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La Escuela se trata de vida. Aunque el conocimiento acabado y la doctrina están incluidos en nuestro aprendizaje, éstos son nada sin la vida de Cristo manifestada en el creyente.

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Lección 8.- Palabras Ociosas Y Conversaciones Necias

Lección 8.- Palabras Ociosas Y Conversaciones Necias

Tenemos que hacer real en nuestras vidas el hecho de que no es tanto aprender de Cristo, sino que tenemos que aprender a Cristo, y aprender es permitirle a El que viva Su vida a través de nosotros. Comprendemos perfectamente bien que El no ha venido a compartir Su vida con la nuestra, sino que El, el Espíritu Santo, ha venido a vivir la vida que Jesús hubiera vivido si El estuviera aquí, y a vivirla a través de nosotros.

Hemos estado tratando con muchas cosas que impiden Su poder en nuestras vidas. Tú y yo quizás ya lo sabíamos, pero lo revelamos nuevamente a nuestros corazones, que es posible tener esta vida en nosotros y sin embargo el mundo solo ver lo que Dios dice que tiene que estar muerto.

Leamos en Mateo 12: 36 “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Las conversaciones necias, palabras ociosas, y burlas, revelan una falta de espiritualidad real.

No hay nada mejor que identifique al cristiano superficial a quien no le importa los demás que este fluir constante de tonterías y bromas. Esto no significa que un cristiano no pueda divertirse en forma moderada, pero si esto es lo que marca su vida, entonces no hay lugar para Dios en esa vida. El dijo: “Conversaciones necias, ni aun se nombren entre vosotros”. Para algunos quizás esto no parezca muy importante, pero quiero decirte que hay pocas enfermedades espirituales más devastadoras o más contagiosas.

Si Dios hubiera podido detener a Israel de murmurar, El hubiera podido introducirlos en la tierra prometida en un mes. Fue esta constante murmuración, quejas, necedades, su deseo de regresar a Egipto, que los mantuvo en ese círculo permanente en el desierto. Deseo exponer que ése es el problema más grande en la Iglesia. Dios pone a las conversaciones necias en la misma categoría de algunos compañeros no muy atractivos. “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias” (Efesios 5: 3-4).

Jesús dijo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones,…las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. El lo dijo en Marcos 7: 21-23. De acuerdo a las palabras de Jesús, las necedades van a contaminar al hombre, igual que la fornicación.

Podemos apuntar nuestro dedo al fornicario, como la persona inmoral que es verdaderamente, pero a la persona burlona y necia, Jesús la colocó dentro de la misma categoría. Hay muchos que no van a matar, ni a robar, pero desde el púlpito por sus palabras necias, revelan que están contaminados por dentro. Todo esto sale de adentro del corazón del hombre. Muchos que son culpables del pecado de necedad, de excesivas e infructuosas conversaciones, van a decir que esta verdad es fanatismo, y van a defender su pecado favorito. Ellos te dirán que es un error tomar las cosas tan seriamente; pero te digo que la salvación de los perdidos, y la liberación de los que sufren es un asunto serio. Cuando vemos alrededor y reconocemos la condición de la generación en que vivimos, entonces podemos decir que no hay lugar para las risas y las tonterías.

Cuando Nehemías llegó a esa ciudad, se dice que por tres días él la inspeccionó. La miró completamente. El vio que las paredes se habían caído y que las puertas estaban quemadas. Te lo digo, él nunca se dejó llevar por un ataque de risa. Había una gran carga acumulada en el corazón de ese hombre. Nunca he visto un hombre necio que tuviera el poder de Dios verdaderamente obrando en su vida.

He visto hombres sinceros ser tontos a veces. Y yo no estoy yendo contra esto. Pero nunca he visto un hombre necio, que de vez en cuando trate de estar serio, que haya tenido jamas el poder de Dios obrando en su vida. Dios ha escogido obrar a través de la palabra hablada por representantes en el mundo. Sus representantes somos nosotros. Yo le represento a El aquí en el tiempo, El me representa a mí ahí en la eternidad; yo le represento a El aquí donde El fue rechazado; El me representa a mí allá donde El es aceptado.

Jesús dijo: “…las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6: 63). ¿Cuáles son tus palabras, son espíritu y son vida? Algunos dicen que las bromas ayudan a olvidarse de sus problemas. Jesús olvidó Sus problemas al remediar los problemas de otros; la Biblia me dice a mí que aquel cuyo pensamiento en El persevera, Dios lo guardará en perfecta paz. Santiago compara las palabras que salen de nuestra boca, al agua que sale de una fuente. Leamos Santiago 3: 10-12, en donde se encuentra esta gran verdad; “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas…?”. Santiago insiste que una fuente debe echar la misma clase de agua todo el tiempo, no dulce y amarga a la vez. Santiago luego agrega, “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Santiago 3: 13).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4: 29). Las palabras que no son para la buena edificación son palabras ociosas. Palabras ociosas significan, vanas, necias, sin provecho. Son palabras desperdiciadas. Dios ha dado a las palabras de los creyentes autoridad y poder, que las hace preciosas. Las cosas preciosas no deben ser desperdiciadas. ¿Quieres el poder de Dios? ¿Realmente lo quieres? ¿Realmente quieres ser aquella vasija a través de quien Dios pueda obrar?, entonces no dejes que esas tonterías salgan de tu boca. Las palabras de los creyentes deben ser palabras de autoridad. “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y que no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11: 23). En términos no inciertos, Jesús dice que el creyente tiene poder para hablar con autoridad. El nos está hablando a tí y a mí. Este es el mismo poder que El usó cuando habló al viento y al mar en Marcos 4: 39. Josué usó el mismo poder para detener el sol en Josué 10: 12-13. Jesús demostró el uso de este poder cuando le habló a la higuera en Marcos 11: 14.

Fue a esta gente cuyas palabras podían traer liberación al cautivo, que Jesús advirtió que las palabras ociosas serán llevadas a juicio. Si realmente queremos el poder de Dios, entonces tenemos que tomar esto muy seriamente. Si queremos ser como Jesús, si queremos andar como Jesús, si queremos obrar como Jesús, entonces vamos a tener que oírlo en este mensaje sobre “Palabras Ociosas y Conversaciones Necias”.

Jesús es nuestro ejemplo; caminemos junto a El en estos evangelios: en ningún momento lo vas a ver rodando por el piso en ataques de risa, lo vas a encontrar llorando sobre Jerusalén. Lo vas a encontrar hablando de la condición de Su tiempo a los corazones de los hombres, y nosotros debemos ser de la misma manera. Como El fue en el mundo, así también nosotros. Las palabras que deberían traer vida, se convierten en palabras necias; Dios no va a permitir esto. 1 Pedro 4: 11 dice, “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios…”. Esto debería y debe gobernar el lenguaje de aquellos que van a traer el poder de Dios a su generación. “…de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6: 45). Gozo es un fruto del Espíritu. “Entonces nuestra boca se llenará de risa; y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres” (Salmos 126: 2-3).

El cristiano que no tiene gozo es un cristiano débil. Es un mal representante de la fe, y va a probablemente perder su relación con Dios y buscar ese gozo en otra parte. Pero el gozo que da fortaleza es cuando nos regocijamos en el Señor. No es regocijarnos en el poder de la carne o en nuestra propia razón, o por un ritmo especial de música. No se trata de algún payaso tratando de representar a Cristo; es el mismo gozo del Señor Jesús cuando El había cumplido el propósito de Dios, y es este gozo que tú y yo tenemos; este gozo que recibimos porque le hemos dado gozo a Dios, y que nos da la fortaleza para perseverar. No quiero decir que no hay humor en la conversación del cristiano, o en la predicación de la palabra. Muchas veces nuestra prédica puede tener humor, pero aun así es santificada. Es así como es, algunas cosas tienen humor pero aun así son santificadas.

Creo en el libro de Isaías, él dijo que la cama será corta para poder estirarse, y la manta estrecha para poder envolverse; tú sabes, el calor de la frazada está en sobreponérsela, en la habilidad de acomodarla; creo que Dios está diciendo, que el caminar de este cristiano no es tan angosto que no pueda haber lugar para un poco de risa, ni tan corto que un hombre no pueda estar molesto sin pecar. Frecuentemente, un poco de humor usado para ilustrar algún punto puede ser beneficioso, y como tal, no son palabras ociosas. Bien, la razón por la que hablamos tantas palabras ociosas, es porque hablamos demasiado. Dios nos dice, “…tardo para hablar…” (Santiago 1: 19). ¿Sabías que se necesita el mismo poder para mantenernos quietos que para hablar? El espíritu en este siglo es un espíritu de ligereza siempre en aumento, que hace que el pensamiento serio sea difícil de practicar, tanto para los santos, como para los pecadores. Te declaro que en Estados Unidos, la televisión nos ha llenado de espectáculos de debates vanos ¡y las cosas que dicen! No puedo creer que en una nación, millones de personas se sientan frente a esta caja y observan a hombres hablando de tantas maldades y tonterías. La gente habla mucho, demasiado.

Esto caracteriza mucho a la Iglesia en nuestro tiempo, y es la razón por la que hay necedades. En estos tiempos se necesita de un esfuerzo real y consagración para estudiar, para estar quieto, y esperar delante de Dios lo suficiente como para conocer Sus pensamientos y para hablar Sus palabras. Una persona seria es vista como una persona rara en nuestro tiempo. Vivimos en un mundo tan necio y ocioso que estamos creyendo que si podemos lograr que los americanos u otros exploten en un ataque de carcajadas, todo estará muy bien. No va a ser así y no es así. El hombre sabio esperará. “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría” (Proverbios 17: 27). “…Mas la boca de los necios se alimentan de necedades” (Proverbio 15: 14). “…En las muchas palabras no falta pecado” (Proverbios 10: 19). “…de la multitud de las palabras la voz del necio” (Eclesiastés 5: 3). La santidad es un requisito absoluto si queremos el poder, pero la santidad no está completa hasta que la lengua no esté sujeta. “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1: 15). Dios nos ha encargado que hagamos libres a los enfermos y endemoniados. En la gran comisión de Marcos 16: 15-18, Dios nos ordena que vayamos y hagamos estas cosas.

Pero yo quiero decirte, que tú sabes que esto es un hecho: no importa quién seas tú o quién fue tu papá, tú no podrás liberar a otros hasta que tú mismo hayas sido liberado. Conságrate a Dios de nuevo. Presenta tu cuerpo en sacrificio vivo, todo tu cuerpo, tu lengua, tus labios, tu voz, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal…” (Colosenses 4: 6). “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia” (1 Timoteo 6: 20). ¿Sabes?, en el libro de Apocalipsis, capítulo 11, está Juan con las visiones de Dios y nos está hablando en esta revelación. Viene un hombre en medio del templo a medir a los que adoran en él ¿Por qué medir al adorador? Para asegurarse que cabe en el altar.

¿Qué significa esto? Significa que todo lo de nosotros está comprometido. Deja de lado todas esas cosas que van a impedir que el poder de Dios fluya a través de tu vida. Dios puede y va a avanzar sin tí, pero si tú quieres avanzar con Dios, entonces tendrás que ir a la manera de Dios. Somos llamados a predicar el Evangelio en el poder y la demostración del Espíritu Santo. Tú no te puedes desviar de esto; tú tienes que predicar en el poder y la demostración del Espíritu Santo, porque esto es lo que has sido llamado a hacer. Así como El fue en el mundo, nosotros también. No hay forma de hacer tratos con Dios y decir que estoy dispuesto a ir y predicar las palabras, pero no deseo pagar el precio para demostrarlo.

El llamado de Dios es irrevocable. Tú has sido llamado por Dios para predicar este Evangelio en el poder y la demostración del Espíritu Santo. Las promesas son para tí, tan seguras como tu llamamiento, pero debes cumplir las condiciones, si quieres hacer la voluntad y la obra de Dios. Esta Escuela no es para llamarte a predicar, sino para prepararte para que prediques el Evangelio en la manera que has sido llamado a predicarlo. Durante 3 años Jesús trató con Sus primeros discípulos: El les enseñó por medio del diálogo, El les enseñó permitiéndoles que lo observen en Sus obras, El les enseñó sobre la oración estando con ellos en las reuniones de oración. Todo esto les enseñó, y ellos entendieron perfectamente que tenían que hacer esto, pero aun así antes que El se fue, les dijo: “No los dejo sólo con palabras; quédense aquí hasta que sean investidos con poder de lo alto, hasta que lleguen al punto donde lo suyo no sea un evangelio de palabras solamente, sino de poder y demostración del Espíritu Santo” (Paráfrasis). La Biblia dice que esos 10 días ellos esperaron; la palabra “esperar” (como ya te he enseñado), significa esperar para encontrar tu lugar en este cuerpo y comprometerte totalmente a él. Permite que Dios saque de tu vida todo aquello que impide que tú entres a formar parte del lugar donde El te ha llamado.

El se quiere derramar a través de tí, y tú como Pablo dirás, “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo vive en mí…” (Gálatas 2: 20), y “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13). Yo estoy en El, El está en mí. El es la vid, yo soy el pámpano. Y mientras que yo, el pámpano, permanezca en El quien es la vida, entonces la misma vida, el mismo poder, el mismo gozo, la misma victoria estarán en mí como el pámpano, así como están en El como la vid. Las promesas son para tí, pero tú debes llenar las condiciones.