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Lección 2.- El Poder De Una Nueva Consagración

Lección 2.- El Poder De Una Nueva Consagración

 

Jueces 16: 11-20 dice, “Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre tí! y los espías estaban en el aposento. Más él las rompió de sus brazos como un hilo. Y Dalila le dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora, cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela y las asegurares con estaca. Y ella las aseguró con la estaca, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre tí! Más despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. Y ella le dijo: ¿Cómo dices: yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió pues, todo su corazón y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres. Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre tí! y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él”.

Somos hijos de Dios; nacidos de nuevo, pero debemos reconocer que hay necesidad de algo más en nuestras vidas. Si somos honestos, vamos a aceptar que necesitamos algo más para poder enfrentar el reto de esta hora. Estamos en guerra con un enemigo agresivo. El y sus demonios son espirituales y debemos confrontarlos en sus mismos términos espirituales. (Las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas). Debemos ser de impacto en nuestras ciudades, y para ello, debemos atacar al diablo. Quiero demostrar en este mensaje lo que es una nueva consagración y el poder que está conectado con ella, y lo hago con la oración de que todos los que lean este libro lleguen a ese lugar. Primero que todo, la consagración significa el recuperar la visión. Sansón perdió la vista cuando perdió a Dios. Fue algo físico, pero para tí y para mí es algo espiritual.

Deja que la presencia de Dios se desvanezca en la vida de un cristiano y lo primero que vas a observar es su ceguera. Cuando el predicador trata con áreas de su vida, exclama diciendo, “No veo nada de malo en esto”. Antes era malo y ahora ya no ¿Qué pasó? El diablo ha cegado sus ojos espirituales. Una nueva consagración en su sentido más real es recuperar nuestra visión espiritual. Y en segundo lugar, una nueva consagración es un renacer del deseo espiritual. Es muy triste ver gente que una vez estuvieron hambrientas por las cosas espirituales y que ahora como Galión, “nada se les da de ello.” Ya no le interesan estas cosas. Esta gente estaba entusiasmada en una oportunidad con Dios y su Reino, y ahora busca entusiasmo en el mundo. La Biblia esta cerrada. No hay un altar familiar. Puedes hacer que canten, pero no esperes que vayan a una reunión de oración. El apetito por lo espiritual se ha perdido. Una nueva consagración va a restaurar el apetito por las cosas espirituales.

Yo veo mi vida. Tenía veintisiete años cuando conocí a Cristo. Yo no conocía nada acerca de Dios hasta ese momento cuando nací de Dios, así que en esos veintisiete años, nunca fuí a la Iglesia Por qué? No quería ir. Nunca leí la Biblia ¿Por qué? Nunca quise leerla. No tenía deseos de ir a los cultos de oración ¿Por qué? Porque nunca quería orar. No tenía deseos por las cosas espirituales. Estaba muerto a aquellas cosas. Y muchos cristianos, la mayoría de ellos en nuestras iglesias de hoy, una vez tuvieron un gran hambre por las cosas espirituales, pero ahora ya no es así. Una nueva consagración restaurará el apetito espiritual. Cada avivamiento en la historia ha venido a través de alguien que ha orado hasta “tocar a Dios” y ha obtenido una nueva visión de Jesucristo. Vieron a Jesús y la llama fue encendida nuevamente. Nada es más contagioso que un avivamiento. Alguien oró hasta “tocar a Dios” y vieron a Jesús. Comenzó a andar en el Espíritu hasta el punto que otros veían a Jesús en esa persona. El avivamiento está en camino cuando otros pueden reconocer que tú has estado con Jesús. Una nueva consagración, entonces es, cuando el hombre espiritual gana la ascendencia. La nueva creación es un ser espiritual, es un ser creativo, por tanto una nueva consagración trae todo el énfasis de vuelta a lo espiritual.

Una nueva consagración espiritual debe reabrir los canales de los “ríos de agua viva”, para que ellos puedan fluir sin impedimento. “¿No es más bien el ayuno que yo escogí…” (Isaías 58: 6-7). Aquel ayuno es desatar lo espiritual. Y como lo hemos señalado una y otra vez, tú has nacido de Dios, estás lleno del Espíritu de Dios, él está en tí presionando contra estas restricciones. No tienes que rogar para que fluya, todo lo que tienes que hacer es quitar las restricciones, y Dios ha dado el ayuno para romperlo, para desatar aquello que sanará lo que toque. Entonces toda la lucha del cristiano es contra el “viejo hombre”. El Río está empujando contra el dique, lo que tú debes hacer es dejar soltar el río. El apartarse hace volver al viejo hombre. Dios nunca trata con lo viejo, sólo trata con aquello que es nacido de Dios. Mientras Sansón podía ver a Dios, él conocía su debilidad; sabía que en el “yo”, había un gran potencial de maldad. Cuando esto pasa, ya sea Sansón, o tú y yo, o sea cuando perdemos de vista a Dios, comenzamos a pensar en forma más alta de nosotros mismos que lo que deberíamos. Con frecuencia oímos decir a un hijo de Dios, “no tengo que ir a la Iglesia para vivir de manera correcta”, él está ciego. Algo ha ocurrido con la visión espiritual, cuando él cree que él puede actuar en forma independiente. Cuando llegamos al punto en donde no sentimos que necesitamos la comunión, la exhortación y el aliento de otros cristianos, entonces espiritualmente hemos llegado al punto donde pensamos en forma más alta de nosotros mismos que lo que debemos.

Esto es orgullo espiritual, y siempre viene antes de la caída. A medida que veamos a Dios, sabremos que ” en nuestra carne no hay nada bueno”. El ver a Dios me permite ver la debilidad de la carne. Y cuando yo la veo, puedo vencer. Cuando Sansón perdió sus ojos, se hizo un esclavo del enemigo. El control de su vida se perdió. Pasó su vida moliendo para el diablo. Seremos esclavos de cualquier cosa a la que nos sometamos. Si nos sometemos al “yo”, entonces seremos sus esclavos. Si nos sometemos a Dios, seremos entonces esclavos de Dios. En un punto de la vida de Sansón su propia gente lo entregó al enemigo. Sansón era el campeón de Israel. El acampaba en las montañas de Lehi donde él podía ver a las caravanas enemigas mientras venían con la provisión. El estaba solo en la batalla, Israel había cedido, disminuyendo sus principios. Se habían metido en este asunto ecuménico y habían hecho acuerdos con el enemigo como muchos en la Iglesia hoy, diciendo, “si dejan a mi gente en paz, nosotros dejaremos a su gente en paz”. Hemos entrado en acuerdos donde no hacemos proselitismo con los Católicos y ellos no lo hacen con los Pentecosteses. Ese es el punto donde Israel ha llegado, y ahora Sansón estaba muy solo en la batalla. El nunca entró en este asunto ecuménico. Los ancianos vinieron a él en la roca de Etam, demandándole que deje de causarles problemas. Así es siempre. El hombre que rehúsa someterse a esa unidad ecuménica siempre es un problema. Siempre lo es. Fue a Elías que Acab llamó, “el que causa problemas en Israel.” Pero Elías rápidamente cambió la culpa a donde pertenecía. “Yo no soy el que causa problemas sino tú”.

Los que hacen problemas son aquellos que han hecho una multitud mezclada, como lo fue en los días de Jezabel. Sansón rehusó participar en el asunto ecuménico, así que fue visto por la iglesia de su tiempo como el que causaba problemas. Ellos le demandaron que renunciara a este problema, y entonces le entregaron en las manos del enemigo. Fue entregado por su propia gente. Entonces llegó la nueva consagración. Lo ataron , esto es, el propio pueblo de Dios. Sansón les dijo, “les permito hacer esto pero no me maten”. El no tenía miedo del diablo. Era a la iglesia, esta multitud religiosa, a la que él temía. Y él dijo, “si prometen no matarme, les voy a dejar que me amarren”. Esto es lo que él hizo. Lo amarraron y lo entregaron a sus enemigos. Cuando lo entregaron en las manos de los que lo odiaban, los enemigos de Dios, entonces los enemigos gritaron. Ese fue su error, porque cuando gritaron, el Espíritu de Dios vino sobre él y él rompió las cuerdas, y la Biblia dice que él cogió la quijada de un asno y mató a mil enemigos de Dios. He escuchado a predicadores predicar sobre esto, y se refieren a esa quijada como que era vieja, pero esto no es lo que dicen las Escrituras. Era una quijada nueva. En el Antiguo Testamento dice que el primogénito de todas las criaturas era de Dios, pero el primogénito de un asno, tenía que ser redimido con otro animal si querías mantenerlo, o tenías que romper su cuello.

Lo que vemos aquí, con el tipo de esta quijada nueva, es una nueva consagración. Alguien había dedicado ese pequeño asno a Dios, y fue con esa nueva consagración que Sansón derrotó a su enemigo. Las provisiones de Dios siempre están disponibles cuando el estado de nuestro ser está bien. “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5: 16). Después de matar a mil enemigos, Sansón pensó que iba a morir de sed. Pero de esa quijada, de esa nueva consagración, empezó a fluir esta agua de vida. Siempre sucede así en la nueva consagración, ¿te das cuenta?; el río comienza a brotar. Allí el agua comienza a fluir. Y de esta nueva consagración Sansón bebió y fue revivido. Cuando “tocas a Dios” en la oración, tu envidia, chismes, murmuraciones y amargura te hacen pensar que vas a morir. Va a sacudirte al ver como éstas cosas te han motivado. Cuando se van te sientes vacío, casi muerto, porque comienzas a darte cuenta cómo has sido motivado por esa amargura. Pensaste que tenías derecho a estar amargado y esto te empujó e hizo que subiera la adrenalina. La envidia en tu alma y el espíritu de chismes te empuja cuando estás en el teléfono para hablar de tu hermano y hermana; guardas esa amargura y envidia en tu corazón; te sorprenderás al saber cuánto te empuja y te maneja, pero una vez que oras hasta “tocar a Dios”, estas cosas se van y te vas a sentir vacío y quebrantado, y es sólo allí cuando el río puede fluir. Pero de esa consagración van a fluir los ríos de agua viva. Sansón fue revivido, y el avivamiento vino.

El profeta dijo, “Sin profecía (visión) el pueblo se desenfrena (perece)” (Proverbios 29: 18). La muerte es un resultado de ceguera espiritual. En su ceguera el muerto continúa en su rutina religiosa. Ellos han aprendido a ser religiosos y como zombies continúan actuando como si hubiera vida allí. No pueden ver el efecto del pecado; la adoración es mecánica; continúan caminando como robots alrededor de muros que nunca caen. Una de las historias más tristes e la Biblia es la historia del rey Saúl. Durante todo el reinado de Saúl, el arca nunca estuvo presente, esto significa que Dios no estuvo presente. Quiere decir que Dios no estaba presente activamente durante todo el reinado de Saúl, y no hay ningún registro de que Saúl haya intentado alguna vez traer de vuelta el arca a su lugar correcto. Pero esto no es lo más triste. Lo más triste es que habían aprendido cómo ser religiosos sin ella, y nunca ni siquiera la extrañaron.

Esto es lo que ocurre, esto es lo que está ocurriendo. Aprendemos algo y luego lo seguimos haciendo en una forma mecánica sin resultados espirituales. Estuve en una reunión, en un motel aquí en la ciudad donde fuí pastor en Beaumont, Tejas, y había cuatrocientas personas presentes aproximadamente. Se trataba de una de esas reuniones donde uno cena y luego hay una prédica. Bueno, almorzamos y nos sirvieron café, luego un hombre se levantó y por cerca de cuarenta y cinco minutos habló sobre el milagro que está en nuestra boca. Dijo que todo lo que tenemos que hacer es hablar la palabra y ocurrirá. Ni él mismo creía lo que hablaba, pero hablaba de todas maneras, y al final del mensaje él dijo que se pararan todos los que tenían ciertas enfermedades. Dijo que habían dieciséis personas que tenían diabetes. Se pusieron de pie. Claro, las compañías de seguro indican que uno de cada veinticinco personas tiene diabetes. “Aquí hay personas con problemas en su rodillas”, y ellos se pusieron de pie; por cerca de diez minutos, este “así llamado don” operó. Una tras otra la gente se paraba. Cuando él terminó, dijo: “ahora todos denle un buen aplauso al Señor por lo que ha hecho”. Bueno, todos comenzaron a hacerlo y gritar. Pero todo el tiempo, mientras este don estuvo operando, quizás veinte o treinta veces en diez minutos, los camareros estaban ahí recogiendo las tazas de café y los platos. El sonido de los platos y toda la bulla estaba ahí. Y mientras yo escuchaba esto, mi corazón se sacudía dentro de mí. No había el suficiente poder allí como para traer reverencia dentro de esa habitación. Le dije a la gente, cuando les hablé, que en cualquier lugar que el Espíritu Santo hubiera obrado treinta veces en diez minutos, habría hecho chocar los carros en la carretera. Ciento veinte personas fueron llenas en el día de Pentecostés y una ciudad entera fue sacudida. Pedro discernió dos mentirosos en el altar; ellos cayeron muertos y por ello vino temor a toda la comunidad. Pablo discernió una joven poseída por un demonio en Filipos y se desató el avivamiento. ¿Que existe hoy en día? Un espíritu de imitación de lo real y en la mayoría de los casos, la Iglesia no tiene suficiente poder para sonarse su propia nariz.

Sin visión el pueblo perece, y la tragedia terrible es que no saben que están muertos. Sansón cedió ante el enemigo. Le costó sus ojos, y en su ceguera, él se vio forzado a moler en el molino para el diablo. Míralo cómo está ahora. Vemos ahora a un hombre cuya fuerza solía ser el terror de sus enemigos. Está dando vueltas y vueltas no hay emoción, ni poder, ni victoria. Como Sansón, la Iglesia del Siglo XX no conoce quién es el enemigo. Envía sus hijos fuera a enfrentar el mundo, el enemigo de Dios, sin ninguna preparació. Ya no es o santidad o el infierno, es sofisticación. El mundo ya no es el enemigo, sino un amigo mal entendido. Sin embargo, “…el cabello de su cabeza comenzó a crecer…” (Jueces 16: 22).

Parece que debemos siempre llegar el fondo antes que miremos arriba. Sansón estuvo moliendo para el diablo como una mula hasta que se dio cuenta que estaba perdido. El hijo pródigo no volvió en sí, sino hasta que estuvo en el lugar de los cerdos. La historia de la Iglesia ha pasado desde un legalismo extremo, hasta un liberalismo extremo donde nada se cree. Es siempre en medio de la podredumbre y la muerte de la religión sistematizada que un avivamiento comienza. Sin embargo, su cabello comenzó a crecer. Sansón estaba comenzando a ver, fue un tonto, sí, pero había un cambio. Hay un camino de regreso. Podemos ver el avivamiento y podemos convertirnos en la fuerza más grande del Siglo XX. La consagración de Sansón estaba en su cabello y ya estaba creciendo.

El estaba renovando sus votos, esto es avivamiento. El diablo nunca se dio cuenta que su cabello estaba creciendo. Justo antes de llenar su vientre con las sobras de los cerdos, el hijo pródigo volvió en sí. En ese oscuro momento Sansón clamó, “Véngame de mis ojos” (Jueces 16: 28). ¿Qué es lo que está pidiendo? No es dinero, ni una mejor auto estima, él quería una visión correcta, la habilidad para ver a Dios. Una nueva consagración demanda que nosotros tratemos literalmente con lo falso. El acto final de Sansón fue el más grande. El techo le había caído al diablo. “Y la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera” (Hageo 2: 9).

Regresemos al altar. Renovemos nuestros votos. Dejemos que el Espíritu Santo quite todos los obstáculos para que el río fluya.