Devocional para Hoy! – 12 de Julio
“…Ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” (Mateo 6:6)
“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz”. (Salmos 55:17)
Estamos constantemente en el aprieto, si no en la puja, de idear nuevos métodos, nuevos planes, nuevas organizaciones para avanzar en la iglesia y asegurar la ampliación y eficiencia del evangelio. Esta moda del día tiene una tendencia a perder de vista al hombre, o a hundir al hombre en el plan de la organización. El plan de Dios es hacer mucho con el hombre, más de él que de cualquier otra cosa. Los hombres son el método de Dios. La iglesia está en busca de mejores métodos; Dios busca mejores hombres.
Lo que la iglesia necesita hoy no es más maquinaria, no nueva organización, ni más métodos novedosos, sino hombres a quienes el Espíritu Santo pueda usar: hombres de oración, hombres poderosos en la oración. El Espíritu Santo no fluye a través de métodos, sino a través de los hombres. Él no unge planes, sino los hombres, hombres de oración. Hablar a los hombres por Dios es una gran cosa, pero hablar a Dios por los hombres es aún mayor. Uno nunca hablará bien y con verdadero éxito a los hombres por Dios, si no ha aprendido bien cómo hablar a Dios por los hombres.
Estamos haciendo hincapié en la verdadera oración que cambia e inflama cada elemento de alta del ser del predicador, la oración que nace de la unidad vital con Cristo y la plenitud del Espíritu Santo, el cual brota de lo profundo, desbordante fuente de tierna compasión, inmortal compromiso del bien eterno del hombre, un celo consumidor por la gloria de Dios, una convicción profunda del trabajo difícil y delicado del predicador, y de la necesidad imperiosa de la ayuda más poderosa de Dios. Es una fuerza de la oración que forma santos. El carácter santo se forma por el poder de la oración verdadera. Cuantos más los verdaderos santos, más la oración que hay; cuanta más oración, más verdaderos santos.
¿Oraste esta mañana, cristiano?
¿Trajiste tu día a Dios,
Pidiéndole que bendiga y te guarde,
te guíe con su vara y su cayado?
¿O, rodeado por muchos deberes,
andas sin Su toque
sobre tu espíritu devastado y acosado en la tierra,
Presionado y cuidadoso sobre cuánto?
Preocupado por cosas que perecen,
Cosas que presionan tu espíritu con dolor,
¡Cuando podrías haber oído hablar del Cielo,
Haber esperado en la puerta abierta de Dios!
Puedes tener al Rey a tu lado,
Trazando, direccionando tu camino,
¡No trates de andar sin Él
en tu día ocupado!
-Autor Desconocido-