+ 591 774 88777

edcenbolivia@gmail.com

Av. Ecológica y Calle Caracol

Cochabamba, Bolivia

Síguenos
 

Lección 2.- La Función De La Fe

Lección 2.- La Función De La Fe

 

Cuando tú consideras lo que la Biblia dice acerca de que, lo que no es de la fe, es pecado; que “sin fe es imposible agradar a Dios”; que cualquier cosa que desees, cuando ores créelo, y lo recibirás, entonces entiendes que sin fe estamos totalmente separados de Dios y por lo tanto totalmente separados de los recursos de Dios.

En el primer capítulo, demostramos que la fe es un don de Dios. No es de origen humano. No es una fuerza externa o algo con lo que yo puedo manipular a Dios; es un don de Dios. Si somos nacidos de nuevo, tenemos fe. No es una lucha para tener fe. La fe es un don o un fruto del Espíritu Santo. Ya que ahora está establecido en nuestra mente que no vamos a tratar de obtener fe porque es un don de Dios, vamos a conocer la función de la fe.

En 2 Corintios 3: 18, Pablo nos da algo de esto. El dice, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

Vamos a hacer esta declaración entendible desde el principio. La función de la fe es levantarnos de la ruina, fuera de una raza arruinada, fuera de un mundo arruinado. La fe nos levanta de nuestro tiempo a la eternidad. La fe nos levanta de aquí a nuestro nivel celestial. Cuando vinimos a Dios por primera vez, cuando oímos el Evangelio y vimos que estábamos sentenciados y convencidos de que éramos rebeldes delante de Dios, vinimos y nos arrepentimos, y la gracia de la fe vino de Dios.

Como leemos en el Libro de Efesios 2: 8, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto (esa fe) no de vosotros, pues es don de Dios”. Cuando la fe vino y creímos, hubo una nueva creación. Cristo vino a nuestros corazones, fuimos nacidos de Dios, y fuimos levantados de aquí al ambiente celestial, y nos sentamos en los lugares celestiales en Cristo; levantados de la ruina a Cristo.

El Antiguo Testamento muestra que ésta es la función de la fe en todo su recorrido. Cada vez que Dios llamó para ejercitar la fe, sacó al hombre de donde estaba y puso al hombre en unión con Dios en el cielo. Mira a Abraham: Israel, un pueblo celestial. Cuando Dios llamó a Abraham, lo llamó para ejercitar esa fe, para salir de donde él estaba, e ir al lugar que Dios después le mostraría. Ese pedazo de azul al borde de la vestidura de cada hombre en Israel, decía que él no pertenecía aquí, sino que pertenecía allá arriba; él estaba caminando por fe.

La fe es la función de uno para volver a obtener la tierra celestial. Cada vez que hay un desafío de fe, es siempre lo mismo: o voy a quedarme en mí mismo o voy a quedarme en Dios. La fe es lo mismo en cada dispensación, y la función es siempre la misma.

Desde el principio, Adán, puesto en el huerto, fue confrontado y tenía dos elecciones. Una de Dios y una del otro. Durante ese momento en el tiempo cuando Adán estuvo ahí, la pregunta clave era, o voy a permanecer en Dios, o voy a permanecer en mí mismo. Por supuesto, sabemos que él se escogió a sí mismo, y trajo a toda la raza humana a la ruina. Cuando Israel vino a Cades Barnea, estuvo ahí al borde de la noche. Delante de él estaba la tierra prometida. Dios le había dado la esperanza diciéndole que si se movía en fe esa tierra iba a ser de él. Tenía que tomar una decisión: o retirarse al desierto para salvarse a sí mismo, o seguir adelante y cumplir la promesa de Dios. La elección era simplemente: o voy a permanecer en mí mismo o voy a permanecer en Dios. En cada dispensación la fe es siempre la misma. Diferentes formas de operación de la fe son presentadas por diferentes épocas, pero la fe permanece siendo la misma. Esto significa, por supuesto, que la fe hace un pueblo espiritual en cada dispensación.

La fe tiene un mismo efecto a través de toda la historia. Combate contra ese algo que no es del cielo, y te trae otra vez a los tiempos antes de la caída. La fe te regresa a un lugar fijo y esa fe es llamada justificación. La fe te hace recto. La fe te posiciona como si tú nunca hubieras caído. Quiero que tomes este pensamiento, y entendámoslo, porque esta fe, que es un don de Dios, tiene que ser renovada, porque siempre tiene que haber creencia que Dios es; siempre hay esta presión para traernos abajo. Nos envolvemos tanto con cosas, o somos tan atrapados con tanta presión de la carne, que perdemos de vista el hecho de que Dios es. Por lo tanto, la fe real está, en verdad, siempre en lo que creemos, sujetándose de Dios hasta que lo que es real en Dios se hace real en nosotros otra vez. Nuestros antepasados lo llamaron “orar hasta alcanzar a Dios”. Jesús lo llamó fe.

En el capítulo 18 del evangelio de Lucas, Jesús cuenta la historia de una viuda que fue a un juez injusto y le rogó que la vengue de su adversario. Al principio él rechazó esto, pero luego, con su insistir continuo, pensó: “no temo a Dios y no temo al hombre, pero esta mujer que viene continuamente me está volviendo loco”. Y a causa de esto él liberó a la mujer. Luego Jesús nos dice, “cuánto más vuestro Padre Celestial responderá a aquellos (esto es los creyentes) que claman de día y noche” (Parafraseando).

Luego inmediatamente él intercepta este pensamiento. “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18: 8). Así que Jesús igualó la fe real con la habilidad de persistir. Esta fe es nuestra porque hemos nacido de Dios , pero la fe es inactiva en nosotros porque estamos muy cargados con actividades religiosas y abandonamos el altar de Dios; y cuando esto ocurre, se mostrará en nuestras actividades y no vamos a ser capaces de funcionar correctamente. Así que esa fe que está ahí y está inactiva, lo está porque hemos permitido que estas cosas penetren.

Esta fe una vez falló en las manos de los apóstoles en el capítulo 17 de Mateo y en el capítulo 9 del evangelio de Marcos. Habían estado echando fuera demonios y habían sanado a los enfermos, pero en esta ocasión, el diablo no se sujetó a ellos. No fueron capaces de echar fuera a los demonios. Cuando Jesús llegó, el hombre vino corriendo a él y le dijo, “Y lo he traído (a su hijo) a tus discípulos, pero no le han podido sanar”; el hombre sabía que Jesús podía. Y el hombre le dijo: “si puedes hacer algo (yo sé que puedes)…”. Jesús dijo, “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Luego Jesús liberó al niño. Cuando El estuvo solo con sus apóstoles, (esto es muy importante pues estamos hablando de la función de la fe y lo que hace, siempre y cuando sea activa), ellos preguntaron: “¿por qué nosotros no pudimos echarle fuera?”

Esta parece una pregunta muy legítima y que podría haber venido de cualquiera. Habían estado liberando, y ahora ¿por qué no pudieron echar fuera a este demonio? Pero si tú lees todo esto y ves el espíritu del asunto, lo que ellos estaban diciendo era, “¿Por qué no funcionó con nosotros? Lo hicimos antes, hicimos exactamente lo que tú nos dijiste que hiciéramos, seguimos tus instrucciones y ahora estamos avergonzados. No funcionó. ¿Por qué no funcionó?” Y El dijo, “por vuestra incredulidad”. Y El continuó con este pensamiento. “Este género no sale sino con oración y ayuno”.

¿Qué estaba diciendo Jesús? Hemos dicho que toda incredulidad y temor es un producto del viejo hombre. El está diciendo que la fe está en tí para liberar a los endemoniados, pero está inactiva, a causa de que por todas tus actividades religiosas, has dejado el altar. Tú ya no estás ayunando y orando, tú no estás esperando delante de Dios como deberías; por lo tanto, estás operando solamente en lo que sabes; en realidad estás operando en incredulidad y esto es sólo un acto religioso; lo estás haciendo correctamente pero no funciona, porque la fe en tí se ha adormecido. La función de esa fe es levantar de la ruina. La función de esa fe se demostró en la fe del Señor Jesús para liberar a ese niño, levantarlo de esa terrible posesión demoníaca, y de ese estado ciego y paralítico. Lo hizo cuando la fe estuvo fluyendo; pero en tu caso, a causa de estas otras actividades y cosas que te sacan del altar, está dormida y no funciona. Tú sabes que hay en el mundo natural un poder llamado gravedad. Newton descubrió esto. Y eso fue lo que hizo caer la manzana a la tierra cuando se soltó. Es la gravedad la que hace que se te caiga el mentón, y el pecho caiga a tu cintura. Es la fuerza de la gravedad contra la cual tienes que luchar todo el tiempo. La misma cosa opera en el mundo espiritual, pero es llamado “adaptación”. La ley de la gravedad obrando en el mundo espiritual, es la ley de adaptación. A menos que continuamente esperemos en el altar de Dios, a menos que nos mantengamos correcta y permanentemente contra esta ley de adaptación, va a ver una constante atracción del mundo para apartarnos de esto. Es la invasión de estas cosas que nos separarán del lugar de esperar en Dios, buscándole para que Dios siempre permanezca como El es para nosotros.

Debemos creer que Dios es, que es siempre tiempo presente, que Dios es real para nosotros. Y tú que eres ministro de Cristo, o vas a serlo, no puedes llegar a ser un mero hombre de negocios para la iglesia. No debes permitir que las obras de la iglesia te separen del altar. Esta es la razón por el cual en el libro de los Hechos, en el momento en que los apóstoles vieron que el ministerio de las viudas y otras cosas empezaron a jalarlos de lo que mantendría la fe activa en ellos, fue ahí que dijeron, “escójannos siete hombres quienes se encargarán de las mesas y el ministerio de estas viudas, y nosotros nos daremos a la oración y a la palabra de Dios” (Parafraseando Hechos 6: 3). Ya habían aprendido (por lo que aconteció en el evangelio de Marcos) que si dejaban este altar, esta fe, (aunque está ahí a causa de ser una nueva criatura), se adormece y no puede funcionar. Y la única salida es a través de la oración y el ayuno. Y ellos dijeron, “aparten hombres para tratar con estas cosas”. Estas son cosas muy necesarias y son parte de la función, pero no nos podemos ocupar en ellas. Debemos estar libres para darnos a nosotros mismos a la oración y a la palabra de Dios. Tú vas a tener que hacer lo mismo si vas a guiar a la iglesia y creer hasta que esa iglesia esté en el lugar en el que Dios quiere que esté.

El dijo, “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. Bueno, ¿cómo funciona esto? Simplemente: la incredulidad que está ahí debe salir de ese viejo hombre. El ayuno trata con una cosa, la carne. Dios lo enseña en el capítulo 58 del Libro de Isaías. El ayuno no le afecta a Dios, el ayuno no le afecta a la nueva creación excepto que la libera de las ataduras de la carne que no permiten que opere en el ambiente del Espíritu; el ayuno trata con el viejo hombre, mientras que la oración trata con el nuevo. Cuando ayunamos traemos abajo al viejo hombre. Cuando rechazamos comida, lo rompemos, lo debilitamos; y cuando oramos levantamos al nuevo hombre para que sea Dios funcionando y la fe que ha estado adormecida reviva de nuevo. No es que Dios necesite el ayuno para moverlo y para que El se dé cuenta de que debe hacer algo. No es Dios que lo necesíte sino tú y yo. Cuando permitimos que la incredulidad de la carne nos traiga al lugar donde solamente estamos operando religiosamente, y si esa fe no es activa y viviente, entonces la función de la fe se detiene, porque no es la operación de la fe.

El Señor Finney, quizás uno de los más grandes evangelistas de estos últimos tres o cuatro siglos desde los apóstoles, hizo esta declaración acerca de su ministerio: “Cuando yo predico y los hombres no son afectados por lo que yo digo, yo sé que estoy funcionando en una manera religiosa proveniente de lo que conozco y no de lo que soy”. Aquí, él sólo lo está diciendo en una forma diferente a como yo lo he dicho, que la función de la fe es levantarnos de la ruina. Es tomarnos de aquí y llevarnos a una posición celestial. Y su respuesta a todo esto era, “Me aparto por un tiempo de tres a cinco días de ayuno y oración”. Y él dice, “Invariablemente cuando regreso no soy yo, sino es Cristo”.

La fe es liberada, y cuando la nueva creación está obrando en fe, entonces la función de la fe está ahí cambiando la vida de los hombres, sanando gente enferma, echando fuera demonios, como el niño en el evangelio de Marcos. Todo esto es la función de la fe, pero para que esa fe funcione, debe ser guardada en la posición donde ella fluya. No puede ser restringida por el descuido del altar. Esto es lo que les pasó a los apóstoles, y nos pasa a nosotros todo el tiempo, así que debe haber, constantemente, oración hacia ese lugar donde Dios está; y cuando la fe de Dios, que está en cada uno de nosotros es liberada, entonces algo ocurre en una manera muy positiva. Cuando esta fe es liberada, entonces, sana, salva, y libera todo lo que toca.

Ezequiel vio el río fluyendo del lado sur del altar, saliendo del templo hacia afuera. Nunca deja el altar, porque el altar tenía que tratar con todo aquello que estaba en él. Cualquier cosa que no es Cristo no es fe y tiene que ser tratado. Al continuar el fluir, éste producía árboles a través de sus riberas que producían fruto nuevo cada vez y las hojas de sus árboles eran para la sanidad de las naciones. Esos árboles son símbolos de gente. Sus raíces en la vida de Dios levantaban sus hojas y éstas sanaban a las naciones. El Espíritu de Dios, la fe de Dios, la voluntad de Dios, y la palabra de Dios son sinónimos al moverte tú en el ambiente de Dios. Esto siempre es así. Te he compartido en otros capítulos que cuando yo fui salvo vi la palabra de Dios, la fe de Dios, el Espíritu de Dios, la voluntad de Dios, y todas estas cosas llegaron a ser términos sinónimos. Tú puedes darte cuenta cuándo el Espíritu de Dios está fluyendo, la fe está fluyendo, porque la fe es un atributo y un producto y un don del Espíritu, así que cuando algo empieza a restringir el Espíritu de Dios, restringe el fluir de la fe, y si la fe es restringida, la función de la fe es restringida.

Cuando no ocurre nada al nosotros imponer manos sobre los enfermos, y al echar fuera demonios éstos no salen; al predicar a Cristo la gente no se salva, el problema es que hay restricción para este fluir del Espíritu; así que consecuentemente, hay restricción para el fluir de la fe, y hasta que tratemos con esto, nada va a ocurrir.

¿Qué debemos hacer? No sólo nosotros, sino que debemos traer a la iglesia tambien de regreso al altar, para que ahí Dios por el Espíritu pueda tratar con esas restricciones de la fe que han entrado en nuestras vidas. Y cuando estas cosas son removidas, entonces el río empieza a fluir. La fe empieza a operar, y su función es exactamente lo que queremos que Dios haga. Es una cosa automática. “Entonces nacerá tu luz como el alba” (Isaías 58: 8). Esto significa que la vida de Dios empieza a fluir, y sana lo que toca. Podemos observar que, cuando la restricción es removida, y ese río empieza a fluir, hay victoria.

Recuerdo que la iglesia que yo estaba pastoreando por 35 años nació en avivamiento, y se movió en avivamiento. En cada servicio veíamos cosas ocurrir. La gente era sanada, paralíticos caminaban. Era maravilloso. La gente estaba siendo salva. Luego empecé a ver menos y menos de esto. Sentí que Dios me llamaba a un ayuno. De hecho, El me habló en época de Navidad, que quería que yo parta el pan en el servicio de Comunión en la víspera de Año Nuevo. Luego El me dijo (y esto El debe decirte antes que tú lo hagas): “no quiero que comas hasta el fin de Enero”. Eso fue algo serio; empecé a buscar a Dios diligentemente.

En la oración y ayuno, en medio de Enero, el avivamiento irrumpió. Quería romper el ayuno, pero me acordé que Dios me dijo que continúe todo el mes de Enero. Pero el avivamiento irrumpió en ayuno y oración. Cosas empezaron a ocurrir. La gente se había descuidado en la oración y se arrepintieron. Me di cuenta que yo había dejado el altar, había descuidado la Palabra, había pensado mal contra mi hermano, mi hermana, había un espíritu de falta de perdón. Había sido codicioso, había descuidado los diezmos de Dios. Pero ese quebrantamiento vino a mitad de Enero y al nosotros arrepentirnos delante de Dios el avivamiento irrumpió y duró cinco años. La función de la fe es, sanar, salvar y liberar.

Pero cuando permitimos que la carne y las cosas de la carne entren en el área espiritual, cuando permitimos que Ananías y Safira se acerquen al altar entonces hay una restricción del fluir de la fe, la función de la fe es limitada, y si no lo corregimos será totalmente detenida. ¿Cuál es, pues, la función de la fe? Levantarnos de la ruina y tomarnos de donde estamos a un lugar celestial.

 

×