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Lección 7.- Aprendiendo Bajo La Unción

Lección 7.- Aprendiendo Bajo La Unción

 

La Escuela de Cristo es donde Cristo es la lección, y el Espíritu Santo es el gran maestro. Hay muchas escuelas de hombres, donde ellos son los maestros y el tema es la doctrina, pero en la Escuela de Cristo, bajo el señorío del Espíritu Santo, el Cristo viviente es la lección, y el Espíritu Santo viviente es el maestro. No es objetivo sino más bien subjetivo, esto quiere decir que la enseñanza no es acerca de cosas, sino es hacer Cristo parte de tí y de mí internamente por la experiencia; esta es la clave para aprender. No aprendemos verdad simplemente; venimos a ser verdad, para que no solamente proclamemos a Cristo, sino que mostremos a la gente a Cristo por lo que somos. Esta es la clave para que el Evangelio sea efectivo.

Hemos leído en el libro de Ezequiel, cuando Dios le llevó en el Espíritu y le mostró el templo al cual llamó casa; esta casa es un símbolo de Cristo. El le mostró la casa y luego le dijo: “Tú vuelve y diles lo que has visto”. Luego en el capítulo 43 del mismo libro, El le dice: “muéstrales lo que viste y luego ellos se arrepentirán”. Entonces esta Escuela es subjetiva, haciendo a Cristo parte de nosotros por medio de la experiencia, de tal manera que para nosotros el vivir sea Cristo.

Ahora hablaremos sobre la unción del Espíritu Santo. La unción es nada más y nada menos que el Espíritu Santo tomando Su lugar como Señor absoluto. Cuando El controla y tiene nuestra vida, cuando le es dado el lugar en el cual toda la influencia y todo interés de la vida le han sido entregados completamente como Señor absoluto, El decidirá qué vamos a hacer, decir, y obrar.

Esa el la razon por qué Jesús entró en el río Jordán, y fue muerto y sepultado en el bautismo; ahí, en las aguas de ese río, tomó el lugar del hombre, y desde ese momento decidió ya no gobernar Su propia vida, a fin de cumpli la voluntad de Dios. El estaba diciendo: “yo doy mi vida al Espíritu Santo” y luego vemos que antes que El comenzara Su ministerio, el Espíritu lo llevó al desierto. El venció por el Espíritu, y fue en el poder del Espíritu al púlpito en Nazaret y declaró: “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque El me ha ungido para predicar”.

El quería decir que estaba bajo el control absoluto del Espíritu Santo. Pablo dijo que fue a través del Espíritu eterno que El se ofreció, y en el libro de los Hechos, Lucas escribe que Dios ungió a Jesús de Nazaret, quien fue haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo. Esto es una evidencia de cómo El estaba bajo el control del Espíritu Santo: El podía sanar a todos. Esto nos dice algo a nosotros, y es que la unción significa que yo estoy bajo Su señorío. Porque Dios pudo controlar a Jesús como hombre, por eso Jesús controlaba a los demonios, y si ese mismo Espíritu Santo puede ser el Señor de todo el interés de tu vida, entonces tú podrás estar sobre todos los demonios que vengan contra tí. Esta es la forma como esto funciona; tú no puedes operar independientemente del Espíritu Santo y sanar a los enfermos y echar fuera demonios. Tú debes hacerle el Señor absoluto de tu vida. La tumba del Jordán para Jesús fue el poner de lado todo señorío independiente; el diablo sabía esto, porque en esa tentación, todo su esfuerzo fue hacer que el Señor Jesús actúe independientemente del Padre: “Si tú eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan”, y Jesús le respondió, “no sólo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que salga de la boca de Dios.” Esta tentación era para sacarlo de Su consagración y para que actúe independientemente de Dios. El diablo no tenía que maldecir a Adán, lo único que tenía que hacer era convencer a Adán que actúe independientemente de Dios, y él iba a ser maldecido automáticamente; ese mismo diablo también intentó que el postrer Adán hiciera lo mismo, pero Jesús vivía en este principio de autoridad absoluta: el Gobierno y Señorío bajo la unción; El nunca actuó independientemente del Padre. Lo primero que la unción significa es que no podemos hacer nada fuera de lo que la unción nos enseñe, y no podremos ir a ningún lugar excepto donde El nos guie. Dios prometió en el libro de Isaías, capítulo 58, que si permitimos al Señor tener el control de nuestra vida, entonces El nos va a decir dónde vamos a poner nuestras huellas. Cuando nosotros sabemos esto, la unción quita toda responsabilidad de nuestras manos; cuando un predicador sabe y conoce esto, entonces él no se va a agotar, porque él sabe que no va a poder hacerlo, y si el Señor no edifica esa casa que es la Iglesia, entonces los trabajadores trabajan en vano. Esta es la razón por la que Hudson Taylor pudo llevar toda la carga de la China; cuando el enemigo vino en contra de esa iglesia (y él vendrá en contra de tu iglesia), y parecía que todo se iba para abajo, el Señor Taylor simplemente dijo: “Es la Iglesia de Dios, y si El ya terminó con ella, yo también terminé”. El dejó todo en las manos de la unción; la unción quita la responsabilidad de nuestras manos. Todo lo que yo tengo que hacer es entregarme a mí mismo a El. Dios no está buscando una buena ejecución por parte de nosotros, El está buscando una habitación, y si soy guiado por el Espíritu, entonces la unción toma la responsabilidad de la obra.

La unción también se encarga de la reputación; yo no tengo que probar nada, yo ando con Dios, ya sea que la obra sea grande o pequeña, no importa; si yo estoy con Dios, El se encarga de mi reputación; yo no tengo que probar nada, yo sólo ando con Dios.

Mira a Jeremías, aún su propio pueblo lo echó afuera, pero el cielo había puesto su sello en él. El no se preocupaba acerca de lo que los hombres pensaban, él simplemente andaba con Dios, y la unción se encargaba de su reputación y del propósito de Dios. Si yo ando en la unción, entonces yo haré la voluntad de Dios; el Hijo nada puede hacer por sí mismo.

Hay un lado aparentemente negativo en la unción: el Hijo no puede hacer nada por sí mismo. Pero el lado positivo es resumido en una palabra, “sólo el Padre”. Lo más importante acerca de la unción es que tú y yo estemos encerrados en el Señorío del Señor de tal forma, que no puede haber nada que El no haga; no tenemos que esforzarnos para que suceda. La religión siempre está en un apuro, siempre está presionando y tratando de hacer cosas, siempre está diciendo, “bueno, ahora todo esto tenemos que hacerlo ya”; pero si lees en las Escrituras, cuando Jesús tenía doce años, sus padres fueron a Jerusalén a la fiesta, y habiendo andado ya por un día, se dieron cuenta que no estaba Jesús con ellos; así que regresaron a Jerusalén y lo encontraron hablando con los doctores de la religión.

María siendo una buena madre, en cierta forma lo reprendió un poco, “¿por qué nos has hecho así?” El dijo: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2: 48-49). Es imperativo: “debo estar en los negocios de mi Padre”, y volvió y se sentó en la banca de un carpintero por el resto de sus años hasta el ministerio público. ¿Qué es lo que hizo? Estaba en los negocios de su Padre; El no estaba forzando asuntos bajo el control de la unción, El no iba a empezar una iglesia hasta que Dios no le hablara, y cuando lo hiciera, iba a ser de acuerdo al propósito de Dios.

El poner de lado esa fuerza natural de la vida del “yo” es una necesidad, porque la unción lleva en sí misma esencialmente el Señorío absoluto del Espíritu, y en esta Escuela en la cual el objetivo es Cristo, la misma unción significa que Cristo tiene que ser el Señor por el Espíritu. La Biblia dice en el libro de Corintios que tú no puedes llamar a Jesús “Señor” excepto por el Espíritu; eso no quiere decir que no puedes pronunciar la palabra “Señor”, pero significa que el decirlo no significa nada fuera del Espíritu Santo, porque sólo el Espíritu Santo lo puede hacer a El Señor. Con el Señorío hay sujeción, y si no hay sujeción no hay Señorío. La única forma de aprender ese gobierno celestial, divino y espiritual que es el destino de todos los santos, es mediante una sujeción absoluta al Espíritu Santo, y la sujeción significa que Cristo tiene preeminencia; en todas las cosas. No hay ninguna cosa en la cual El no tenga que ser preeminente, venimos en pos de El y tomamos nuestro valor de El. Tú no mereces los beneficios, hasta que aprendas la sujeción a Cristo.

La Iglesia no está sometida a Cristo en una forma represiva, eso quiere decir que no está bajo sus pies, bajo su dedo gordo, sino más bien que ella tiene que ir en pos de El, lado a lado con El. La idea del Señor para su Iglesia es que ella tenga el primer lugar, pero ella tiene que venir al costado de El, dejándole que El tenga la preeminencia en todo; esa fue la forma como Dios quiso que sea, y Dios usa el matrimonio como un símbolo de esto. El le dice al esposo que ame a su esposa como Cristo amó a la Iglesia, y que ella tiene que sujetarse a su esposo, como la Iglesia se sujeta a Cristo; esto quiere decir que el hombre tiene que ser la cabeza, esto es en una familia cristiana.

Cuando era joven, yo no era un cristiano, pero sin embargo de alguna forma esos principios estaban en mi hogar. Cuando había una decisión que debía ser tomada acerca de la familia, del trabajo, de cualquier cosa importante, mi padre siempre hablaba a mi madre; ella daba su opinión y el decía: “yo veo tu punto de vista”; después que todos los hechos salían a luz, él decía “ya sé lo que voy a hacer”. Cuando él decía eso, mi madre no decía una palabra más, porque finalmente, después que los dos daban sus opiniones, él tenía que tomar la decisión final. Y la Iglesia está al costado de Cristo; El es la cabeza y nosotros tenemos que venir bajo eso, pero estamos al costado de El en todas las cosas.

El gobierno del Espíritu es llevarnos a la plenitud de este Señorío; este es el lugar que debemos ocupar. Pero el problema desde el día de Adán hasta ahora, es que el hombre no quiere la plenitud de otro, sino que quiere su propia plenitud. Eso es lo que le costó a Adán su lugar, y ese es el problema que tenemos con la gente de la Iglesia hoy; esa es la razón por la cual hay gente que quiere el trabajo de otro; ya no nos preferimos los unos a los otros de acuerdo a lo que dice la Palabra, porque no queremos la plenitud de Cristo, sino nuestra propia plenitud. El hombre lo quiere en sí mismo y no en otro y no puede ser así. El Espíritu Santo corta esa tierra de debajo de nuestros pies y te dice: “es Su plenitud y no la tuya”. En la Escuela de Cristo, el Espíritu Santo nos toma y nos enseña lo que en otros capítulos hemos llamado el aspecto “otro” de Cristo. Cristo es otro o diferente que yo; estudia el evangelio según Juan y verás cuán diferente es Jesús de todo, aún de sus propios discípulos. A lo largo de todo este evangelio El va a afirmar esto vez tras vez.

“Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba” (Juan 8: 23), y la Biblia dice que los caminos de Dios son más altos que mis caminos como los cielos están de la tierra, y hasta que no aprendas esto, nunca estarás bajo sujeción de El. La diferencia entre El y sus seguidores siempre llegó a ser un choque fuerte a traves de todo el camino. Primeramente hubo un choque de juicios, pues ellos pensaban diferente a lo que El pensaba. Samaria no quiso recibirle, y sus discípulos le dijeron: “¿Les echamos fuego?”; esto es un pensamiento humano. El dijo: “Ustedes no saben de qué Espíritu son”. Vez tras vez, ellos decidían, juzgaban; encontraron a un hombre que estaba predicando y le dijeron a Jesús: “Vamos a decirle que no puede predicar sino pertenece a nuestro grupo”. Jesús dijo que ése es un pensamiento erróneo: “Si él está por nosotros, él no está contra nosotros, ¡déjenlo!, no importa que el pertenezca a la Iglesia Pentecostés o a las Asambleas, o que sea Independiente”. Siempre hubo un choque en los juicios demostrando cuán diferente El era.

También había un choque de realidades; ellos querían un reino temporal, ellos querían que El haga golpe de estado a César, y tome ese trono en Roma y luego rija todo el mundo de ahí; pero El dijo, “Mi reino no es de este mundo, porque si fuera así, entonces lo único que tendríamos que hacer es sacar espadas y cortar orejas”. Alguien dijo que Pedro se equivocó cuando quería cortar la oreja al soldado, en realidad le quiso cortar el cuello y falló; pero El le dijo, “baja tu espada, así no es como yo opero; la realidad es que mi reino no es de este mundo, y si fuera así, entonces mis siervos pelearían”; había un choque de mentes, ellos pensaban diferente como El pensaba. Ellos venían por atrás de El, discutiendo quién sería el primero, pues todos sus pensamientos eran su mundo gentil, pero El les dijo, “si ustedes quieren el primer lugar tienen que tomar el último, van a tener que ser siervos de todos”. Los discípulos quizas pensaron: “Señor, en realidad no era eso lo que nosotros pensábamos; nunca se nos cruzó por la cabeza ser siervos de nadie”; eso es porque ellos eran completamente diferentes que El.

Había un choque de ideas, un choque de valores; lo que era importante para El no era importante para ellos en lo absoluto. La cosa en la cual ellos ponían todo su interés no significaba nada para El. Lo que yo estoy diciendo con todo esto es que nosotros podemos ver esta diferencia absoluta entre El y nosotros; entonces la primera lección que el Espíritu va a enseñar a cualquiera que venga a Cristo, es que hay una diferencia. Cristo y tú son completamente diferentes, y nunca podrás estar seguro que estás en el camino correcto, hasta que te sometas totalmente a El; hasta que honestamente puedas decir: “Hágase tu voluntad y no la mía”, nunca podrás estar seguro que estás en la línea correcta.

Si alguien me dice: “Siento que el Señor me está diciendo esto”, mejor que sea algo más que simplemente “yo siento”; mejor que el Señor te lo esté diciendo de verdad. Yo he encontrado mucho de esto; he oído a mucha gente decir, “yo siento”. Cuando yo pongo todo bajo El, entonces yo sabré; yo sé que El se encarga del propósito bajo la unción, El se encarga de la reputación, y yo no tengo que demostrarte a tí nada ni tú tienes que demostrarme a mí nada; lo que tú digas no importa, lo que El dice es lo que importa. Alguien le dijo a un gran predicador una vez, “¿Qué piensas acerca de Dios?” El doctor Joel dijo: “No importa lo que yo piense de Dios, es lo que Dios piensa acerca de mí lo que importa”; y qué pensará El acerca de nosotros, es la clave para todo.

Lo primero que el Espíritu te enseña, es que El es una cosa y tú eres otra cosa; lo que tú eres no encaja acá, así que El va a destruir lo que tú eres y reemplazarlo por lo que El es, a fin de llenar este universo con Cristo. Hemos visto que El es el orden de Dios, y cuando todos nosotros somos llenos de El, cuando llegamos a ser como Cristo, nos comportaremos como Cristo.

Yo conocí a un hombre en la iglesia que era un chismoso, siempre estaba regando sus chismes. Estoy contento que la Biblia dice que ese tipo de gente no va a ir a los cielos; el que es chismoso y murmura con su lengua, no va a heredar el Monte Santo. Este hombre siempre estaba en problemas, y yo le amonestaba; él lloraba y me decía: “ya no lo voy a volver a hacer”. Pero un domingo yo llegué a mi casa después del servicio, sonó el teléfono y empezó otra vez lo mismo; cuando yo volví a la iglesia esa noche, él estaba arrodillado en el altar. Simplemente lo jalé para arriba y otra vez empezó a llorar, “yo no sé porqué hago esto pastor”; yo le dije, “yo sé porque lo haces, porque eso es lo que tú eres. Tú no puedes actuar de otra forma de la que tú eres”.

La oración tuvo mucha importancia en la vida de Cristo. La vida de oración de Jesús en cierto sentido, quizá va a ser el mayor problema que tú vas afrontar: el tuvo que pasar toda una vigilia en oración después de haber trabajado todo un día. Si tú piensas bien, eso va ser un problema para tí, porque tú también tendrás que orar toda la noche. El no conocía pecado, sin embargo oraba toda la noche. El una vez hizo una pregunta “¿Quién de ustedes me acusa de pecado?”; en realidad lo que El quería decir es, “yo nunca he dicho ni una palabra por la cual haya tenido que arrepentirme”. Sin embargo este Hombre tenía que pasar toda una vigilia en oración; eso puede ser un problema para nosotros. “¿Por qué es que El tenía que orar?”, porque habían otras influencias que estaban en operación, habían otras cosas que estaban tratando de llamar la atención, y El siempre en todo momento tenía que estar en línea de acuerdo con la unción. El tenía que mantener todo eso bajo el Espíritu Santo, bajo cuyo gobierno El se puso a sí mismo, porque El no podía decidir nada por sí mismo.

Pablo dice que hay muchas voces y todas ellas nos quieren influenciar. Hay todo tipo de voces alrededor tuyo; siempre hay gente que me llama, preguntale a mi esposa, y ella siempre me dice, “te han llamado de todas partes hoy, y quieren saber si puedes ir a predicar en su iglesia alguna vez.” Ninguna de esas voces carece de significado; esa es la razón por la cual El tenía que orar, para que siempre esté en armonía con la unción, bajo el señorío de ese Espíritu. Y todo esto lo tenemos en nuestra naturaleza, cada pedazo de esto obra violentamente en contra de Dios, aunque algunas de estas cosas parecen buenas.

Cuando yo empecé a predicar no había nadie que quería que yo predique, y luego cuando ellos en realidad querían que predique, yo pense que tenía que ir a todos los lugares, pero era un ejemplo de todas esas voces. Esto es “la tiranía de lo urgente” y es algo que ataca a muchos predicadores: alguien quiere que tú le aconsejes, alguien quiere que por favor entierres a su tío, alguien quiere que por favor realices un matrimonio; en todo lugar hay esa urgencia y nos quita de lo bueno, nos mantiene lejos del altar, nos quita de aquello que en realidad vale la pena. Y todas esas cosas operan violentamente en contra de Dios y de Su mente; el Espíritu Santo es la mente de Dios, eso simplemente quiere decir que El es la habilidad de Dios en nosotros.

Si yo puedo pensar los pensamientos de Dios, voy a poder hacer la obra de Dios, porque la habilidad de Dios está en esa mente; si tú estas corriendo en una media docena de direcciones diferentes, no obtendrás la mente de Dios. El no te va a hablar mientras estás viendo televisión y tampoco te va a hablar mientras estás viendo tu partido de fútbol en el estadio; si vamos a callar todas esas otras voces y vencer la tiranía de esta urgencia, entonces tú y yo tendremos que pasar vigilas en oración. La Biblia dice que El se levantaba mucho antes de que amaneciera para hablar con Dios, para orar, pues El sabía que todas estas cosas estaban contra El. Todo esto está contra nosotros también, así que cuánto más necesario es para nosotros tener una vida de oración, a través de la cual, le damos al Espíritu una oportunidad para mantenernos en el camino recto. Si tú no tienes tiempo para orar, entonces no tienes tiempo para nada espiritual.

Yo aprendí hace mucho tiempo que la oración es la medida de la gracia. Cuando Dios le habló a Ananías y le dijo que vaya a orar por Saulo, Ananías se puso nervioso, y él le dijo: “Señor, tú sabes que ese Saulo me puede matar en cualquier momento, y ahora tú quieres que yo vaya y ore por él; yo no estoy seguro de esto”; pero El Señor le dijo: “He aquí él está orando.” Ananías ahora estaba listo para oír, porque si Saulo estaba orando entonces todo estaba bien.

Los budistas dicen sus palabras, los musulmanes también oran, pero cuando Dios dice que un hombre está orando, es otra cosa; así que cuando El le dijo a Ananías: “He aquí Saulo está orando en este momento”, esa fue una historia diferente, pues había gracia en esa vida. Los hombres que no oran, desmayan; los santos que no oran, caen; si no tienes un tiempo fijo para orar, entonces no oras; si no separas un tiempo específico en tu día para orar, entonces no vas a orar. Tienes que organizar tu vida si quieres que esto funcione; el hombre que no diezma, no le da mucho a Dios; Dios es un Dios de orden y nosotros nos movemos en ese orden.

Cuando Pedro y Juan sanaron al cojo en Hechos 3, ellos estaban camino al templo; la Escritura dice: “siendo la hora de la oración”; cualquiera que era la hora, ellos siempre iban a orar, había todo un sistema en esto; y si tú no oras, entonces vas a fracasar. Si hay alguna cosa que un hijo de Dios va a aprender bajo la unción, es que El es diferente a lo que nosotros somos. Ahora en esta dispensación, si en realidad somos hijos de Dios el aspecto de “otro” no es solamente objetivo, sino que está dentro y opera hacia afuera; El no está cambiando esa naturaleza vieja, El está simplemente descartándola y reemplazándola con Su propia vida.

Finalmente tenemos la ley de instrucción del Espíritu: La evidencia de un hombre y mujer gobernados por el Espíritu, es que ellos se mueven en la vida, ellos ministran vida. El cristianismo no es una religión, es vida; y la verdadera prueba si somos reales o no es ¿creamos nosotros condiciones de vida? ¿Tu presencia en ese trabajo que tienes, en esa Escuela a la que asistes, tu iglesia en esa comunidad, crea o demuestra la presencia de vida ahí?

Cuando estaba en Beaumont, Texas, edificamos un templo para reunir a la iglesia; Dios se encontraba con nosotros ahí, había vida en esa iglesia. Esa ciudad era una ciudad racial pecaminosa; 90% eran católicos, era llena de idolatría y era difícil testificar con la gente en la calle. Yo hablaba con mi vecino, quien era muy buena persona; él me oía, pero simplemente era como tratar de llenar con agua una bolsa con hueco. Pero si yo podía llevarlo a la iglesia, entonces iba a venir bajo convicción, pues la vida estaba ahí; quizás no era como una gran campaña de avivamiento en donde el río fluía frecuentemente, pero la vida estaba ahí.

Nuestra presencia debiera crear condiciones de vida; esa es la evidencia de una vida gobernada por el Espíritu. Estos hombres y mujeres ungidos por Dios que se movían de acuerdo a la vida y ministraban vida, sabían por la misma ley de la vida dónde es que Dios estaba; sabían en qué estaba Dios y sabían qué es lo que Dios buscaba;. esa es la marca de una vida gobernada por el Espíritu Santo. No es simplemente una mirada rara en tus ojos, no es tener visiones cada diez minutos, sino es que yo estoy ministrando vida; yo sé en dónde Dios está, y me uno a ese ministerio. Esa es la marca de una vida gobernada por el Espíritu Santo; si yo sé que Dios está en algo, si yo sé lo que Dios está haciendo, entonces yo voy a estar ahí. Donde sea que haya vida, me voy a unir a esa vida. Yo sé lo que Dios está buscando; esto es una marca de esta vida. Todo lo que sirve para el cumplimiento de los propósitos de Dios está ligado con esta vida; no puede ser de otra forma. Esta vida es potencialmente el resumen del gran propósito divino; es el resumen total de lo que Dios está buscando. Dios sólo está interesado en esto. No importa cuán ortodoxa sea la iglesia, si está muerta, está muerta; y no importa cuán poco ortodoxa sea la iglesia. Si hay vida, entonces el hombre de Dios va a poder guiarla en el camino correcto, es fiel a la palabra de Dios; esto es el significado de la unción. Así es como aprendemos, así es como andamos; ministramos la vida, crecemos en la vida, somos gobernados por la vida y sabemos donde está esa vida.

 

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