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Lección 2.- Quedaos Hasta

Lección 2.- Quedaos Hasta

En Lucas 24: 49 dice: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. La unidad significa un acuerdo; la palabra hebrea “yachad” significa “venir a ser uno”. Como un cuerpo saludable que tiene a todos sus miembros haciendo el trabajo correcto. Entonces, ¡cuán bueno, cuán correcto moralmente, es cuando la gente del pacto está unida, cada uno en su lugar correcto, funcionando en su capacidad máxima!

No codicies el puesto del pastor, no codicies el puesto de tu vecino. Dile, “no quiero tu puesto, tengo mi propio puesto”. No necesito envidiar a nadie, no necesito cantar como alguien, tengo mi propio ministerio, tengo mi propia silla en donde sentarme. Nadie puede ocupar tu asiento. Necesitamos dejar esta falsa humildad que dice, “que el hermano tal y tal lo haga, él es mejor que yo”. Dios no lo llamó para hacer tu trabajo. Cuando tú estás fuera de lugar, entonces arruinas toda la química, arruinas las coyunturas. Las coyunturas deben estar en el lugar correcto, si es que van a producir sangre viva que fluye.

Una vez más, a medida que entramos a este capítulo, debemos saber que el énfasis ahora es tú y yo, quienes somos llamados por Dios para ser el portavoz de la Iglesia de Dios; somos sus “ancianos”, y nuestra labor específica es moldear y fundir este cuerpo de creyentes en un acuerdo, poniendo cada coyuntura en su lugar correcto para que la vida pueda fluir a través del cuerpo.

La Biblia dice que la vida de la carne está en la sangre. La sangre del cuerpo de Cristo es el Espíritu Santo. Hemos enfatizado esto vez tras vez, que existen ambos; cuerpo y espíritu; pero aún así, como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son uno, la sangre y el Espíritu también son uno. La Biblia dice que la vida de la carne está en la sangre. Pero sabemos que la vida del cuerpo de Cristo es la sangre de Cristo. El Espíritu Santo es la vida, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte al darme vida. Y así es como el Espíritu Santo es esa sangre. Dios te ha dado un puesto, de tal manera que el Espíritu Santo te necesita en tu lugar antes que el aceite pueda fluir, el rocío pueda caer, y el estruendo pueda venir del cielo.

Jesús dijo en Lucas 24: 49, “…quedaos…hasta…” ¿Por qué quedarse? Pedro dijo que nadie iba a lavar sus pies, otros querían los mejores lugares, ésta era la actitud en el aposento alto. Jesús dijo, “…quedaos…hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. La palabra “quedarse” significa “sentarse”. La palabra “quedarse” la encontramos en muchos lugares de la Biblia, traducida de diferente palabras, pero la palabra “quedarse”, que es traducida de esta cita, significa “sentarse”. Lucas 4: 20, “Y enrollando el libro…se sentó”. Ahora El está sentado a la diestra del Padre. Jesús les dijo a esos discípulos confusos, “quédense hasta que encuentren el asiento o lugar correcto en este reino para que yo pueda abrir los cielos”. “Sentarse” significa que simplemente encontramos nuestro lugar en el cuerpo, que no estemos tratando de tomar el lugar del otro, sino que simplemente encontramos nuestro lugar.

Así como en la universidad el rector tiene una sillón que le corresponde, aunque pueda estar en otro lugar, también Jesús está sentado a la diestra del Padre. Eso no quiere decir que El ha estado sentado durante dos mil años, simplemente significa que a la diestra del Padre se encuentra Su lugar. Y Jesús dijo, “ustedes quédense hasta que estén sentados en su lugar correcto”. Y otra vez, esto viene a ser nuestra responsabilidad, los que hemos sido llamados a ser el “portavoz” de este cuerpo, el asegurarnos que cada oveja y que cada hermano, encuentre su lugar.

¿Qué estaban haciendo durante 10 días mientras esperaban este poder? Estaban buscando sus lugares correctos en el reino de Dios. “Buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todo lo demás os será añadido” (Parafraseando Mateo 6: 33). Ellos buscaban sus lugares en este reino. Al decirles que se queden, Jesús estaba diciendo “Tengan un pacto, que tu hermano se ponga en su lugar, tú ponte en tu lugar, y todos juntos formen mi cuerpo de tal manera que todos puedan cumplir su propia función al máximo”; entonces, y sólo entonces, oirás un estruendo del cielo.

Hechos 2: 1-4 dice: “…estaban todos unánimes juntos”. ¿Qué es “unánimes”? Es la palabra “yachad”, habitar juntos en unidad, es venir a ser uno. Ellos estaban juntos esos 10 días, buscando sus lugares. La Biblia dice, “…estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo…”. Unánimes: cada uno había encontrado su lugar. ¿Qué es unidad? Unidad es todos en un cuerpo, en sus lugares correctos. Todos estaban unánimes, y juntos, y de repente… En el momento en que estemos listos, el fuego caerá, el aceite fluirá, y el rocío descenderá del cielo.

Dios está levantando iglesias locales, poniéndolas en un lugar para ser incubadoras del Reino. Tenemos que venir a ser la incubadora del Reino de los cielos; cuando eso sucede en cualquier iglesia, será como el buen óleo. El óleo es la vida, la semilla de Dios.

¿Qué es la Iglesia? En primer lugar es la novia de Cristo. Cuando la novia está en unidad, cada miembro funcionando en su lugar, entonces Dios derrama Su vida a Su iglesia que es el vientre de la tierra. Cuando Dios habla a Su iglesia, primero pone el mensaje dentro de Su apóstol, Su enviado; ese eres tú, que has sido llamado. Dios primeramente pone esa iglesia dentro de ese hombre, dentro de esa mujer de Dios. El aceite viene primero sobre la cabeza del “Anciano” de Dios, ese “portavoz”. Dios coloca profetas alrededor de esa cabeza, luego trae al evangelista, al maestro, y todos los dones y oficios; es decir, la Iglesia encaja en su lugar. Todos dicen, “Este es mi lugar y mi ministerio; aquí estoy, pastor, no se preocupe por mis diezmos, estarán acá cada domingo, no se preocupe por mi cuerpo, estará en esa banca, no se preocupe por el piso, estará barrido, no se preocupe por el equipo, estará prendido, no se preocupe por la movilidad, yo me encargaré de esto, no se preocupe por nada, sólo tome su lugar, sueñe su sueño, y yo estaré en mi lugar”. Cuando tomamos nuestro lugar, vendrá la bendición, porque Dios dice, “porque allí envía Jehová bendición”.

El va a señalar a tu iglesia y va a decir, “vida para esa casa, vida para esa casa”. Siempre estamos orando, deseando avivamiento, deseando que Dios se mueva, deseando Su presencia, deseando Su vida. Si en verdad queremos eso, entonces debemos aprender muy bien que si traemos a esa iglesia a un acuerdo, a la unidad, en donde cada miembro está en el lugar debido funcionando con su ministerio, entonces Dios dará vida.

Muchos años atrás, cuando pastoreaba una iglesia en Beaumont, este asunto ecuménico empezó a levantarse: las organizaciones muertas de la vieja guardia estaban uniéndose. Vi que esto era significante, pero no me molestó. Entonces vi por el Espíritu de Dios que esto iba a conllevar a una imitación de pentecostés, a esa unidad, y cuando esto sucediera, sería llevado directamente al demonio. Pero sin embargo, podía ver en la Biblia este llamado a la unidad. Y Dios me dijo en cuanto a la iglesia que yo estaba pastoreando: “Yo no te he ordenado que unifiques esta iglesia con cualquier grupo de creyentes u organización de creyentes; te he llamado a unificar aquellos creyentes que yo he puesto bajo tu ministerio. Tú los reúnes a través de la prédica del mensaje que te he dado por el Espíritu de Dios, traes a cada uno de ellos a esta unanimidad, esto es, cada uno de ellos en su lugar cumpliendo el ministerio que yo les he dado, y yo enviaré vida ahí”. En cualquier otro lugar en donde Dios pueda hablar al hombre de Dios y suceda lo mismo, entonces esas asambleas locales diferentes serán una. Pero ellas no pueden ser una a menos que cada miembro esté en su lugar debido, funcionando en su propio ministerio, porque la vida viene por mandato. No es algo arbitrario, la vida viene por mandato. Dios llama aquellas cosas que no son como si fueran.

¿Dónde empieza el óleo de la unción? Empieza en la cabeza. La palabra hebrea es “rosh”, la palabra griega “anciano,” “episcopado” u “obispo”. La unción del Espíritu Santo no empieza en un comité. ¿Eres llamado a ser la cabeza, la voz? Sólo deja esa oficina a algún comité, a alguna junta; déjalos que empiecen a tomar decisiones acerca de la actividad espiritual de ese cuerpo, y el fluir se detendrá inmediatamente, porque el fluir de la unción empieza en la cabeza. Moisés era la cabeza de la iglesia del Antiguo Testamento. Aarón era el portavoz. Jesús es la cabeza de la iglesia del Nuevo Testamento, El es nuestra cabeza.

El óleo viene del Padre – La palabra “desciende” viene de la palabra griega “yarad”, Y es la palabra “Jordán”. Como el río Jordán siempre desciende, la unción siempre desciende. Esto tiene que ser una realidad en tí. La Iglesia se ha desencajado, porque el oficio del “anciano” de Dios, el pastor, el “portavoz” de Dios, ha sido tomada por lo que llamamos “concilio”, o “diáconos”, cuya labor debía ser esperar en las mesas para que el hombre de Dios, la cabeza de esa iglesia pueda estar en su lugar en donde pueda descender el aceite sobre él. La unción siempre desciende. Los oficios se levantan por la fuente de la unción. El aceite desciende de la cabeza que es Jesús, a la barba, la barba de Aarón, quienes somos nosotros. ¿Quién era Aarón? El era el ministro; el portavoz de Moisés.

¿Entonces qué sucede? Dios unge a Cristo, y Cristo unge al “hombre de la barba”, a tí y a mí. El hombre llamado de Dios es el “hombre de la barba”. La unción para el reino de Dios en tu pueblo va a descender del Padre, a través del Hijo, y saldrá de la boca del hombre de Dios. Si el “hombre de la barba”, el predicador (quien eres tú), no lo habla, nunca sucederá. El aceite descenderá de la cabeza a la barba, hasta las vestiduras. ¿Qué son las vestiduras? La palabra hebrea es “peh” que significa “la boca”. Literalmente, es la boca del cuello – también, es la boca de fe, y la confesión del cuerpo. Tenemos que salvar a los jóvenes, tener a los siervos y las siervas confesando, y los hijos y las hijas creyendo y esperando. Y en el momento en que estemos unánimes, en nuestro lugar debido, el aceite va a fluir y el rocío va a caer. La palabra para “rocío” es “la cobertura,” y fue esa cobertura la que trajo el maná. ¿Cuántos realmente queremos que el maná caiga en la Iglesia? ¿Cuántos quieren que el aceite de la unción fluya sobre el ministerio? ¿Cómo podemos obtenerlo? Simplemente por habitar juntos. Eso no quiere decir desperdiciar el tiempo juntos, significa edificar tu vida en este cuerpo, significa que tú, como el portavoz de Dios, edifiques cada miembro en ese cuerpo. Trayéndolos, mostrándoles que hay un lugar para ellos, y que no hay ningún lugar tan importante como el de ellos. No importa cuán insignificante parezca, debe estar en su lugar para que el cuerpo funcione, y para que Dios envíe Su vida. Esta es nuestra labor como portavoz: edificar todo esto en este cuerpo, edifícarlo con un pacto hasta que la muerte te separe de ello, con los miembros de este cuerpo, juntos, en compromiso total, para que podamos ser la incubadora del reino de Dios; de esto es que se trata. Que lleguemos a ser esa incubadora a través de la cual la vida pueda nacer. Para que esto suceda, debemos estar unidos con un acuerdo, debemos encontrar nuestro lugar en este Reino; no podemos usurpar el lugar de otros, debemos encontrar nuestro lugar en este Reino, debemos funcionar en ese lugar. Y cuando Dios vea a ese cuerpo de creyentes, unánimes, ahí El enviará Su vida.

Quiero ver estos tres puntos, otra vez. ¿Quieres que el aceite de la unción fluya sobre el ministerio? Tú vas a ser el portavoz de la iglesia; tú, por supuesto, lo deseas. Luego la pregunta es, ¿cómo podemos obtenerlo? Habitando juntos. Estoy repitiendo esto porque quiero producir un lugar en donde Cristo pueda vivir, un lugar en donde una comunidad pueda encontrar a Dios. Esto significa que debemos habitar juntos; eso no significa desperdiciar el tiempo juntos, significa edificar nuestras vidas en este cuerpo. Como un ministro, invierte tu vida en ello, y entonces por la palabra de Dios edifica a los miembros en ello. El tuyo es un llamado único a ese púlpito como el portavoz de Dios para hablar la palabra de Dios a ellos, esto es verdad.

Pero ese creyente allá afuera, no importa qué ministerio tenga, debe entender que su lugar en el cuerpo de Cristo es tan importante como el tuyo; él debe saber esto. Porque a menos que él esté en su lugar, tú no podrás funcionar; y si tú, como el hombre de la barba, el portavoz de la cabeza que es Jesucristo, no puedes funcionar, entonces el aceite no puede descender sobre tí; y si no desciende ni fluye a través tuyo al cuerpo, entonces sólo somos otra sociedad de debate religioso. Edifica en ese pacto hasta que la muerte te separe de él, todos juntos en un compromiso total, para que tú y yo podamos venir a ser en verdad, la incubadora del reino de Dios. Debemos renovar la Iglesia, debemos tener un avivamiento de la presencia de Dios, y la clave para esa presencia es traer a ese cuerpo de vuelta a la unanimidad, una mente. Y la clave para que esto suceda eres tú, entonces debes ver lo que es la unidad y cómo es que debe ser traída; no sólo debes saberlo con tu cabeza: esa unidad debe nacer en tí, de tal forma que la reproduzcas en donde Dios te ponga.

 

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