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Lección 20.- Principios y Condiciones del Avivamiento

Lección 20.- Principios y Condiciones del Avivamiento

Empecemos este capítulo leyendo Mateo 10:16-40.

Quiero poner el avivamiento en la misma categoría que un movimiento de las masas. Los movimientos de las masas del mundo, el comunismo, fascismo, y de hecho el avivamiento, son un vehículo de cambio. Cuando comenzamos a considerar esto, vemos cuán vital es el papel del liderazgo en un movimiento masivo. El líder no puede crear condiciones que hagan un avivamiento posible. Primeramente, él tiene que tener un encuentro personal con Dios para que pueda entrar en la insatisfacción de Dios, porque todos los movimientos de las masas nacen de la insatisfacción; y cuando Dios ve cómo está la Iglesia ahora, sabemos que Dios está insatisfecho con ella.

Para que un avivamiento venga a través de nosotros, tenemos que tener un encuentro con Dios de modo que también entremos en esta insatisfacción con Dios.

El hombre o el líder, no puede crear el movimiento de la nada. A través de la predicación de la Palabra tú tienes que traer a la gente donde tú estás para que ellos también puedan sentir el corazón insatisfecho de Dios. Tiene que haber una inquietud de seguir y obedecer, y para que esto suceda tiene que haber una intensa insatisfacción en cuanto a la situación actual. También he entrado en esto y he visto lo que Dios ve. Quiero traerte a este lugar, ya seas hombre de Dios o mujer de Dios, para que tú también sientas esta intensa insatisfacción que Dios tiene por las cosas como están. Cuando las condiciones no están bien, el líder potencial (no importa cuán bien dotado sea o cuán santa sea su causa), va a proceder sin ningún seguidor. La Palabra dice que los hijos de las tinieblas son más sabios que los hijos de luz. Su generación significa un tiempo en particular de la historia; éste es nuestro tiempo, ésta es tu generación, así que éste es nuestro tiempo y Dios dice que los hijos de las tinieblas saben reconocer más rápido cuándo las condiciones son apropiadas. Cuando las condiciones son apropiadas, cuando la intensa insatisfacción está ahí, entonces el movimiento puede encontrar seguidores.

La Primera Guerra Mundial alistó la tierra para el comunismo, el fascismo y el nazismo. Si la guerra hubiera sido evitada, si no hubiera habido la Primera Guerra Mundial, entonces los destinos de Lenin, de Mussolini y de Hitler, no hubieran sido mayores que los grandes inventores del siglo XVIII que fracasaron en llevar y traer a cabo un movimiento de mayor escala. Produjeron la Revolución Francesa pero fracasaron en hacerlo de mayor escala porque las condiciones no eran correctas. Las masas europeas antes de la terrible Primera Guerra Mundial no habían abandonado el presente, entonces no deseaban sacrificar su presente por tener una vida nueva, un mundo nuevo. Pero la Primera Guerra Mundial creó las condiciones y ustedes pueden ver a esos movimientos de la masas como se levantaron tras ella, apoyados por un pueblo insatisfecho.

Las mismas condiciones que trajeron el fascismo y el comunismo, son también esenciales para el avivamiento. Hemos visto que la anarquía en el mundo y la muerte en la Iglesia son señales verdaderas de que el avivamiento es posible. No es la maldad lo que impide el avivamiento, sino la bondad natural y la paz. Gente que no quiere un cambio, que no están dispuestos a sacrificar estas cosas; ya sea que quieras creer estas cosas o no, es Dios el que siempre permite las condiciones. Lee la Biblia y la historia secular y encontrarás que todo avivamiento espiritual vino sobre las sombras de una decadencia moral, porque así es; los hombres nunca entran a un cambio radical, nunca se entregan, nunca se dan a un cambio radical hasta que estén intensamente descontentos con el presente.

Dios nunca envió a Moisés a liberar al pueblo de Egipto hasta que los israelitas perdieron toda esperanza de reforma en Egipto, y Dios nunca permitió que el avivamiento venga a través de Lutero hasta que toda esperanza de reforma se perdió.

Hasta que los hombres lleguen al punto en que no busquen sus propias ambiciones, no estarán preparados para un avivamiento verdadero.

Cuando el avivamiento comienza a atraer gente que está interesada en sus propias carreras individuales, es una señal que ha perdido su etapa vigorosa. Al leer uno de los escritos de Hitler, una de las cosas que decía vez tras vez, era que “lo único peor que no tener ayuda suficiente, es tener demasiada ayuda”. Cuando llegan a este punto no están unidos para formar un nuevo mundo, sino que el movimiento empieza a gastar toda su energía en tratar de preservar el presente; entonces cesa de ser un movimiento y viene a ser una institución; la atracción hacia ella ahora es diferente.

“Si alguno quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo” (parafraseando Lucas 9: 23). En estas palabras Jesús estableció que El era el único camino que lleva al Reino de Dios. El vigor de un avivamiento, o sea, un despertar espiritual, proviene de la propensión de los santos para una acción unida y un sacrificio propio. La disposición de un autosacrificio se lleva a cabo cuando nosotros venimos a ser parte de algo que percibimos que es mayor que nosotros mismos; lo único que nos va a llevar al lugar en el cual en verdad estemos dispuestos a sacrificarnos a nosotros mismos, es cuando la causa por la cual yo vivo, vale más que yo mismo.

Elliot fue un predicador que murió tratando de alcanzar a los nativos de Ecuador. Creo que fue en su diario que el Sr. Elliot escribió que no es necio ni es tonto el que está dispuesto a dar lo que no puede retener, para recibir aquello que no puede perder. El Reverendo Elliot estaba afirmando lo que yo estoy diciendo. El sabía muy bien que podía morir cuando fue ahí, pero percibió que la causa a la cual pertenecía era mucho más importante que su propia vida. Sólo es en este punto que los hombres pueden sacrificarse. Esta causa tiene que venir a ser el centro de nuestra vida, o nunca avanzaremos más allá de nosotros mismos. La única forma en que yo sé que algo vale la pena vivir, es cuando yo esté dispuesto a morir por ello. La causa por la cual estamos acá tiene que ser más importante que nuestra vida.

El avivamiento del libro de los Hechos va a ser repetido cuando tú y yo lleguemos al punto donde no tengamos otro propósito por el cual vivir. Mientras tengamos otros intereses no iremos a ningún lugar; pero cuando nosotros venimos al punto en el cual no tengamos ningún propósito que vale la pena ni destino fuera del cuerpo colectivo de Cristo, entonces el avivamiento será posible a través de nosotros. Pero hasta que Dios encuentre un pueblo así, entonces ese avivamiento esperará y se alejará a un hombre o una mujer que no tengan sentido de pertenencia. Para un hombre que no tenga el sentido de pertenencia, la mera vida es la única cosa que le importa.

A la vida misma en sí, todo lo que le importa es su propia realidad, lo cual es una eternidad de nada, y se agarra de esto con una desesperación fuerte. La capacidad de una acción unida y el sacrificio propio siempre van juntos, son uno y lo mismo; no los puedes separar. Para enseñar a sus discípulos, Jesús los alistó para una acción unida, Jesús los alistó para una autonegación.

Instruirlos en un lugar de juegos y hacer de la Iglesia un club atlético, no es la manera en que puedes producir un pueblo de avivamiento. Ellos tienen que venir a un lugar donde estén dispuestos a sacrificarse a sí mismos, y para hacerlo, debemos traerlos al lugar de la autonegación. Ara bien, el arado profundiza, ara la tierra y aparta el desperdicio y las suciedades. Cada factor unificador promueve el autosacrificio y viceversa.

Jesús preparó a sus seguidores para tener voluntad de ser mártires, y esto era lo que ellos enfrentarían finalmente. El los separó de su individualismo para asimilarlos en Su propósito y causa. El les dijo bien claro que la causa por la que ellos vivían traería divisiones entre las familias, y en tal circunstancia la causa tenía que ser primero. El los estaba llevando al punto, que “Si tu esposa no va, tú tienes que ir”.

Estoy bien consciente de que el diablo conoce este proceso y lo ha usado también para el mal; es así que tenemos todas estas sectas de las religiones y el gobierno, pero el diablo es un imitador. Dios dice que si tú eres su discípulo, entonces esta causa tiene que ser mayor que tú, tiene que ser más importante para tí que las casas, tierra, esposas, hijos. Que la Iglesia en este último tiempo una vez más venga a ser la Iglesia; cuando venga a ser el cuerpo y el vehículo de expresión de Cristo, va a afrontar una vez más la hostilidad. Este mundo aborrece a Cristo, y cuando nosotros lo mostramos y expresamos a Cristo, encontraremos que nosotros mismos somos el objetivo de tal hostilidad. Tú debes entender que la razón de este odio es que el dios de este mundo es el “yo”, y Jesús dijo que éste tendría que ser negado. Cuando tu empiezas a meterte con el dios de este mundo, entonces este mundo se va a levantar en odio.

El mundo que crucificó a nuestro gran Señor no va a permitir que nosotros crucifiquemos a su dios; entonces todo el infierno viene a ser desatado cuando la Iglesia viene a ser la verdadera Iglesia. Cuando nos movemos a la imagen de Cristo, y cuando crucificamos al “yo”, la persecución va a venir. La capacidad de estar en pie se basa en gran parte en la identificación del individuo en el cuerpo.

Estuve en la Segunda Guerra Mundial, y había momentos en los cuales no sabía si iba a vivir, pero mi fortaleza crecía a medida que sabía que era parte de algo mas grande, que no estaba solo; y cuando todo el infierno venga contra la Iglesia la habilidad de mantenerse en pie nace de que pertenezco a algo que no puede morir. Puedes destruir este ser físico, pero yo pertenezco a algo que es tan eterno como lo es Dios. Las personas que sobrevivieron en el campo de concentración nazi eran las que sentían que eran miembros de un grupo compacto.

Puedes ver esto en los escritos de Corrie Ten Boom: los individuos, cualquiera que sea su nacionalidad, se destruían, fueron quebrantados y no podían permanecer. Los habitantes de Europa Occidental demostraron ser los menos defensivos: odiados por los gentiles aun en los campamentos, y sin ninguna unión vital con la comunidad judía, ellos afrontaron a sus angustiadores solos y fueron derrotados. Uno se da cuenta de esto al ver el “ghetto” (barrios bajos) de los judíos: era más una fortaleza que una prisión; le daba a ese judío fortaleza con un espíritu fuerte para soportar la violencia y el abuso de la edad media o siglos oscuros; y sólo era su sentido de pertenencia que le dio su habilidad de permanecer. Y este sentido de que tú y yo estamos perteneciendo a algo que es eterno, nos va a dar la fortaleza para perseverar mientras afrontamos las tormentas de estos últimos días.

Puedo ver del oeste que el odio se levanta en Rusia. Empiezan a endurecerse cada vez más con las sectas y la religión ortodoxa, y nos tratan a nosotros los nacidos de nuevo como sectas, y al fin la Iglesia va a ser el objetivo principal del odio del infierno. En Estados Unidos constantemente se mencionan los derechos religiosos; todo esto es una obra del enemigo levantándose para que nosotros seamos el objetivo del odio de ellos. Este mundo va a hacer de los hijos de Dios extraños en este planeta y vamos a ser la causa de todos los problemas de ellos. Hitler hizo que su problema sea el problema de Alemania. Toda la maldad tenía que tener a alguien a quien echarle la culpa, y el judío vino a serlo en la Alemania nazi. El odio a los judíos trajo y llevó a cabo este movimiento de la masa.

El espíritu del anticristo ya está obrando y está estableciendo que el nuevo creyente sea el objetivo del odio del infierno. Nunca le he escuchado hablar sobre el derecho de los paganos, sino siempre sobre los derechos religiosos. En realidad se refiere a los creyentes nacidos de nuevo. Te das cuenta que la pertenencia a esta causa es lo que nos va a dar la habilidad de perseverar cuando se desate la tormenta.

La conclusión es que cuando el individuo afronta la tortura o afronta la aniquilación, él no puede basarse en los recursos de su propia individualidad. Cuando Elías pensó que estaba solo fue vencido. Podemos ver a este hombre quebrantado, el que había soportado los poderes de la reina pecaminosa y había orado que descienda lluvia ahora huyendo y metiéndose bajo un arbusto. Ahí quiso morir, y cuando Dios le comenzó a decir, “¿por qué estás acá?”, él dijo “estoy solo”; y Dios le aseguró que no estaba solo, que habían 7 mil que no habían doblado su rodilla a Baal. Pero fue el desánimo lo que hizo que Dios ponga el reemplazo llamado Eliseo. Dios trató con él bajo el arbusto, luego lo alimentó. El hombre de Dios huyó en vez de enfrentar a Jezabel. Se fue a una cueva, y cuando Dios lo encontró le preguntó por qué estaba ahí. Y le respondió la misma triste historia de siempre: le dijo, “estoy solo y soy el único que queda”, y Dios una vez más le dijo muy tristemente a donde tenía que ir para ceder su lugar a un joven.

Cuando te sientes solo no puedes estar en pie; esto es de lo que estamos hablando, la credibilidad de la Iglesia. Tú predicas la sanidad divina pero esta iglesia no persevera; entonces los enfermos van a padecer. Nuestro único recurso de fortaleza no está en nosotros mismos sino en ser parte de algo que es poderoso, algo glorioso, ser parte de algo que es indestructible.

La fe es entonces primeramente un proceso de identificación. El proceso a través del cual el individuo cesó de ser él mismo y viene a ser parte de algo que es eterno. Este es el camino de Dios, el camino del avivamiento, y Dios te ha llamado a tí y a mí a este lugar para que nosotros seamos el instrumento en Su mano por el cual el movimiento de la masa ocurrirá.