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Lección 5.- La Comunión Del Espíritu Santo

Lección 5.- La Comunión Del Espíritu Santo

En 2 Corintios 13: 14, Pablo dijo, “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Esta es una frase que conduce directo al corazón de la experiencia cristiana. Hay dos hechos que se establecen aquí en la bendición Trinitaria de Pablo. Primeramente, no hay comunión entre los creyentes si no hay comunión individual con Dios. Y en segundo lugar, no hay comunión con Dios que no produzca una comunión viva con los hombres. La comunión cristiana en el Nuevo Testamento es algo muy impresionante, y no solamente esto, también es vital. Ahí tú encuentras a Saulo de Tarso, el Fariseo altivo, compartiendo sus intimidades más profundas con esclavos analfabetos de las barriadas griegas. El una vez los había llamado perros, ahora eran hermanos; sólo una cosa explica esto, Cristo.

Ahí tienes un banquete de amor cristiano en las catacumbas, y una dama romana con sangre imperial en sus venas, tomando la taza de un pordiosero anónimo que vive en la calle, y ambos de ellos sienten que es una cosa natural hacerlo. Hay un amor más profundo que solamente la hermandad entre ellos; sólo una cosa explica esto, Cristo. La comunión inicial era algo asombroso, y significó todo para aquellos que la habían compartido. Los jóvenes convertidos que entraban en esa comunión saliendo del paganismo, encontraron que en los días de prueba después de su conversión, cuando el ambiente pasado trataba de arrastrarlos, la comunión fue lo que los sostuvo. No es que ellos siempre estuvieran hablando de comunión; nunca trataron de organizarlo en una manera semiprofesional y nunca vieron que esto fuera una obligación el ser fraternal. Su comunión era ésta: ellos compartían juntos la vida de Jesucristo. El problema hoy es que tratamos de llevar una comunión sobrehumana sobre una base humana. Nuestra teología conduce a los hombres a creer que ellos pueden manipular a Dios. Hemos tratado de organizarlo, mecanizarlo, hacerlo funcionar, fracasando en ver que la comunión en la Iglesia será tan limitada y disociadora como en todas las otras camaraderías del mundo, a menos que esa camaradería se edifique sobre la experiencia sobrenatural de Cristo.

Tú que has sido llamado por Dios y estás dándote a El, necesitas prestar atención a esto. En el plantar y edificar la Iglesia de Dios en esta tierra, necesitamos saber que una comunión viva con Dios producirá una comunión viva con los hombres, y que no puedes hacer esto en una manera semiprofesional, pues este es un resultado natural de nuestro compartir juntos la vida de Cristo. Hay una cosa que necesitamos notar sobre la comunión del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento: ellos nunca perdieron el tiempo en admiraciones mútuas, como si la comunión fuera un fin en sí misma. La comunión entre ellos nunca llegó a ser esotérica, porque era el Cuerpo de Cristo existiendo para los propósitos de Cristo en el mundo. Esa verdad se ha perdido, y tú debes retomarla y edificar la Iglesia sobre esta verdad.

La comunión siempre atraía a otros a sí mismo. Cada miembro de esa primera comunión entendía que era un heraldo de Dios; quizás él no fue llamado a un ministerio de púlpito, pero él sabía, y ella sabía que eran los heraldos de Dios. Sabian que nuestro espíritu no debe ser una cámara de refrigeración donde nuestra religión personal se almacena; nosotros debemos ser una fuente de poder enviando al mundo la luz de Jesús. Dios no quiere que los apologistas discutan por El, el quiere heraldos que proclamen por El. Esa primera comunión conoció esto. Ahora debemos ir más profundo; dije al principio que la comunión del Espíritu significaba dos cosas; ahora vayamos a la segunda cosa. Detrás de esa asombrosa comunión del Nuevo Testamento, había una comunión directa con Dios, un Pentecostés personal e individual. Hoy en todos lados el clamor es que la Iglesia recobre Pentecostés. Para los millones de cristianos, la historia de Pentecostés como se ve en el Nuevo Testamento con su registro de fuego, lenguas, y viento, es realmente extraña. Y la gran pregunta en muchas mentes es simplemente esta, “¿Qué realmente sucedió ahí?” Que algo comenzó, que algo sorprendente sucedió, es muy claro. Cualquier historiador que estudia el Nuevo Testamento, sea cristiano o pagano, rápidamente reconoce que en esta página en particular, o en las páginas que siguen, hay un hecho resaltante en las vidas de los seguidores de Cristo que no había antes. En un momento, toda torpeza y vacilación de los hombres terminó; desde este punto en adelante tratas con hombres totalmente seguros de sí mismos, porque están totalmente seguros de Dios. Todos los que meditan sobre los orígenes del cristianismo están de acuerdo que en este punto definitivo y sobre esta fecha definitiva de la historia, algo sucedió, y este algo salvó al cristianismo del mundo. Cualquiera que empiece a leer desde este segundo capítulo del libro de los Hechos en adelante, estará consciente del hecho que algo sucedió.

Quisiera indicar dos cosas decisivas acerca de la gente que obtuvo la experiencia. Primero: Ellos eran gente expectante. Jesús les había dicho, “…quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. Fueron al aposento alto a Su mandato; El no les dijo cuál aposento alto en particular, pero el mensaje a ellos fue que se quedaran, que no salieran de la ciudad. Eligieron el aposento alto y ahí fueron con corazones expectantes.

Esperaron diez días en oración la promesa por venir. Sus oraciones no produjeron esto, El Señor se los prometió, y ellos fueron ahí para esperar hasta que viniera; había una expectativa. Ellos sabían que algo iba a suceder, y que ellos lo reconocerían cuando viniera. No es que alguien les dijo que iban a hablar en lenguas, y que con esto sabrían que algo sucedió. Esta es la manera como nosotros lo hacemos hoy, pero en ese entonces, no había tal cosa. Había algo de tal poder y de tal transformación, que ellos sabían que lo reconocerían y fueron ahí con sus corazones expectantes. Segundo: Pentecostés no sucedió en un vacío, sucedió en una atmósfera donde la fe y el anhelo habían preparado el camino; estaban esperando, estaban mirando. Vino a hombres que habían tomado tiempo para escuchar a Dios. Para la Iglesia o para el individuo nunca va a haber un Pentecostés sin esto. Hasta que vuelva a haber esa expectativa, esa ansiedad y ese deseo, ahí nunca habrá esa experiencia, nunca va a suceder nuevamente. Es la actitud indiferente, aburrida, apática y no expectante que impide a Dios siempre obrar. Todo lo que no procede de fe es pecado, y la fe es un corazón expectante. Si creo a Dios, entonces espero que algo suceda. Si crees a Dios, entonces esa oración lleva una urgencia, y un fervor que habla de expectativa. Si, por ejemplo, digo mis oraciones como un deber o un hábito nada más, estaré bloqueando el canal entre Dios y yo que Jesús cavó con sus propias manos. Pero si puedo ofrecer a Dios una oración cargada de fe, de expectativa en lo secreto de mi espíritu, y si en lo secreto de mi espíritu, espero realmente que Dios hable, entonces Dios hablará.

La otra cosa decisiva sobre estos hombres quienes primero recibieron esa experiencia era que ellos eran hombres Cristocéntricos; cada uno de ellos estaba comprometido con Cristo. Pablo dijo, “el amor de Cristo nos constriñe”; “nos disciplina” es lo que él decía, fue el amor de Cristo. Ellos estaban comprometidos con Cristo, listos para ir donde quiera, para hacer cualquier cosa a Su mandato. Hago una pregunta, ¿Puede ser aquí donde nuestras dificultades están? Hemos conseguido nuestras propias nociones con respecto en que queremos que Dios nos use; tenemos planes propios con respecto a donde queremos que El obre Su plan para nuestra vida. No era así en el aposento alto: “Donde El me guíe, yo seguiré” quizás no fue el tema de un himno en este tiempo, pero te puedo asegurar que era una nota gobernante en este aposento alto. Ellos se comprometieron a Cristo; no tuvieron ningún otro interés sino Cristo. No le sugerieron sus deseos o a donde querían ir, simplemente estaban ahí esperando instrucciones. Ninguno de nosotros tiene el derecho de quejarse de que Dios no nos ha dado la experiencia que les dio a ellos hasta que nosotros hayamos recorrido con Cristo la distancia que ellos recorrieron.

Al leer en el libro de los Hechos sobre el derramamiento del Espíritu Santo y el subsiguiente avivamiento que ocurrió, reconocemos que seguramente no hemos recibido lo que ellos recibieron. El asunto es que no hemos dado lo que ellos dieron; no nos hemos rendido en la manera en que ellos se rindieron. Pentecostés es la respuesta de Dios a la respuesta del alma sedienta de Jesucristo. Viene después de la rendición, y nunca antes. El fuego nunca cae sobre un altar vacío, y el sacrificio que Dios busca eres tú . “Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo…”. Cuando este altar es ocupado por el sacrificio, y nos rindamos como ellos se rindieron, Dios hablará. Este es precisamente nuestro problema: queremos el Espíritu de Dios sin las condiciones de Dios, pero hay algunos que ocuparán este altar.

Es mucho más fácil pasar una docena de horas discutiendo de religión que pasar una media hora obedeciendo a Dios. Nos contentamos con meramente un Jesús amistoso y atractivo, en vez de un Señor fuerte, imperial, comandando. Nos conformamos con un Evangelio de buena camaradería, en vez de un Evangelio de obediencia. Aquí yace una gran parte del problema de la Iglesia del Siglo XX. Sobre aquellos del Nuevo Testamento tan expectantes, tan totalmente Cristocéntricos, el Espíritu de Dios vino. Y el corazón de la experiencia no fueron los vientos recios, ni el fuego, ni las lenguas; estos eran meros accesorios. El corazón de esta experiencia era el poder, el poder que sacudió la profundidad de su ser y los envió fuera a estremecer la tierra.

En mi caminar con Dios, ha sido un privilegio que a Dios le haya placido ponerme en muchos lugares de esta tierra. Una de las cosas que me pasaron, fue estando en el Sur de la India en 1,968. Descubrí que ahí fue donde Tomás el Apóstol murió en sus viajes por Cristo. Este hombre Cristocéntrico expectante recibió en su experiencia algo que lo envió adelante en el poder del Espíritu Santo a llevar un mensaje a los paganos del mundo. El fue crucificado y martirizado ahí por el Evangelio. Estuve en Asadia, en las montañas de Rusia, y supe ahí que en este lugar fue donde Mateo murió. Encontré también donde el misionero y apóstol Andrés murió. Es el poder que nuestra religión carece. No organización, no el equipo intelectual, sino el poder; necesitamos poder, y no hay secreto de poder excepto en una condición de profundidad espiritual.

Estás siendo ministrado y tienes hambre de Dios, quieres estar en la voluntad de Dios. Quizás estás pastoreando una iglesia y quieres ver esa iglesia hacer todo lo que la iglesia del Nuevo Testamento era, o vas a plantar una iglesia, o quizás vas a ser un Evangelista usado por Dios para llevar otra vez esa iglesia a lo que debe ser. Hay una respuesta para esto: necesitas una experiencia espiritual profunda. Si lo tuviéramos, no tendríamos que esforzarnos para predicar. Podemos tener tal experiencia, si, (y éste es un gran “si”), si lo deseamos tanto como para pagar el precio. Debemos rendiremos a Cristo. La clave de todo es este Pentecostés que produjo esa comunión del Nuevo Testamento; esa comunión poderosa constantemente atraía a la gente, pues el poder estaba ahi.

Venimos finalmente a esto, que la comunión del Espíritu es poder en niveles diferentes.

Primeramente poder en el nivel físico. Si este mismo Espíritu que moró en Cristo mora en nosotros, dice el apóstol, vivificará nuestro cuerpo mortal; habrá fortaleza para hacer cualquier cosa que El quiera que hagamos. He experimentado el poder en el nivel físico. Quiero enfatizar nuevamente que Dios mediante el Espíritu Santo, ha provisto todo lo necesario para que seamos y hagamos cualquier cosa que El nos ha llamado ser y hacer.

Segundo, poder en un nivel mental. Dios tomó lo necio y confundió a lo sabio; siempre ha sido así. Estuve en un programa religioso hace unos años en California. Era un programa de la televisión y había varias personas para testificar, y yo iba a predicar. Lo primero que presentaron fue a una dama que tenía que estar en Las Vegas a medianoche para cantar en uno de esos casinos grandes que hay ahí, y por eso le iban a permitir testificar primero. Dije a uno de los que estaban conmigo, “¿qué va a decir ella en este programa religioso?” Me respondieron: “Ella va a hablar acerca de nacer de nuevo”. Y dije, “nunca oí de gente nacida de nuevo, cantando en bares y casinos”, y ellos se molestaron mucho conmigo. Todo empeoró y continuó. Después del programa, estaba en el cuarto del hotel solo, y mientras estaba ahí orando, y hablándole a Dios de todo esto, le hice la pregunta; “¿Como vas a limpiar la Iglesia?” Y El me contestó inmediatamente supe que era Dios, no podría haber sido alguien más. El dijo, “Yo nunca usé a Saúl para matar a Goliat”. El nunca usó esa celebridad religiosa, El nunca usó este genio, El simplemente consiguió este simple pastor con su rebaño, menospreciado por este mundo, y lo usó. Dios puede tomar nada y hacer algo de ello con Su poder en el nivel mental. Lo único que Dios busca es una vasija; El no busca la actuación, El busca una habitación, y si dejamos que el Espíritu Santo viva en nosotros, haciendo a Cristo real mediante nosotros, encontraremos el poder que es necesario.

Ahora veamos el poder en un nivel moral. Mucho está sucediendo en esta época; algunos de los predicadores más grandes han caído moralmente siendo mujeriegos, y luego encontramos que esto ha estado ocurriendo por años en sus vidas. Están predicando, y algunas personas dicen que predican bajo la unción. Es que aprendemos cómo hacer cosas, manipulamos la carne, y por misericordia, Dios honra Su palabra. Pero en ninguna manera Dios es mentiroso por el hecho que los hombres son mentirosos. Déjame decirte que no hay absolutamente ninguna excusa para tu fracaso moral, o que yo caiga moralmente, si nosotros estamos llenos del Espíritu Santo. Enseñé en capítulos anteriores, que El es la santidad de Dios, y si un hombre anda en el Espíritu, la Biblia dice en el libro de Gálatas, que él no satisfacerá los deseos de la carne. En cuanto al poder en un nivel moral, vemos en el Antiguo Testamento que José fue vendido a esclavitud y terminó trabajando en la casa de Potifar, quien tenía una esposa hermosa quien puso sus ojos sobre este joven y trató de seducirlo. José fue un hombre joven y solitario, sé que él deseaba a esa mujer, pero corrió. El corrió, no de la mujer, sino de José, de su “yo”; eso es integridad. El tuvo el poder en un nivel moral. No tienes que fallarle a Dios. Has sido llamado por Dios para ir a proclamar el Evangelio. ¡Qué deshonra para nosotros, que somos llamados a enseñar a la gente de la gracia de Dios, la gracia que enseña a los hombres a negar la impiedad y las lujurias mundanas, y después nosotros mismos caer atrapados en lo que nosotros les enseñamos a ellos! No hay excusa para esto. Los hombres son sorprendidos en pecado y dan toda clase de excusas, pero no hay excusa.

Finalmente, la experiencia que fue llevada a esos hombres, fue poder en un nivel espiritual. “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”. “…en mi Nombre…” quiere decir que en Su lugar haré las obras de Dios; eso sólo puede ser hecho mientras opere por el Espíritu Santo. El Nombre de Jesús es el mismo carácter y el poder de Cristo, y sólo el Espíritu Santo puede traer eso a través tuyo. “En Su nombre” significa que el Espíritu Santo en tí está haciendo vivir a Cristo a través tuyo; estás ahí en Su lugar. Esto significa que ya no vivo yo, sino Cristo en mí, y cuando estoy operando en el Espíritu, entonces los demonios están sometidos y las enfermedades también.

Poder en un nivel físico. Poder en un nivel mental. Poder en un nivel moral. Poder en un nivel espiritual. Después de entender esto no tendrás excusa alguna. Los hombres hablan del éxito, Dios habla de la aprobación. Si engendras esta vida en la voluntad de Dios, no importa los resultados, habrás cumplido la voluntad de Dios, y no hay excusa, porque con el Espíritu Santo, Dios nos ha dado todo lo que nosotros necesitamos con respecto a la vida, piedad y servicio.