz) , a las vestiduras, (esto es el cuerpo de creyentes).

¿Quién es la principal piedra del ángulo? Jesús. Y El está lleno de aceite, pero debe tener “ancianos”. Ellos son su portavoz. Ahora bien, cuando Dios esté listo para derramar Su Espíritu, Sus “ancianos” van a soñar Sus sueños, y van a traer esa palabra de regreso, clara y pura, al cuerpo de Cristo. Podemos estar seguros que ésta es la palabra, porque el Espíritu Santo a través de Pedro dijo lo mismo que el profeta Joel dijo. Quiero que notes la palabra, “anciano” en Hechos 2; es la palabra de la cual obtenemos la palabra presbítero o anciano. Esto es, hombres llenos del Espíritu Santo que supervisan la obra de Dios; quizás tengan 20 años, los ancianos en la Biblia no eran personas viejas. Significaba que ellos eran hombres lo suficientemente espirituales y maduros para poder nombrarlos como tales. Y así es el significado de presbítero, un anciano, pastor, el portavoz de Dios.

Tú vas a llegar a ser el portavoz de Dios en y para esa Iglesia. El requisito para ser un anciano en el Reino, es ver lo que Dios ve, y decir lo que Dios dice. La palabra hebrea de profeta es “nabi”, y ésta se basa en otra palabra hebrea, “vidente”. Un vidente es el que puede ver más allá de lo natural. El es un hombre que ve lo que otros no ven. El vidente ve a la misma habitación del trono de Dios, y vuelve como Moisés, con un brillo en su rostro. Eso es lo que tenemos en Ezequiel capítulo 43. Jerusalén y el templo estaban destruidos. El vidente, Ezequiel, es llevado en una visión al pasado y ve el templo en todo su esplendor. Todos sabemos que ese templo había sido destruido hace 15 años, así que es una visión, y el templo se llama ‘la casa”. Eso significa la “Iglesia”. Es el mismo Cristo. Cuando tú ves a la Iglesia, lo ves a El. El le mostró esto en toda su belleza, luego se le dijo que vaya y proclame y predique lo que había visto. Como ves, el vidente ve, luego vuelve a “nabi”, esto es, predicar tan duro que le salga espuma por la boca. Eso es exactamente lo que la palabra significa.

El gran presidente Lincoln también fue un cristiano; recuerdo lo que leí acerca de él. Se dice que él dijo una vez, “cuando yo voy para oír a un hombre predicar el evangelio, yo quiero oírlo predicar como si estuviera peleando contra abejas. Así quiero que predique”. Esto es lo que la palabra “nabi” significa. El anciano va delante de Dios, y ve lo que Dios ve, y oye lo que Dios oye, y luego él vuelve para “nabi” , para predicar hasta que le salga espuma por la boca.

Los ancianos soñarán sueños. Un significado de “sueño” es, “desde dentro, una hipnosis divina”. Eso quiere decir que Dios ha venido a mis sentidos de tal manera que mis sentidos ya no importan. Dios ha venido a mí de tal manera que nada más importa. Mi oír, ver, hablar natural, ya no importan. Yo estoy envuelto en Dios, y Dios me está llenando. Y de esa hipnosis divina yo vuelvo para predicar hasta que me salga espuma por la boca.

Entonces el primer paso para alistar a la Iglesia para el derramamiento del Espíritu Santo sobre el mundo, es que el anciano entre al Lugar Santísimo, que esté con Dios, que vea lo que Dios ve y lo que Dios oye, y que sepa lo que Dios está diciendo. Entonces, como Ezequiel, vuelve y proclama a la iglesia lo que ha visto. Cuando la iglesia empiece a ver eso, va a conocer que cuando Dios le dio a esa iglesia el regalo de un pastor, El nunca lo entregó a ellos simplemente para administrar un negocio; el está ahí para esperar delante de Dios, para soñar ese sueño, para oír lo que Dios está diciendo, como portavoz de Dios. Yo reconozco que, si yo no oigo lo que Dios está diciendo, entonces las ovejas de Su prado no van a saber lo que Dios está diciendo, y si ellos no saben, entonces no pueden hacer nada y una vez más la culpa la tiene el pastor.

Entonces, lo primero para Dios, es tener a ese anciano en ese lugar de oración para que sueñe su sueño, que espere ahí hasta que vea y oiga lo que Dios está haciendo y diciendo, y luego que vuelva y lo proclame a la iglesia; entonces Dios, a través del anciano, levantará hombres y mujeres jóvenes que verán la visión. Un joven es el que ha sido tocado por un pedazo del sueño del anciano. Una visión significa un pedazo del sueño. El joven se sienta en la primera banca de la iglesia, su corazón encendido para con Dios; quiere oír de los cielos; y cuando el anciano después de venir de ese lugar de Dios en donde vio y oyó lo que Dios estaba haciendo y diciendo, comienza a “nabi”, ese joven toma un pedazo de ese sueño y Dios enciende un fuego en su pecho para arder con la visión. Los ancianos sueñan sueños, pero los jóvenes arden. Quizás el mundo no vendría a observar a un anciano soñar, pero el mundo rompería la puerta para ver a un joven arder.

En los años de pastorear una iglesia, he visto a los jóvenes sentados en los asientos de adelante ir de esos asientos al mundo para proclamar el Evangelio. Mientras esperaba en Dios, y oía lo que Dios tenía que decir a esa iglesia, y salía de esa habitación a “nabi”, a proclamar, a predicar, ese joven agarró un pedazo del sueño de este anciano, y ardió con esta visión, y llevó el mensaje a lo largo de la nación. Eso es algo que tiene que suceder para que la Iglesia sea renovada.

El anciano debe soñar, y el joven tiene que ver la visión. Dios se derramará a sí mismo a través de siervos y siervas. La palabra hebrea es “ebed”. La palabra griega es “doulous”. Pablo se llamó a sí mismo un “doulous”, esto es un siervo sin salario. Un siervo sin salario es un siervo que sirve por amor, sin paga. Cuando llegaba el tiempo en el que un esclavo iba a ser liberado, si él amaba a su señor y no quería irse ni dejarlo, entonces él iba donde su señor y decía, “yo quiero servirte por puro amor”. Entonces él lo llevaba al templo, le horadaban la oreja, y esta la señal para que todos lo supieran. El siervo caminaba con la oreja horadada, y todos los que veían esto sabían que él era este tipo de siervo, que servía sin paga, servía por amor. Dos cosas le sucedían cuando esto pasaba: cuando un hombre hacía ese compromiso, el perdía su apellido; era borrado de los registros de nacimiento. Esto quiere decir que no tenía posesiones, no podía ser dueño de nada, porque no tenía apellido. Todo lo que él tenía o esperaba tener le pertenecía a su señor a quien él se había entregado por completo. Significaba que como siervo para siempre, no importa cuán fecundo sea, él nunca podía ser señor sobre sus hijos. Todos sus hijos le pertenecían a ese señor para siempre.

Cuando los ancianos sueñan y los jóvenes arden, entonces hijos e hijas del reino serán tocados. Muchos de los cuales son descartados por la iglesia, (tú los conoces, los que mastican chicle, las que se liman las uñas, los indiferentes); ellos van a ser tocados por el fuego de aquellos que están ardiendo. Aquellos a quienes la iglesia ha puesto de lado, cuando ellos sean tocados por el fuego, toda esa paja será quemada. Hijos e hijas serán siervos y siervas en quienes Dios va a derramar Su Espíritu Santo. Estos son los que la Biblia dice que profetizarán. Cuando esto suceda entonces ellos empezarán a actuar como el “anciano”, echando espuma de sus bocas con la gloria de Dios. Cuando la Iglesia de Dios está formada por gente así, entonces no interesa quién reciba la gloria. Ellos están deseosos, muy deseosos de voltear a Dios y decirle, “quita mi apellido; de todas maneras ya no tengo nombre”. En este punto ellos empezarán a derramar Su gloria, de tal forma que toda la tierra verá, sentirá, y oirá. Habrán milagros en el cielo, sangre, y vapor de humo. Esto es lo que tenemos que saber y esto es lo que tenemos que ver.

En 2 Corintios 4: 7 dice que ya lo tenemos, “tenemos este tesoro en vasos de barro…”. Esto es lo que tenemos que tener si es que Dios va a venir a nuestro ser. Si lo tenemos, entonces ¿dónde está? ¿Y por qué no se manifiesta? Tenemos este tesoro en vasijas terrenales; el tesoro está en el vaso de barro de nuestra carnalidad, y de una forma u otra, Dios va a quebrantar esa vasija.

Nosotros, como Jesús, debemos pasar a través de nuestro propio “Getsemaní”, para ser molidos y quebrantados, para que el tesoro pueda derramarse. Contrario a lo que tú puedas creer, Jesús no fue de las calles de Jerusalén al Calvario. El primero fue a Getsemaní. Esa palabra , son dos palabras unidas: “Get” significa el lugar de aplastamiento. “Semani”, que viene de la palabra semen; de ahí obtenemos la semilla humana, semen. La semilla de Dios. Tenía que haber aplastamiento antes que esa semilla pudiera ser derramada. Tú y yo también tenemos que pasar a través de nuestro Getsemaní antes que esta vida de Dios pueda derramarse a través de nosotros efectivamente.

Es el vaso de barro el que tiene que ser quebrantado; tiene que ser mantenido bajo santificación. En el poderoso libro escrito por Watchman Nee, “La Liberación del Espíritu”, habla mucho acerca de esto. Como él dijo, Dios ha puesto este tesoro en nosotros, y todo Su trabajo para con nosotros es que El pueda herirnos de tal forma que ese tesoro pueda salir. Esta vasija tiene que ser renovada. ¿Qué es el tesoro? Es el Espíritu Santo y fuego. Es lo que el mundo necesita. Es JESUS siendo proyectado a través de una vasija que ha sido renovada, y ahora Dios puede derramarse a sí mismo a través de ella.

El anciano debe soñar sueños. Esto es, tú como portavoz de Dios, debes esperar ahí, hasta que, en esta hipnosis divina, tú estés muerto a todo excepto a lo que Dios te está diciendo; y desde esta habitación de Dios, saldrás para “nabi”, para predicar, proclamar a esa iglesia lo que Dios te ha hablado mientras esperaste ahí en ese lugar secreto.

Tú no puedes ser el amigo de todos. Tú no puedes gastar tu tiempo persiguiendo la diversión. Tú no puedes ser mero un hombre de negocios. Tú no puedes salir a comer cada dos días con algún miembro de esa iglesia. Tú vas a tener que entregarte a la oración y a la palabra de Dios si es que tú vas a ser la boca de Dios, y si tú no eres eso para esa iglesia, tú eres una maldición para ella, porque si Dios no puede hablarte a tí lo que quiere decirle a la iglesia, entonces esa iglesia no lo va a saber, y nunca podrá hacerlo. Pero si tú eres fiel en ese oficio, como el “anciano” de Dios, en soñar ese sueño, esto es, oír lo que El está diciendo, saber lo que El está haciendo, y entonces proclamar esto desde tu alma, el fuego de Dios, entonces los jóvenes de esa audiencia tomarán la visión. Agarrarán un pedazo de ese sueño, ese sueño que tú soñaste. Habrán aquellos que irán ardiendo con esa visión. Déjame decirte algo, predicador, no hay ninguna manera en la que tú te puedas reproducir, como lo es reproduciéndote a través de esos jóvenes que toman parte de esa visión y arden con ella.

He tenido jóvenes que han salido de esta iglesia para proclamar el Evangelio, y predicadores que me conocían me llamaban y me decían: “este joven, ¡qué tal predicador es, actúa exactamente como tú!”. ¿Por qué? El se sentaba en esa silla, y todo lo que sabe lo aprendió desde ahí. El está ardiendo con un pedazo de ese sueño que yo le traje de ese lugar secreto de Dios. Y cuando el anciano sueña y los jóvenes comienzan a arder, los hijos e hijas empiezan a profetizar, y actuar como el anciano. Yo te puedo decir, el fuego ha venido. ¿Y sabes qué va a pasar entonces? En vez de querer que vayas a comer con ellos, en vez de que tú tengas que sentarte ahí y tengas que cogerles de la mano todo el tiempo, ellos van a empezar a decirte: “Pastor, no se preocupe por el diezmo, estará ahí. Pastor, no se preocupe por esta persona, estará sentada en esa silla. No se preocupe de la limpieza de la iglesia, de cortar el jardín, será hecho, pastor, sólo sueñe su sueño. Y cuando llegue aquí por favor dígame lo que Dios está diciendo”. Cuando esto sucede, la iglesia es renovada, y a través de esa vasija renovada, Dios puede derramarse. Esta es la estrategia de Dios en estos últimos tiempos.