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Lección 1.- El Fundamento De La Educación Espiritual

Lección 1.- El Fundamento De La Educación Espiritual

 

Este primer capítulo se relaciona con la primera obra del Espíritu Santo.

En Ezequiel 40: 2-4: “En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte del sur. Me llevó allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de bronce; y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir; y él estaba a la puerta. Y me habló aquel varón, diciendo: Hijo de hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase has sido traído aquí. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel”.

En Ezequiel 43: 10-11 dice, “Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella. Y si se avergonzare de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las pongan por obra”.

Trasladándonos al Nuevo Testamento, vemos Mateo 3: 17: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”.

Mateo 11: 25-30 “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Si, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.

En Juan 1: 51: “Y le dijo: de cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.

Lucas 9: 23, “Y decía a todos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.

Efesios 4: 20-22 dice, “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos”.

Al llegar al primer capítulo de esta serie, la pregunta es, ¿qué es lo que tenemos que aprender? La palabra básica de nuestro estudio se encuentra en la Escritura citada anteriormente en Mateo 11: 29, “llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí”. El Apóstol Pablo nos da a entender con otras palabras, lo que Jesús quiso decir: “mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo”. (Efesios 4: 20).

Hoy en día, el error en gran parte del Cristianismo, es una especie de imitación objetiva de Jesús, la cual no conduce a ningún lado, en lugar de un aprendizaje subjetivo de Jesús, que nos conduce a todo. Veremos en este capítulo lo que es la Escuela de Cristo, a la cual los primeros discípulos fueron llevados por Jesús. Los primeros seguidores de Jesús fueron llamados discípulos, y esto significa que ellos estaban bajo disciplina. Es muy importante que nosotros entendamos la naturaleza de este mensaje o sea, qué es aquello que vamos a aprender y cuáles son los principios de nuestra educación espiritual. El objetivo de nuestro aprendizaje al leer este libro, es decir, lo primero que hace el Espíritu Santo por nosotros, si es que verdaderamente estamos bajo Su mano, es el mostrarnos lo que realmente tenemos que aprender.

El templo que Ezequiel vio tiene su equivalencia espiritual en la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. El método de Dios con Su pueblo es, primero que todo, presentar el objetivo perfecto, con el fin de asegurar una expresión completa de Su pensamiento. Esto es lo que El hizo cuando en el Jordán abrió los cielos y dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. De modo que el primer objetivo del Espíritu es hacernos conscientes de lo que es puesto delante de nosotros en nuestra educación espiritual. Principalmente su labor es revelar a Cristo en nosotros y luego hacernos conforme a la imagen de Cristo. La marca de una vida gobernada por el Espíritu, es que esa vida está continuamente ocupada cada vez más con Cristo. Esta es la obra del Espíritu en la Escuela de Cristo, con el fin de presentar y mantener en mira a Cristo en Su grandeza; de modo que Dios pone a Cristo por delante, lo presenta a El, lo testifica, y en realidad nos dice, “Este es aquel conforme a cuya imagen te haré”.

Veamos el significado y el desafío de un cielo abierto. El cielo abierto para Jesús era la unción. El cielo abierto es la unción del Espíritu derramada sobre el Cristo en nosotros, desde el día de Pentecostés en adelante. El cielo abierto, entonces, quiere decir una revelación continua y creciente de Cristo. El cielo abierto inmediatamente, trae la revelación de Dios en Cristo a tu propia puerta, y en esto se revela cuán diferente es Cristo de nosotros. Tienes que saber que la mente ordinaria del hombre en el mejor de los casos es contraria a la mente de Cristo. La voluntad del hombre en el mejor de los casos, es otra voluntad. Nunca sabrás, por cierto, qué se esconde detrás de tus motivos, hasta que el Espíritu Santo penetre a lo profundo de tu ser y te lo muestre. No podemos producir esta naturaleza por nosotros mismos y no podemos producir nada que sea aceptable a Dios; todo lo que pueda ofrecerse a Dios, está sólo en Cristo, y no en tí ni en mí.

Esa será siempre la diferencia entre Cristo y nosotros. Aunque Cristo more en nosotros, solamente El es el objeto de satisfacción y complacencia divina, y la única lección básica que tenemos que aprender en esta vida bajo la enseñanza, revelación y disciplina del Espíritu Santo, es que El es diferente a nosotros y que esa diferencia es extrema. Esta es una de las enseñanzas difíciles y es un mensaje que el mundo rechaza aprender, ya que va absolutamente en contra de todo el sistema de la enseñanza del humanismo, que enseña lo maravilloso que es el hombre. Cuando llegues a lo mejor de tí, aún habrá tal abismo entre tú y el comienzo de Cristo, que no podrá ser atravesado.

¿Qué es lo que está haciendo el Señor?, ¿qué es lo que está haciendo el Espíritu Santo con nosotros? Bueno, como cosa elemental o básica, El está dándonos a conocer que nosotros somos un género y Cristo otro. La imposibilidad de alcanzar los patrones de Dios por nosotros mismos es una verdad de la que tenemos que asirnos. El Espíritu Santo nos enfrenta con la imposibilidad absoluta de llevar a cabo los deseos de Dios por nosotros mismos. Dios ha presentado Su modelo, ha establecido Su objetivo, y nos ha dado a Su Hijo para ser conformes a El, y la siguiente dificultad con la que nos enfrentamos, es la imposibilidad absoluta de llegar a ser aquello.

¿Qué es lo que el Señor dice de nuestra justicia que trata vez tras vez de ser justa? Dice que es como trapos de inmundicia. Nunca encontraremos descanso en nuestras almas, hasta que primeramente hayamos entendido la imposibilidad absoluta de ser como El por medio de lo que podamos encontrar en nosotros mismos. Ninguna cosa que produzcamos o hagamos por nuestro propio esfuerzo, nos conducirá ni un ápice más cerca de Cristo. No lo podemos hacer por nuestra fuerza.

Esta es una palabra de exhortación: Cristo enfrentó al enemigo en toda área en su forma y fuerza concentrada; lo enfrentó como hombre para el hombre, y regresó al trono en el mérito de un triunfo total sobre toda fuerza que los hombres tienen que combatir para satisfacer a Dios. Piensa por un momento, ¿crees que después de todo lo que Dios logró en Cristo, se va a olvidar de Su Hijo y de todo lo que El hizo para el beneficio del hombre, y te va a decir, “haz lo mejor que puedas y eso me complacerá”? Existe solamente uno en este universo del que Dios dice en Su corazón, “En quien tengo complacencia”; este es el Señor Jesucristo. Y si algún día tú y yo alcanzamos tal favor, esto será en Jesucristo y nunca en nosotros mismos.

Cuando hayamos aprendido esto, entonces el Espíritu Santo comenzará la obra de conformidad a la imagen del Hijo de Dios. ¿Qué crees que los discípulos sintieron cuando Cristo fue crucificado? ¿No crees que entró un tremendo desfallecimiento en sus almas? No solamente por ver sus planes estropeados cuando El partió, pero también el desfallecimiento sobre ellos mismos. Así es, pero El lo permitió; esto fue necesario, y tanto tú como yo iremos por el mismo camino si queremos llegar a este lugar. Esto es esencial, y suena muy terrible, pero debería animarnos; en realidad es constructivo. ¿Qué es lo que el Señor está haciendo en mí? Está preparando el camino para Su Hijo, está preparando la tierra para llevarnos a la plenitud de Cristo; esto es lo que El está haciendo. El lo hizo en Pentecostés y luego fue Su respuesta a todo lo sucedido con ellos.

Después de la Cruz y Pentecostés las cosas empezaron a cambiar de una manera interna. De ahí en adelante empiezas a ver que Cristo es manifestado de una manera creciente en aquellos hombres. Hay una diferencia, y la diferencia no es que ellos hayan cambiado tanto como hombres, sino que es Cristo quien mora en ellos, transcendiendo lo que ellos son por naturaleza. En otras palabras, ellos han llegado a un punto en esta relación, en que pueden decir como el apóstol Pablo, “ya no soy más yo, sino Cristo en mí”.

No es que sean ellos mejores hombres, sino que es Cristo que está trascendiendo la naturaleza de ellos; Cristo se hace más real, Su vida es vivida a través de ellos, Su poder es mucho más real en ellos. Tal vez todo nuestro entrenamiento, y enseñanza hayan sido diferentes a ésta: hemos sido entrenados en esta terrible herencia del humanismo, la cual nos dice que seamos lo mejor que podamos; pero debemos entender (y entender muy bien), que nunca podremos atravesar la brecha entre Cristo y nosotros.

En este primer capítulo nos enfrentamos cara a cara con el objetivo de Dios, y lo que El tiene en mira, y cuando hayamos visto a este Cristo, conoceremos que “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia”. Una vez que el Espíritu Santo nos revele a Cristo, entonces El empezará a obrar en nosotros en conformarnos a la imagen del Hijo. Así pues, la primera tarea del Espíritu Santo es mostrarnos el propósito de Dios. Esto es lo que tienes en el Libro de Ezequiel; el templo había sido destruido por quince años, pero Ezequiel fue llevado en una visión y se le mostró este templo al que se le llama “Casa”. Cada vez que se usa esa palabra en la Biblia se refiere a la Iglesia, y cuando trates con la Iglesia estarás tratando con Cristo. Es así que Ezequiel fue llevado en una visión, y se le mostró la casa desde la cual fluía el río. “Y me habló aquel varón diciendo: Has sido traído aquí para este propósito, para que lo veas y para que regreses y lo muestres a la casa de Israel. Cuando ellos lo vean, sabrán cuál es el diseño y se arrepentirán de sus iniquidades. Ellos se darán cuenta en qué radica el problema”. Y así sucede contigo y conmigo: todo esto es un tipo, y este tipo es Cristo. Aquella ley, aquel Antiguo Testamento nos sirvió de tutor para llevarnos a Cristo. Este Libro es un Libro de Cristo, de modo que cuando lleguemos a esta vida, el Espíritu Santo presenta el objetivo de Dios, es decir, al Señor Jesucristo. Vemos así el objetivo de Dios, lo que El tiene en mira, y luego la obra de Su Santo Espíritu es el conformarnos a esa imagen, para que nuestro mensaje no sea sólo un mensaje de palabras, sino el mostrar a la gente lo que Dios desea. Sólo cuando el mundo vea a Cristo, experimentará la convicción, y sólo cuando el mundo religioso vea a Cristo, será llevado a esta verdad de la impiedad de todo aquello que no es Cristo.

Así es que en este primer capítulo somos llevados a la Escuela de Cristo, y ahí se nos hace ver lo que Dios desea, lo que siempre ha deseado, esto es Cristo. El quiere introducir el carácter moral de Cristo en nosotros para que cuando el mundo nos vea, vea a Cristo; esa es la respuesta a todo.

Cuando Pablo dijo: “…y lo tengo todo por basura, para ganar a Cristo”, esto es exactamente la visión que él tuvo, esto es exactamente lo que él estaba diciendo. Todo, todo era basura con tal de ganar a Cristo, pues él sabía desde aquel encuentro con Cristo camino a Damasco hasta el día en que fue llevado a reunirse con El, que el único objeto del amor de Dios era Su Hijo.

Como he dicho, cuando en realidad podemos ver cuán diferente a nosotros es Cristo a través del Espíritu Santo, esta diferencia es tan grande que nos encontraremos como Zorobabel en el libro de Zacarías: Dios lo despertó de su muerte espiritual o del sueño en el que estaba, (tenemos mucho de eso en la Iglesia hoy en día). Dios lo levantó y lo despertó de ese sueño espiritual, y le hizo una pregunta: “¿Qué es lo que ves?”. El respondió, “veo un candelabro de oro”; tú sabes que en el libro de Apocalipsis ese candelabro es la Iglesia y el oro es Dios. Y él dijo, Veo una Iglesia que es toda de Dios. Fue sólo cuando él vio que pudo darse cuenta cuán lejos ellos estaban de Dios. Es solamente a medida que el Espíritu Santo pueda llevarnos a una nueva revelación de Cristo, que nos damos cuenta de cuán alejados estamos de Su propósito.

La Iglesia es Cristo, Cristo reproducido en nosotros. La Iglesia es el modelo de todo; como Pablo dijo, es “columna y baluarte de la verdad”. Es la Iglesia la que hace real a Cristo, y sólo cuando los hombres puedan ver a Cristo estarán conscientes que lo que ellos hacen, lo hacen erróneamente. No puede ser de otro modo. Así que esta es la primera labor del Espíritu Santo, y en repetir no voy a ser redundante, ya que en los próximos capítulos vamos a ir en esta dirección; estaremos tratando el hecho de que nosotros como la Iglesia somos la vasija de Dios, y estamos para reproducir a Cristo en esta tierra, para que cuando los hombres nos vean, tengan que ver a Jesús. Por esto, cuando los discípulos vinieron y le dijeron a Jesús, “muéstranos al Padre”, El les dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. Así también tiene que ser, tanto contigo como conmigo, que cuando ellos nos vean, vean a Cristo. Entonces cuando los hombres vean a Cristo, el camino será claro para poder hallar la voluntad y el propósito de Dios en todo. Esta verdad tiene que asirnos desde el principio.

Nosotros los pentecosteses, no hemos entendido lo que significa Pentecostés. Hemos alcanzado felicidad, hablamos en lenguas, profetizamos, gritamos y cantamos nuestros coros, pero nunca entendimos que el propósito del Espíritu Santo para con nosotros fue sólo uno; que el Espíritu Santo a través nuestro, pueda vivir la vida de Jesús en nuestro tiempo, del mismo modo que El personalmente lo hubiera vivido estando aquí. Es cuando entendemos esto, que podremos entender lo que significa caminar en el Espíritu, ya que sólo de esta manera, el Espíritu Santo nos conforma a esa imagen. En la medida que la imagen de Cristo fluya a través de nosotros, este mundo verá a Jesús, y será llevado a los propósitos de Dios. Esta es la obra principal del Espíritu Santo.

¿Cuál es el objetivo de Dios? Es Cristo. Si habemos nacido de Dios, Cristo está en nuestros corazones. La obra del Espíritu Santo es conformarnos a esa imagen, para que donde sea que estemos o lo que hagamos, no seamos nosotros, sino que sea Cristo.

 

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