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Lección 2.- La Sangre Todo Poderosa

Lección 2.- La Sangre Todo Poderosa

 

Vayamos a Hebreos 9: 19-22, “Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley , con la sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Nuevamente en Romanos 5: 9 se nos dice que somos justificados en Su sangre.

1 Corintios 11: 25 habla del nuevo pacto en la sangre de Jesús.

Luego en Efesios 1: 7 dice que tú y yo somos justificados o redimidos a través de la sangre de Cristo. En 1 Pedro 1: 19 dice que esta Sangre es preciosa.

Primero que todo veamos la santidad de la sangre. Estamos familiarizados con el mandato de que las ofrendas del Antiguo Testamento tenían que ser sin mancha: cuando se descubría una falta en un sacrificio, era rechazado de inmediato. Igual era con la sangre del Señor Jesucristo y éste es el testimonio de la santidad de Su vida. También es la naturaleza del depósito divino dentro de la persona nacida de nuevo, convertida en hijo de Dios. No somos perfectos, pero la vida de Jesús que está dentro de nosotros es perfecta, tenemos la garantía de la perfección. La preciosa Sangre nos limpia y lo hace en todo momento. Cuando caminamos en la luz, como él está en luz, la sangre de Jesucristo nos está lavando continuamente y limpiando a la vez; ella tiene el poder para hacerlo. Cuando leemos de los sacrificios en el libro de Levítico, tenemos la ofrenda quemada, la ofrenda por el pecado, tenemos todas estas ofrendas que sacaban el pecado de su lugar escondido, aun del estado inconsciente. Cuando vamos al Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo abarca todo esto. La Sangre del Señor Jesucristo quita todo el pecado de los lugares más profundos de nuestro ser, aún pecados inconscientes y los lava; nos limpia y nos hace volver en comunión perfecta con Dios, mientras vamos creciendo en El, El nos revela estas cosas y así somos liberados. Esto es la santidad de la Sangre.

En segundo lugar, queremos ver el derramamiento y rociar de la Sangre. Primero que todo, el derramamiento de la Sangre se relaciona a todo lo concerniente del pecado, de la culpabilidad, la muerte y del juicio. Por el derramamiento de la Sangre hay remisión, y todo el fundamento de la salvación está asegurado. No es por obras de justicia que yo haya hecho, sino es por Su misericordia que El me ha introducido en esta esperanza de vida. Yo soy nacido de nuevo hoy, soy un cristiano hoy, soy aceptado en Cristo hoy por la sangre de Jesucristo. El que no conoció pecado, tomó mi pecado para que yo sea hecho la justicia de Dios; por lo tanto Dios, a través de la Sangre, justifica al impío. Recuerdo cuando nací de nuevo en 1,949 en una pequeña iglesia de las Asambleas de Dios en Alicia, Tejas. El varón de Dios predicó; yo nunca antes escuché el Evangelio ni lo conocía, pero esa noche lo creí. Me acerqué al altar (tenía veintisiete años), y vino un muchacho de siete años también y nos arrodillamos; éramos los únicos en ese altar. Ese muchacho no sabía lo que era el pecado, y yo no conocía otra cosa fuera del pecado; pero cuando nos levantamos, yo estaba tan limpio como ese muchacho porque la Sangre de Cristo me limpió de veintisiete años de pecado y de ser pecador, y fue como si nunca hubiera pecado. Ese es el derramamiento de la sangre sobre una vida.

Es por el rociar de la Sangre que llegamos a una comunión viva y vocacional con Dios. El tabernáculo y el sacerdocio del Antiguo Testamento representaba no solamente la salvación de Israel, sino el ministerio sacerdotal de Israel hacia las naciones.

Aunque el Tabernáculo era perfecto en estructura, y el sacerdocio era completo en número y ornamentos, nada o nadie podía funcionar hasta que cada parte, el altar, la fuente, la mesa, las cortinas, los candeleros, el arca de oro, (Exodo 25:17) el propiciatorio, los vasos, los instrumentos, y el oído, pulgar o dedo del pie habían sido rociados con sangre. Nada puede vivir en el servicio y ministerio de Dios, salvo en virtud de la sangre esparcida. La estructura más perfecta o la organización más grande y el propósito más devoto van a fallar al funcionar en el interés del Dios eterno, fuera de la preciosa sangre de Jesús. El Espíritu Santo es el fuego de Dios y es absolutamente esencial para la vida espiritual y la energía.

El Espíritu Santo sólo viene donde la Sangre ha sido rociada; esa es la única forma en que El viene. El es el fuego, El es el purificador, pero no va a venir a menos que la Sangre haya sido esparcida. Los no salvos no pueden recibir el Espíritu Santo. Los pentecosteses unitarios están seriamente equivocados cuando dicen que no hay salvación hasta que seas bautizado en el Espíritu Santo. Esa Sangre debe ser aplicada y cuando esto se hace, entonces lo relacionado al pecado ya habrá sido tratado. Es una afrenta a la sangre de Jesús cuando un hombre añade algo a eso. Es la Sangre la que limpia, y el Espíritu Santo sólo viene cuando la Sangre ha sido aplicada. La Sangre y el Espíritu son uno y siempre van juntos. La sangre es para la preparación, mientras que el Espíritu Santo es como la confirmación o testimonio. La llenura del Espíritu es el testimonio del hecho de que la Sangre ha limpiado el templo. El Calvario precede al Pentecostés; la cruz es el camino a la glorificación, y el estar crucificado con Cristo es haber dejado de lado la carne sobre la cual el aceite no puede venir. En el Antiguo Testamento tenemos el tipo perfecto del aceite de la unción, ese aceite santo, esa unción especial; si una mosca entraba, tenía que ser desechado. Era un tipo del Espíritu Santo y nunca podía ser puesto sobre los inmundos. Nunca debía ser puesto sobre la carne; Dios nunca va a vivificar lo que El ha rechazado, El nunca va a glorificar, ni va a usar en su servicio aquello que es del hombre. Necesitamos conocer esto.

Tú vas a ser usado para revivir esa Iglesia de la que vienes y restaurarla a ser ese vehículo y ese vaso del que hablamos, cuando hablamos de la persona de Cristo. Tú vas a ser usado ahí y debes entender la verdad que te estamos mostrando. Dios nunca va a glorificar lo que El ha rechazado, El nunca va a usar en Su servicio lo que viene de la carne.

El siguiente factor en la sangre en su función como la vida es su calidad de ser incorruptible y además indestructible. ¿Qué significan estas palabras? Si tú no puedes corromper algo no lo podrás destruir tampoco. Si Adán no hubiera pecado él habría vivido para siempre, podría haber participado del árbol de la vida y haberlo hecho para siempre. Esta es la vida sobre la que la muerte no tiene ningún poder, la vida de la sangre de Jesús. El infierno ha sido invadido y ha sido despojado por el poder de esta vida; Satanás y todo su reino han sido destruidos por el poder de esta vida. Jesús en su muerte descendió al Hades, pero es una mentira cuando se dice que El fue quemado ahí; el no fue ahí para someterse al diablo. El cumplió la justicia de la ley y los mandatos de la ley en el Calvario.

(Romanos 5:12) La muerte ha pasado a todos por cuanto todos pecaron; pero El que no conoció pecado, llevó ese pecado, murió por nostros, y llegando a las oscuridades del infierno, tomó las llaves de la muerte, del infierno y de la tumba. El ha despojado al infierno por nosotros, y se paró en el huerto el día de Su resurrección y dijo, “Yo tengo las llaves de la muerte, del infierno y de la tumba y porque yo vivo, tú también vives”. Esta vida que El nos ha dado nunca puede morir. El que era y que es, ahora vive para siempre, como el testimonio del triunfo universal de su propia Sangre sobre toda la fuerza que se para en el camino del fin de Dios. Debemos creer en esta Sangre, debe ser restaurada a la Iglesia; debes predicarla, y predicarla hasta que los corazones sean penetrados y tengan la revelación fresca que los impacte de una manera nueva y auténtica, para que entiendan que la preciosa, preciosísima Sangre es la respuesta a todo.

Por Su vida indestructible, Jesús perfeccionó la salvación. Nunca nada antes fue perfecto, porque los otros mediadores eran cambiados porque morían; pero este Sumo Sacerdote es perfecto para siempre, porque El vive por el poder de una vida indestructible. Fue la sangre de Jesús que hizo posible que tú seas lo que eres hoy, y es la sangre de Jesús que hace posible que tú continúes siendo lo que eres hoy.

Por su vida indestructible El nos ha ligado con El; compartimos Su vida a través del nuevo nacimiento y nunca moriremos. Comprendamos que la muerte no es el fin de la existencia, es algo espiritual. La vida triunfa sobre la muerte y esto es espiritual y significa victoria sobre el pecado, el “yo” y Satanás. La muerte para el cristiano realmente no es muerte. La sangre del Señor nos ha dado acceso al Lugar Santísimo, y nos da la seguridad que tenemos ya una vida indestructible, porque no puede ser corrompida. La muerte gobernó a través de Adán: por la desobediencia (Romanos 5:19) de un hombre, todos fuimos pecadores; la muerte pasó a todos nosotros. Pero Jesús vino y venció a la muerte de una sola vez. Repito que la muerte no es el fin de la existencia, la muerte es algo espiritual. Tres días y tres noches, el mundo pensó que la muerte había ganado, pero en el tercer día El salió de la tumba con las llaves de la muerte, del infierno y de la tumba; El había conquistado a la muerte. Cuando tú y yo morimos, no morimos espiritualmente, sólo cambiamos nuestra dirección de un lugar en esta tierra, para estar para siempre con el Señor. Esta vida indestructible del Señor Jesucristo ha inaugurado un ministerio y una obra que va a seguir hasta su conclusión final, a pesar de todas las fuerzas de la tierra y del infierno que arremetan contra ella. A través de esta vida, El ha inaugurado esto.

Imperios han sido llevadas a la ruina al tratar de ir contra lo que El dijo que iba a edificar; las puertas del infierno no prevalecerán contra su Iglesia. Es una bendición estar y ser parte de ese trabajo asegurado por la Sangre, que va a permanecer para siempre. Es triste para mí cuando veo al país donde nací; yo creo que finalmente será destruído; la América que yo conocí cuando era niño ha cambiado; ahora es un mundo violento. Es un mundo de socialismo, es un mundo que busca la prosperidad, es un mundo donde las personas que se creen libres no son ni siquiera lo libres que fueron antes. Es una cosa temporal que va a pasar, pero puedo decirte con gran esperanza que soy parte de aquello que nunca va a ser destruido y nunca va a cambiar. Este mensaje debe ser proclamado, que todo esta ha sido conseguido por la sangre Todopoderosa del Señor Jesucristo.

Si la obra de un hombre termina cuando él es retirado, simplemente significa que la obra era del hombre y no de Dios. El testimonio al que Dios se relaciona es la de una obra que permanece y persiste. Cuando todas las fuerzas destructivas se hayan agotado, incluyendo toda arma que el enemigo haya utilizado contra la Iglesia, ella aún continuará siendo la Iglesia. Cuando los dirigentes de grandes empresas y corporaciones que hicieron guerra en contra de la Iglesia de Dios, hayan estado en el infierno un billón de años, aún habrá una Iglesia comprada por la sangre de Cristo Jesús.

Hay toda clase de alarmas hoy debido a los cambios rápidos y drásticos: El cristianismo organizado está en problemas hoy; el mantenimiento del sistema religioso demanda de todos los recursos, agudeza, ingenio y programas de hombres astutos. Nunca ha habido tantas atracciones, programas, métodos, etc. para entretener a la Iglesia. ¿Has visto semejantes cosas alguna vez llevadas a los púlpitos? Hombres quebrando ladrillos con sus cabezas, y doblando barras de hierro. Tenemos payasos en los púlpitos, cómicos que se paran y vienen en lo que ellos llaman en el Nombre de Cristo. ¿Sabes lo que es esto? Todo esto nos habla de fracaso y derrota. Detrás de esta religión burlesca y falsa, Dios tiene una Iglesia sobre la cual el infierno no puede prevalecer.

Contender por la fe una vez entregada a los santos, es más que contender por ortodoxia de doctrina o abogar por un credo evangélico, es más que ser un fundamentalista. Es reconocer y buscar seriamente aquello que Dios ya tiene establecido en Su corazón. Esto es, gente consagrada en el altar, la cruz, y la sangre. Personas que han sido crucificadas con Cristo y cuya vida es un testimonio de la victoria del Calvario sobre todo enemigo de Cristo en todo sentido; personas a través de quienes Dios por su espíritu puede darse a sí mismo. Eso es lo que tú y yo tenemos que dar. Esa es la razón por la que te digo en esta escuela de Cristo, que estamos aquí para que nuevamente seamos llevados en forma intensa a esa unión, para que podamos salir de aquí a proclamar la verdad tal y como es en Cristo.

La Iglesia ha sido una víctima de Satanás debido a su falta en reconocer completamente las virtudes de la preciosa Sangre y la dignidad de aquel que la derramó. “Gracias a Dios por su don inefable” (2 Corintios 9:15), exclamó el apóstol Pablo. Al decir esto, quiero llamar tu atención a las ofrendas mencionadas en Exodo, en Levítico y en Números.

Un estudio aplicado de esas ofrendas revelan dos cosas: Primero, es que Dios ha hallado pecado, aún en el lugar más escondido y secreto. Aún en el inconsciente, El lo ha escudriñado. Lo accidental, lo involuntario e insospechado, todo es tomado en consideración en estas ofrendas. Dios considera el pecado ahora como un estado, y no sólo como un acto deliberado. Esto es claramente mostrado si leemos cuidadosamente los libros anteriormente mencionados. Segundo es que, después de haber escudriñado el pecado en sus más remotos escondites, Dios ha provisto para tratar con él hasta la más pequeña insinuación. Debemos presentar ofrendas quemadas para que, como creyentes, podamos ser aceptados y hallados perfectos en relación a todo lo que sea la voluntad de Dios. Encontramos esto en Colosenses 4: 12, Levítico 1 y Hebreos 10. Luego tenemos la ofrenda de flor de harina para poder obtener una perfección moral, no de nosotros mismos sino presentada por fe (Levítico 2). “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios…” ( Romanos 12: 1). Vemos todo lo que implicaba esta ofrenda en Hebreos 10: 10 y 13: 21. La ofrenda de paz no era sólo para tener acceso y ser acepto a Dios, sino para tener comunión y ser uno con El (Levítico 3, Colosenses 1: 20, Romanos 5: 10). Después, la ofrenda por el pecado, el pecado en su aspecto más positivo, o sea el pecado por ignorancia o inconsciente, que no interfiere con la comunión viva a traves de traer muerte espiritual, ya sea por nuestras propias fallas o por la contaminación por contacto (Levítico 4: 5). De todo esto, lo más importante para tener un testimonio vivo del derrocamiento completo de Satanás, es una aprensión y apreciación adecuada del Señor Jesucristo en el valor de Su sangre.

Hay algo que es omnipotente en la muerte del Señor Jesucristo. Mucha gente no reconoce la importante distinción entre su crucifixión y Su muerte. La crucifixión es la parte del hombre; el hombre crucificó al Señor de gloria. Pero la muerte fue Su parte. Todas las cruces que se han hecho siempre y todos los hombres que alguna vez las hicieron y fabricaron, nunca pudieron haber matado al Señor Jesucristo sin Su consentimiento. En Juan 10: 17-18, el Señor dice: “…yo pongo mi vida…Nadie me la quita”.

En la predicación de Cristo crucificado, no sólo debe ser mencionado lo que meramente hicieron los hombres con El, sino lo que El, el Señor Jesús, permitió que los hombres hicieran, y lo que El hizo a través de lo que ellos hicieron. La muerte de Cristo no es un acto del hombre ni tampoco del diablo. Satanás y el hombre trataron de matarlo muchas veces, pero su hora no había llegado. El estableció la hora en que todo se iba a realizar. Los principales sacerdotes dijeron, “No en el día de fiesta…”, (Mateo 26:5) pero Jesús la tomó de sus manos, de las manos de Judas, El la precipitó y en el día en que estuvieron en el aposento alto, El fijó la fecha. Sabiendo que Judas estaba bajo autoridad le dijo, “…Lo que vas a hacer, hazlo más pronto” (Juan 13: 27). Cuando Jesús entregó Su vida para luego tomarla, lo infinito estaba involucrado en este acto deliberado; todo esto tenía que ver con Su soberanía universal absoluta.

Vemos el pecado como el principio; la vieja creación como la esfera; Satanás como el gobernador en ese reino; la muerte como la consecuencia y el juicio como el inevitable prospecto y realidad, todos están involucrados en la muerte de Cristo, todo lo mencionado fue tratado, y ese régimen llegó a su fin en Su muerte. El asunto en su totalidad está centrado en la persona de Cristo. El tuvo que ser capaz de actuar tanto como representante del hombre rechazado por Dios a causa del pecado, y como representante de recibir todo el juicio de Dios sobre el hombre, por el pecado. Sin embargo, al mismo tiempo, debido a que el pecado no es algo inherente a El, por que El es totalmente sin pecado, la muerte y el infierno no pudieron detenerlo. Nunca hubo una persona como el Señor Jesús, Hijo del Hombre, Hijo de Dios.

El derramamiento de Su sangre fue, por un lado, Su sometimiento voluntario a la ira y a la destrucción por parte de Dios, como hombre, para el hombre. Por otro lado, el derramamiento de su Sangre fue para decir a la muerte, al infierno y a la tumba, “yo te concedo todos tus reclamos en el lado del postrer Adán y cumplo con todos tus reclamos al ser hecho maldición por el pecado; pero hay otro lado en mí en el que no tienes poder porque no tienes cabida en mí, por lo tanto, como con Amán, la horca que preparaste para mí será tu fin. Por lo tanto Satanás, te digo, Yo soy tu Señor, yo te despojo de tu dominio y te quito todo el botín”.

 

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