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Lección 14.- El Caballo De Troya

Lección 14.- El Caballo De Troya

En Hechos 2: 42 dice: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

En Marcos 13: 13 “…el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

La palabra “perseverar” indica que ellos estaban levantándose contra algo. “Y perseveraban”, se refiere a que estaban resistiendo a algo para poder permanecer donde estaban. Había oposición, algo trataba de derribarlos, había algo que quería entrar, tratando de hacerles como todo a su alrededor. Pero la palabra dice de la Iglesia primitiva, que “Ellos perseveraban”, se mantuvieron firmes, vieron el avivamiento y vieron cómo Dios obraba. Nosotros no podemos cambiar los principios de la Biblia. Cuando el enemigo pudo desviar la palabra de Dios, la Iglesia fue reducida sólo a una forma de poder. Todo se perdió eventualmente, y el mundo entró en la Edad Oscura. Cuando nos relajamos en algunas cosas, significa que tarde o temprano nos vamos a relajar en todas las cosas. Esta es la verdad que no puede ser ignorada, y tú has sido parte de un sistema que ha llevado a la Iglesia a donde está ahora, porque comenzaron relajándose en algunas cosas y ahora vemos los resultados finales de ello.

Sólo mira a la Iglesia hoy: hay tanta homosexualidad; la Iglesia casi tolera el adulterio; hay tanta drogadicción que la Iglesia está aceptando el beber socialmente en su medio; estamos tan inmersos en lo obsceno, que ya ni pensamos si debemos ir al teatro. Pero la palabra de Dios aún declara que si yo permito la iniquidad en mi corazón, Dios no me escuchará (Parafraseando Salmo 66: 18). Está escrito que las bendiciones de Dios están prometidas para los de manos limpias y un corazón puro. La Iglesia ha cambiado, pero Dios no ha cambiado. Creo que Dios quiere tener una audiencia con su Iglesia. La Iglesia está tratando de delinear algún tipo de programa, en su esfuerzo por levantarse a sí misma. Dios no está interesado en esto. El no quiere que le alcances un sistema de métodos, Dios quiere tener una audiencia con su Iglesia. El está diciendo que debes discernir entre lo puro y lo impuro, entre lo bueno y lo malo (Levítico 10: 10). Dios es el mismo Dios santo que siempre ha sido, y El dice a su Iglesia, “…seréis santos, porque yo soy santo…” (Levítico 11: 44). El Señor declara que va a ser nuestro Padre, si nosotros salimos del mundo y no tocamos lo inmundo. Si damos una nueva mirada a la caída de Troya, creo que esto nos mostrará algunas verdades prácticas a tí y a mí en una manera espiritual.

Si recordamos, los atenienses habían sitiado Troya, y por diez largos años, (en el Siglo XII), trataron y fracasaron al tratar de destruir sus defensas (todos los griegos estuvieron unidos para vindicar el insulto). En 1,184 antes de Cristo, construyeron escaleras, intentaron subir los muros, pero fracasaron en todos sus esfuerzos; trataron de quemar la ciudad, hicieron hondas con los árboles y los doblaban poniendo grandes piedras para lanzar a los muros. Pero los habitantes de Troya resistieron a todo esfuerzo de ellos: por diez largos años, no permitieron que sus enemigos entren. Después de diez años, los griegos vieron lo inútil de una guerra abierta contra Troya, así que cambiaron de táctica; construyeron un hermoso caballo de madera y durante la noche jalaron el caballo hasta la entrada principal de Troya y lo dejaron ahí; ahora el ejército griego volvió a los barcos.

En aquellos días el dejar un regalo o un sacrificio significaba que te habías rendido, así que dejaron este caballo de madera, que luego fue conocido como el caballo troyano, pues fue dejado fuera de Troya; este regalo simbolizaba, “nos hemos rendido”. Pero sin que lo supieran los troyanos, habían soldados griegos escondidos dentro del caballo de madera. Ahora, por un tiempo los ciudadanos de Troya miraron a este caballo con curiosidad, pero después de algunos días, no habiendo soldados griegos a la vista, los troyanos decidieron que la guerra ya se había acabado realmente y metieron al caballo dentro. Con la creencia que la guerra ya había acabado Troya empezó una celebración. Después de todo, habían estado sitiados por diez largos años. Esta noche mientras la ciudad estaba en un estado de ebriedad, los soldados griegos salieron del caballo y abrieron las puertas de la ciudad; los griegos entraron, y toda la ciudad fue asesinada. Algunas leyendas dicen que sólo dos personas escaparon para contar los horrores de esta última noche en Troya. Esta fue una tragedia en la historia, pero ni llega a ser tán trágico como lo que quiero compartir contigo en este capítulo.

Por cincuenta años la gran Iglesia Pentecostés resistió al demonio de las desviaciones, resistimos; nuestros padres antes de nosotros resistieron todo esfuerzo del infierno, y rehusamos abrirle la puerta a la idolatría, a lo no santo, a lo mundano; fuimos desterrados, burlados, y perseguidos, pero rehusamos darle ni siquiera una pulgada de ventaja a lo que sabíamos que no era Dios. Como el hijo pródigo, fuimos odiados, porque fuimos diferentes, ¿Recuerdas cuando el hijo pródigo gastó todas sus riquezas, tocó a la puerta del mundo, pidiendo algo de comer? el mundo le dijo: “Si alimentas a mis cerdos te daré de comer”. Esto para un hombre judío era un insulto, y estaba en contra de todo lo que creía, en contra de sus convicciones religiosas. El mundo lo odiaba porque era diferente. Le dijeron, “si tú te vuelves como nosotros entonces te ayudaremos”. Bueno, el mismo mundo toca nuestras puertas, gritando por querer entrar, y hacerlo con sus propios fundamentos. Ellos dicen: “Baja el estándar un poquito y así atraerás más gente”.

Al principio de este último gran derramamiento de su lluvia, Dios llamó a hombres de diferentes formas de vida, en un tiempo como aquel en el que tú has sido llamado; un tiempo cuando la Iglesia está muerta. No es nada más que pantomima y formas huecas. No hay presencia de Dios. Y Dios llamó a nuestros padres exactamente como El está llamándote del mercado, de la granja, desde los púlpitos de las iglesias más grandes de la tierra. Ellos se apartaron para Dios; sabían que Dios era diferente del mundo, y también sabían que el mundo era su enemigo. Les llamaron fanáticos y cosas peores. Debido a la experiencia con el Espíritu Santo, los tradicionalistas llamaban endemoniados a los pentecosteses, pero a pesar del mundo, la carne y el diablo, ellos tocaron el mundo con este evangelio que les fue encomendado. Es verdad, nuestros padres fueron extremistas; ellos rechazaron hacerse miembros de una iglesia, creyendo que esto podía ser la marca de la Bestia; no sólo predicaban santidad en el corazón, ellos predicaban santidad de conducta. Conocían a Dios y conocían al enemigo. Ellos sabían de dónde venían y sabían a dónde iban; en su mayoría, no salieron de un seminario religioso, sino que conocían a Dios. Rehusaron darle ni siquiera una pulgada de ventaja a todo espíritu de desviación. Ellos representaron verdad, pureza y santidad, no sólo con las palabras que hablaron sino con su vida práctica; eran la verdad que predicaban, eran diferentes, y el mundo los odiaba porque Cristo era visto en ellos. La Iglesia hoy no tiene enemigos, porque no tiene evangelio; pero tú eres llamado a restaurarla a esta pureza virginal del Evangelio que le fue dada.

Durante cincuenta años el enemigo trató de derrumbar los muros, pero tuvo que retroceder una y otra vez. Si ibas a nuestras convenciones te podías dar cuenta que éramos pentecosteses. Nunca íbamos a lugares que el mundo iba. Nunca fumábamos sus cigarrillos. Nunca bebíamos su alcohol. Caminábamos por las calles vestidos decentemente, como hombres y mujeres de Dios. La gente sabía que éramos diferentes. Nos odiaban porque Cristo estaba entre nosotros; éramos extraños en este planeta; y nuestro único interés era Cristo. Se reían de nuestra forma de vivir, decían que no pertenecíamos al Siglo XX.

Cerca de los años 1,970, acostumbraba a predicar en una de las grandes iglesias fundadas por uno de los grandes hombres de Dios de este siglo, el doctor Mayo, en Atlanta, Georgia. En una ocasión estuvimos conversando él y yo, y el doctor Mayo me dijo: “Ojalá que Dios me hubiera sacado de aquí hace 20 años”. Esto era cerca de 1,970. Le dije: “¿Por qué dice esto Dr. Mayo?” El me respondió, “Porque no encajo”. Y yo sólo le remarqué: “Esta es la razón por la que gente como usted y como yo estamos aquí”. No encajamos. Dios tiene que tener a alguien que no encaje. Esta es la razón por la que El nos ha llamado a salir de la manera corriente de vivir: para hacer de tí, alguien que no encaje en este sistema.

La Iglesia Pentecostés resistió por cincuenta años la presión y el mundo nos llamó demonios, pero en 1,956 hubo una primera reunión de la Renovación Carismática. En esos días nos despertamos una mañana, todo estaba quieto; no venían rocas contra el muro, ni nadie atacaba nuestra puerta, no había menosprecio, nadie criticaba, ni nos llamaban endemoniados. Todo estaba quieto. Parecía que la guerra había terminado. Por la curiosidad, salimos a mirar, y parado en la entrada estaba un hermoso caballo, dejado ahí por los religiosos del mundo. Y ¡maravillas de maravillas! era un caballo hablando en lenguas parado en nuestra puerta. No examinamos ese caballo, no hicimos cuestionamientos, simplemente le dejamos entrar. Llegó quietamente en una reunión de 1,956 llamada la Renovación Carismática. Una puerta se abrió. Hicieron una grieta. Ese caballo inició su entrada.

No hay don mayor que la habilidad para comunicarnos con Dios por medio del Espíritu. Nada es más maravilloso que orar hasta tocar el reino espiritual y poder orar en las lenguas del Espíritu Santo. No me burlo de ese don, pero no puedo ni voy a demostrarlo para los carnales religiosos más que Jesús convertiría las piedras en pan. El Espíritu Santo no es algo para jugar. Las lenguas vienen según el Espíritu las da, y el diablo las odia, porque no sabe lo que estamos diciendo. El diablo, después de cincuenta años de atentar contra el campamento, tratando de destruir nuestras convicciones, decidió que la única manera con la que iba a entrar sería falsificando lo que creemos.

El anticristo que vino contra nosotros, no era un anticristo fundamental. No era un bautista, ni metodista, ni era católico; vino como un pentecostés. El tenía que ser lo que nosotros éramos. El tenía que saber lo que sabíamos, y vino como alguien que una vez conoció este poder, pero se involucró en la prosperidad y en el mundo; perdió lo que había tenido, pero aún sabía cómo funcionaba. Satanás sabía que el pecado, la mundanalidad, la incredulidad y el infierno estaban garantizados contra cualquier cosa, excepto contra el fuego divino. El diablo sabía lo que nos había guardado. El estilo del infierno es su engaño por imitación. Sabíamos que estar medio desnudos, beber licor, y lo mundano no era de Dios; resistimos esta presión. Por más de cincuenta años otras religiones nos exclamaban, “¿Por qué no pueden ser como nosotros? ¿Por qué no predican y viven como nosotros vivimos?”. No había forma que la idolatría sea parte de nuestra vida, de ninguna manera. Cuando predicábamos, estas cosas fueron expuestas.

Estuve en el Congo en 1,970, y mientras yo predicaba el Evangelio, los hombres vieron la verdad; ellos quemaban sus ídolos. Yo no tenía que decir que lo hagan. Todo esto ha cambiado con la aparición de este extraño caballo. Parado en nuestra puerta está este extraño caballo con una minifalda, hablando en lenguas. El énfasis no estaba en ser bautizado en el Espíritu Santo, el énfasis estaba en una oración en lenguas. Llegó a nuestro medio un espíritu de imitación, imitando el gran don de lenguas, y le abrimos la puerta y le dejamos entrar. Habían demonios metidos dentro de ese caballo. Esos demonios abrieron la puerta a toda ave inmunda y maligna. Jalamos al caballo al interior y luego vino esta celebración falsa. Habíamos llegado a un punto que no sabíamos lo que escuchábamos. Toda esta falsedad, una vez que estuvo dentro, saltó toda barrera. Los católicos romanos rezaban el rosario en lenguas y los pentecosteses creyeron que era real.

Un amigo mío en una reunión de los Hombres de Negocios del Evangelio Completo, en Denver, no mucho tiempo después que ese movimiento de la Renovación Carismática empezó; él era el orador de la mañana y en la noche habría un orador mormón. En el desayuno, mi amigo le dijo al mormón: “Estoy muy deseoso de escucharlo esta noche. Nunca he escuchado el testimonio de un mormón que ha nacido de nuevo”. Y el mormón le dijo, “aún no me ha ocurrido esto”. Mi amigo le dijo, “¿qué quiere decir con eso?”. Respondió, “aún no he nacido de nuevo pero hablo en lenguas”. El caballo está en el interior.

Conozco una dama en Houston. En un retiro del “evangelio completo”, ella estaba testificando y dijo, “esta noche antes de venir, me tomé dos cócteles, iba a tomar el tercero, pero el Espíritu Santo me dijo, ‘dos son suficientes’”. ¡Que el verdadero Espíritu Santo, por favor se ponga de pie! Tú has sido llamado a ver estas cosas. Llegaron a nuestra puerta y nunca cambiaron nada, sólo se trató de agregar algunas cosas. Estuvimos anonadados por el hecho de que estaban hablando en lenguas. Abrimos nuestra puerta, ellos entraron, era hermoso verlos. Nos arrullaron. Todo lo del mundo, la carne y el diablo entraron junto con ese caballo. Lo que creímos una vez, ya no lo creemos más. Por lo que antes nos manteníamos firmes, ahora ya no lo hacemos; nos hemos convertido en los extraños.

Dicen que es negativo y muestra una falta de amor el estar contra algo. Tenemos temor de hablar la verdad. Le decimos a la gente que pueden tener toda esta basura y al Espíritu Santo, también. Hemos dejado al caballo adentro. La cerca ha sido rota. Hemos sido mordidos por una serpiente, y Dios te llama a tí y a mí para que hagamos algo sobre esto. El diablo vino a los tres jóvenes hebreos y discutió con ellos, sé que lo hizo, y les dijo que Dios no decía las cosas en serio, igual al caso de Adán y Eva. Estoy seguro que les dijo, “no tienes que mentir; sólo arrodíllate y cruza tus dedos para que así realmente no lo estés haciendo en tu corazón”. Todo esto lo he escuchado hasta enfermarme del estómago. Dios espera que yo sea un fanático. El espera que yo me pare contra el mundo.

El caballo está adentro, la puerta está abierta, puedo decírtelo, todo está perdido. ¿Qué va a ocurrir con la próxima generación si alguien de nuestro lado no saca a ese caballo y cierra la puerta? Sé que no va a ser fácil, pero estar en el infierno tampoco es fácil. La Iglesia debe pararse en esta hora.

Cuando la música sonó, todos se inclinaron ante la imagen de Nabucodonosor, y eran como tres señales de desaprobación parados ahí, Sadrac, Mesac y Abednego. Nosotros éramos así. Por más de 50 años éramos esas tres personas paradas, rehusando inclinarnos. Pero repentinamente somos populares ahora. El mundo nos ama. Eramos las personas de quienes los teólogos escribían que éramos los fanáticos y endemoniados, pero con este caballo adentro, este gran Espíritu Santo es compatible con el mundo. Parados ahí sin arrodillarse, ignorando a esta multitud religiosa, los jóvenes hebreos eran blancos visibles; los soldados los agarraron, el rey los amenazó, pero ellos rehusaron arrodillarse, y por haber hecho esto, no llegaron a quemarse. ¡Oh!, tocaban a nuestra puerta, nos llamaban demonios. Todo lo que tenías que hacer para que te odien era ser pentecostés. Cuando el Hermano Bishop fue a Sequín, el alguacil se le acercó antes que entrara y le dijo: “no dejamos entrar aquí basura como tú”. Los Pentecosteses eran vistos peores que los gitanos. Tú no sabes todo lo que costó llevar este mensaje; los problemas, la persecución, el odio; los pioneros antiguos tenían que soportar todas estas cosas para llevar este mensaje. Ellos ni podían comprar propiedades.

Por dejar establecido este mensaje en Texas, el Doctor Parm y su pequeño grupo de creyentes, tuvieron que vivir comiendo nabos crudos durante seis largas semanas para plantar este Evangelio. El Pentecostés es un mensaje que transforma vidas. Es la gracia de Dios, la victoria de Dios. Es el único mensaje de nuestro tiempo. Es una revelación final de Dios. Esta es la lluvia tardía; no ha habido otro avivamiento desde la lluvia tardía de Hechos que sea como ésta. El Pentecostés no se va a dejar ser diluido. La única forma que el mundo se podía meter, y sí se ha metido ahí, ha sido a través de la imitación. Peleamos con el sistema de Babel hasta que la espada se pegó a nuestras manos. Predicamos contra una religión que no tenía convicción. Nos paramos contra todo lo que no era bíblico. Entonces ese caballo vino a nuestra puerta. Fue un anticristo Pentecostés que nos engañó a nosotros. Peleamos mucho y por largo tiempo, pero nos cansamos.

Ahí estaba parado con su oración en lenguas. “Mira” el dijo, “yo puedo hacer lo que tú haces”. Nos desarmó totalmente, le abrimos la puerta. No habían demandas, vino como él era. Pensamos que se había unido a nosotros, pero él nos ha llevado a la muerte. Cincuenta años de una experiencia de dura batalla, cambiada por una multitud mundana con una lengua enseñada, una danza enseñada y un Cristo sólo de enseñanza. El costo de este engaño no puede ser calculado. Los mismos pecados que están en el mundo ahora están en la Iglesia. La nación se hunde en una crisis moral. La sanidad ha sido reducida a una confesión. La salvación es ir a la Iglesia y el bautismo del Espíritu Santo es un idioma enseñado. No hemos cambiado al caballo, él nos ha cambiado a nosotros, y lo llamamos avivamiento. Dios nos ha llamado a tí y a mí a excomulgar ese caballo.

 

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