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Lección 1.- El Camino A La Paz Y A La Prosperidad

Lección 1.- El Camino A La Paz Y A La Prosperidad

 

La fe es fidelidad a Dios, y se requiere que tú y yo en todos los asuntos de la vida y de la piedad, seamos fieles al Todopoderoso. Esta tarea sagrada de nuestra administración para Dios simplemente dice que yo pertenezco a Dios, El me compró con un precio. Yo soy Su siervo, lo que significa que yo por mí mismo no tengo derecho a poseer nada espiritualmente. Todo lo que tengo, ya sea material o espiritual, viene de Dios. Yo sólo soy el administrador, Dios es el dueño, y se requiere que el administrador sea hallado fiel a Dios.

En 2 Corintios 8: 1-15, Pablo trata con el dar de una manera muy personal con las iglesias aquí, “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad”.

El apóstol Pablo dice que la generosidad en dar de esta iglesia, era un don de Dios, era la gracia de Dios. “Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia . Por tanto, como en todo abundáis , en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro . Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis para cumplir conforme a lo que tengáis. Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”.

En la caída, el hombre rompió su relación con Dios, y se convirtió en la víctima de su propio estilo de vida y circunstancias. Yo no tengo que predicarles esto, tú y yo vivimos en ese ambiente de vida. El destino del hombre desde entonces fue: “Vivirás con el sudor de tu frente”. El hombre lucha para ganarse la vida con sus propios recursos, sus propias manos. El hombre escogió este estilo por su desobediencia a Dios; créelo, Dios tenía un plan mucho mejor para el hombre. Pero en la caída, el hombre estropeó su relación con Dios y la naturaleza, y desde ahí, la vida se convirtió en una lucha y ha sido una lucha hasta ahora. Desde el Edén, después de la caída, Dios tuvo que reestructurar su trato con el hombre y establecer leyes y mandamientos. En este programa Dios nos dio un manual de operaciones: su Palabra. Estas son las instrucciones para tí y para mí como creyentes. Así es como, entonces, vamos caminando según este Libro, nacemos de nuevo, somos llenos con el Espíritu, caminamos en obediencia a la palabra de Dios, y de esta manera es como nos ponemos de vuelta en línea con Dios. Dios nos dijo que nos daría este “manual de operaciones”, para que sepamos cómo vivir, cómo conducir nuestras vidas, y al hacer esto, permanecer en comunión con El.

El dijo, “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4: 4). Todas sus perfectas normas están en total vigencia hoy. La violación de estas normas son la causa de todos los fracasos, sufrimientos, y dolencias, hoy en día. ¡Si sólo pudiéramos entender esto, y aprender lo que la experiencia nos enseña, que la Biblia nos dijo que así iba a ser, que todos los problemas del hombre son por una violación a la Biblia, a las instrucciones y principios que Dios ha dado a Su pueblo! Cuando Dios sacó a Israel fuera de Egipto a la tierra prometida, cuando ya estaban llegando, El dijo, “ahora la tierra a la cual están entrando no es como la tierra en donde ustedes mismos la regaban a pie”. En Egipto ellos irrigaban la tierra a pie. “Esto no es una operación hecha por el hombre”, les dijo, “sino que esta tierra, tierra de montes y valles, será regada con la lluvia del cielo”.

Y El les dijo, “si guardan mis mandamientos y obedecen mis estatutos, en otras palabras, si ustedes caminan de acuerdo a este Libro, les enviaré lluvia en el tiempo oportuno”. Lo que Dios decía era, “cuando vengan los tiempos de lluvia y no llueve, no me molesten; la culpa es de ustedes que están andando en violación a lo que yo les he instruido”. Esta ha sido la causa de todos los problemas de la tierra. La Biblia revela el camino a la victoria en cada situación de la vida. Dios nos dio Sus normas para ayudarnos, no para dañarnos. Dios quiere lo mejor para tí que eres Su hijo. Lo que creemos que es lo mejor, quizás no sea lo mejor: quizás un carro grande no es lo que tú necesitas. Pero Dios desea lo mejor para Su pueblo.

El conocer las leyes de Dios y aplicarlas por el Espíritu de Dios nos da armonía y éxito en la vida. Así que debemos aprender estas leyes de Dios que gobiernan cada fase de la vida. Dios envía su lluvia tanto a justos como a injustos. Las leyes de Dios en el mundo natural funcionan para todos los que viven de acuerdo a ellas. Esto no es hacer a Dios un Dios de fe. Yo sólo estoy diciendo que cuando caminamos con Dios, entonces Dios camina con nosotros, y Sus bendiciones fluirán en forma natural. No puedes andar en rebelión con Dios y esperar que El prospere tu vida. Cuando un pecador escoge vivir de acuerdo a la ley de Dios en cualquier área de su vida, esto no lo va a salvar, pero será bendecido en esa área.

Por ejemplo, obedece las leyes de la dieta de Dios como están reveladas en el Antiguo Testamento, y gozarás de mejor salud. Vivimos en el Siglo XX, y durante las 2 ó 3 últimas décadas, el hombre descubrió que el mayor problema con el corazón es que él mismo come mucha grasa. Es el elemento llamado “colesterol”, el que obstruye las arterias y produce ataques al corazón. Todo esto, causado por la grasa que ingerimos. En las leyes de Dios sobre dietas, El dice específicamente que no comamos grasa. Por consiguiente, si un pecador obedece esa ley, va a tener una mejor salud como resultado. Cualquier persona o sociedad que obedezca las leyes de Dios sobre higiene, estará libre de gérmenes. Para viajar a los países de Africa, uno se debe vacunar contra el cólera. El cólera aparece por tomar agua contaminada. La gente en muchas áreas no obedece las leyes de Dios sobre higiene, así que el cólera viene con fuerza en medio de la gente. Pero si obedecen o cualquier otra sociedad obedece las leyes de Dios sobre higiene, entonces vivirán libres de gérmenes.

En ningún área de la vida es esto más cierto que en el área del dinero. Jesús pensaba mucho sobre esta área, porque El sabía que nada era más cercano a convertirse en un dios, para el hombre, que el dinero. El dijo que no puedes servir a Dios y al dinero. En otras palabras, El dijo que el dinero se convertirá en tu dios. La codicia es idolatría, dijo El. Esto significa que comienzas a adorar a las cosas, al dinero y a las cosas que el dinero compra. La palabra de Dios tiene mucho que decir en el asunto del dinero y las finanzas. En el libro de Deuteronomio, Moisés escribió que es Dios quien da el poder para hacer las riquezas. Pablo vino luego y nos dio el significado de esto, todo lo que significa el poder para hacer las riquezas. El que da de la semilla al que siembra, multiplica la semilla que es sembrada. Dios te da la semilla para sembrar y si tú la siembras, de acuerdo a lo que siembres, será multiplicado. Es Dios quien nos enseña que sólo vamos a recibir de acuerdo a lo que demos. Sólo según lo que sembremos, vamos a cosechar; y lo que sembremos, eso mismo vamos a cosechar. Dios usa la presión y la disciplina del dinero, el esfuerzo de ganar el dinero, para formar y moldear nuestro espíritu. Estos vientos economicos que nos forman, soplan constantemente y, a veces, violentemente. Si no supiésemos que Dios permite muchas cosas en nuestras vidas porque nos ama, estaríamos molestos con El. Pero debemos reconocer que todas las cosas ayudan para bien para los que aman a Dios, para los llamados por El, de acuerdo a Su propósito.

Dios usó esta presión del dinero para enseñarme una lección. Una vez, tuve un programa en la televisión en muchas ciudades de los Estados Unidos. En aquel entonces pasé por un tiempo muy difícil; había un ladrón en el correo, y esto empezó el problema. Me quedé con una deuda de cerca de 400,000 dólares cuando terminé con lo de la televisión. Desearía nunca haber pasado por esto. Nunca había atravesado por tal tortura. Fue una presión financiera por un período quizás de cerca de 2 años. Pero eso formó más mi espíritu, y yo aprendí que no debemos deber nada a ningún hombre, sino que debemos creer a Dios y estar siempre seguros que lo que estamos haciendo es la voluntad de Dios. La actitud adecuada a las presiones financieras te dará crecimiento en tu carácter. El aprender a armonizar con las leyes de economía de Dios nos hará prosperar aquí y ahora, al igual que nos va a preparar para la eternidad. Por otro lado, la actitud descuidada a estas presiones puede ser muy destructiva. Necesitamos aplicar la palabra de Dios en los asuntos financieros. Los asuntos financieros causan fracasos, caos, ataques al corazón, codicia por bienes de otros, engaño, lujuria por las riquezas, preocupación por seguridad financiera, egoísmo, pereza, etc., temibles causa problemas al género humano. Es este tipo de violación a las leyes espirituales que he mencionado, que finalmente llevan a la calamidad y a la miseria.

El dinero también es un factor dominante para el fracaso de muchos matrimonios; discusiones por dinero han roto amistades, y negocios; aun las iglesias se han visto afectadas por este problema. El dinero está detrás de los robos, violencia y asesinato. El egoísmo y la anarquía son lo mismo. Pero el dinero en sí, no es la raíz. Es la codicia por el dinero lo que es malo. Es el amor al dinero la raíz de todo mal. Las personas que no tienen dinero pueden codiciar tanto el dinero como aquellos que tienen mucho dinero. Dios usa todos estos remolinos fuertes de la vida en cuanto al dinero, para que El pueda orquestar y probar, enseñar y formar nuestro espíritu. Todas estas cosas Dios las usa. Nosotros las vemos que son terribles, vemos que todo esto es para nosotros el peor tipo de presión, y por cierto que lo es, pero Dios las va a usar para formar y moldear nuestra vida espiritual.

A través de la vida sentimos la acción recíproca del espíritu malo de Satanás que nos incita a hacerle trampa a la Palabra de Dios, esto es, a retener para nosotros lo que es del Señor. El diablo siempre está tratando que retengamos el diezmo. Vamos a ver que ese es el principio básico de nuestro dar, de nuestra relación con Dios. El diablo siempre trata de que no lo entreguemos, diciéndonos que no nos conviene, que lo necesitamos para otra cosa; pero cuando reconocemos las terribles cosas que vienen por no dar lo que le corresponde al Señor, cuando hemos aprendido la verdad, esto nos capacita a avanzar en obediencia y crecer espiritualmente.

Al mismo tiempo, el Espíritu de Dios nos mueve a seguir los mandatos del Señor que nos guían hacia lo mejor que nuestro Padre tiene para nosotros. Así que en nuestro ser, hay una constante batalla entre los caminos de Satanás y los caminos de Dios. La elección siempre es simplemente ésta: ¿o voy a seguir a Dios o a mí mismo?, que es seguir a Satanás. Y es en la batalla del alma donde nuestro destino final es determinado. A través de diez mil pruebas y elecciones, estamos siendo grabados lentamente a esa imagen que escogemos por nuestro propio libre albedrío. Nos convertimos en lo que escogemos ser, y mientras andamos eligiendo serlo, estamos siendo hechos poco a poco como esa imagen, ya sea que vamos siendo transformados a la imagen de Cristo o la imagen de Satanás, (y no hay terreno intermedio.) Las fuerzas de Jesús y Satanás estan contendiendo por cada vida, pero tú y yo tenemos el poder de la elección.

Te das cuenta en tu vida y en la de los que estarás enseñando, que Dios nunca nos forzará a elegirlo a El, pero lo que sí hará es que nos ayudará a cumplir, en el caso en que hayamos elegido por El. Dios nos da a cada uno la libertad de escoger. Si tú instigas en las personas a hacer su elección por el reino de Dios y si tu elección es ésta, entonces El les dará el poder para cumplir esa elección. El poderoso acoso de las finanzas afecta a todos. Esta es la razón por la cual encontramos tanto en la Biblia sobre este asunto. El desea que nosotros tengamos Sus secretos de paz y prosperidad. Son imposibles de ver por el mundo, porque no pueden ser vistos por los hijos de las tinieblas. La prosperidad de los malos nunca trae paz; siempre produce el sentirse vacíos.

Las señales de la venida de Jesús son tan claras en esta epoca, que sólo los muertos están ciegos a ellas. Estamos parados en el umbral del momento más electrificante de la historia. Cristo está volviendo por Su pueblo. El Señor dijo que los últimos días estarían marcados por una gran angustia y ansiedad. Uno de los problemas serían las riquezas de los hombres. “¡Vamos ahora ricos!” (tú y yo sabemos cuando Dios habla de un hombre rico, El no está hablando de los Millonarios; el se está refiriendo a la clase media, como tú y yo. Nosotros tenemos más riquezas que los reyes pasados, y por lo tanto, El se está dirigiendo a nosotros) “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán” (Santiago 5: 1). ¿Cuáles son esas miserias? Son las peores que pueden ocurrirle al codicioso: su dinero se volverá inútil.

“¡Vuestras riquezas están podridas…Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros” (Santiago 5: 2-3). “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios…” (2 Timoteo 3: 1-2). Esto está tan prevaleciente en la Iglesia; sólo un pequeño porcentaje da sus diezmos y ofrendas. En una de las revistas pentecostés más importantes, “El Evangelio de la Asambleas de Dios”, decían que sólo el 29% de los miembros de las iglesias diezmaban. No sólo limitan el avance de la Iglesia, sino que se maldicen a sí mismos. “Ustedes”, dice Dios, “son malditos”. Muy pocos entregan sus diezmos y ofrendas.

Jesús dijo, “Cuando ustedes vean que estas cosas ocurren, sepan que el reino de Dios ya está cerca” (Parafraseando Lucas 21: 28). Hoy millones de cristianos repetimos, “Jesús viene”, y luego probamos con nuestras acciones que no creemos que esto sea así. Es tiempo que tú y yo como ministros de Dios revisemos nuestras prioridades, para que podamos llevar a la Iglesia de vuelta al lugar en donde sus prioridades sean la correctas. Si vamos a ver a Cristo, entonces nuestra forma de vida, programas, planes, gastos, deben ser reordenados. Si realmente creemos que Jesús viene en este tiempo, ¿por qué tenemos luchas y temores pagando seguros de vida? ¿Para que nuestros hijos se puedan beneficiar en la siguiente generación? ¿Por qué estamos contando y guardando dinero que podría ser para el avance del Reino de Dios? Sí , muchos claman, “El viene pronto”, pero actúan como si todas las cosas van a continuar igual que al principio.

¡Qué terrible pensar que no estaríamos listos para el retorno de Cristo por algunas pocas horas, como el caso de las vírgenes insensatas! Queremos seguir agrandando nuestros graneros, o edificar nuevos, comprando cosas que no necesitamos, mientras que millones perecen porque nadie les ha alcanzado el evangelio de Cristo. ¿Realmente creemos que El viene? Hay cristianos que guardan propiedades valoradas en billones. ¡Sí!, ¡billones! negocios, tierras, mercaderías, joyas, carros, botes, bonos, dinero. ¿Qué estamos haciendo? ¿Estamos guardando para el anticristo?

Si realmente creemos a la Biblia, ¿no deberíamos tener nuestras maletas listas para irnos con Jesús? Deberíamos dar no sólo el 10%, sino aún dar de nuestro capital. La parábolas de los “talentos”, nos muestra que Dios no sólo quiere el 10%, sino que somos considerados administradores injustos si no damos mas de eso. Es tiempo de quedarnos con las cosas esenciales. Lo que entreguemos al Señor como una liquidación de nuestras finanzas, servirá de mucho para concluir la obra de llevar el Evangelio a toda criatura. “Porque entonces”, dijo Jesús, “el fin vendrá”. Estamos en el tiempo de gastar nuestro dinero en las cosas de Dios. Este es el momento de invertir para las cosas eternas, ¡aquí y ahora! Ya no es momento de guardar las monedas gastadas por el tiempo. ¡Es tiempo de dar ahora!

Los inconversos están esperando el mensaje, Cristo nos ordena ir, ¿Qué le responderemos cuando nos enfrentemos con El? “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa” (Malaquías 3: 10). Dios dijo, “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado” (Malaquías 3: 8). ¿Cómo? Reteniendo el diezmo y la ofrenda si tú no enseñas en la Iglesia sobre los diezmos y las ofrendas para Dios, Dios te va a maldecir por tu infidelidad a Su palabra. Aunque no lo supieras, tú estás maldiciendo a la Iglesia si no le enseñas, simplemente por no hacerlo.

Esta es la forma que tiene Dios de apoyar la Iglesia y de llevar el Evangelio. No fue la idea de Dios que se preparen tortas para recabar fondos en la Iglesia o que se hicieran ventas de ropa. ¡Regálale tu ropa a los pobres! Lo que sí fue ordenado por Dios es que cada uno entregará sus diezmos a la casa de Dios. No lo entregues a tus parientes pobres, ni a ese evangelista de la televisión, sino a la Iglesia, para que esa Iglesia pueda ministrar al mundo.

 

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