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Devocional para Hoy! – 01 de Junio

«Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.» (Salmos 34.13)

No maldición por maldición, ni una palabra! ¡Cuánto se pierde por una palabra? Guarda silencio. Mantén la calma. Si te hieren en la mejilla, ofrécele también la otra. Nunca replicar. ¡Calla, ni una palabra! No importa tu reputación o carácter, están en manos de Él, y los estropeas al tratar de retenerlos.

No abras la boca. Silencio. Una palabra dolerá, molestará, y asustará a la gentil Paloma. Calla, ni una palabra. ¿Fuiste mal entendido? ¡No importa! ¿Dañará tu influencia y debilitará tu poder para bien? Déjalo a Él cuidar y encargarse. ¿Estás agraviado, y tu buen nombre empañado? Muy bien, haz tuyo ser manso y humilde, sencillo y suave, ¡ni una palabra! Deja que te guarde en completa paz; fija tu mente en él, confía en Él. ¡Silencio! Calla ante el mundo y descansa en Él. Ni una palabra o argumento, debate o controversia. Métete en tus asuntos. Guarda silencio.

Nunca juzgues ni condenes; nunca acuses o censures. ¡Ni una palabra! Nunca hables una expresión fea o poco amable, nunca una duda o un temor, nunca un comentario despectivo de otros. Como quieres que los otros hagan para el mundo, así también hazlo tú.

¡Pausa! ¡Calla! ¡Selah! Ni una palabra, enfáticamente; ni siquiera una mirada que estropee la dulce serenidad del alma. Aquiétate. Conoce a Dios. Guarda silencio ante Él. La quietud es mejor que el ruido. No hables una palabra de murmuración o queja en súplica, ni una palabra de regañar o persuadir. Deja que el lenguaje sea sencillo, apacible, tranquilo. No pronuncies una palabra, dale a Él la oportunidad de hablar. Atiende al escuchar su voz. Escucha para obedecer. Esta es la manera de honrarle y conocerle. ¡Ni una palabra, ni la menor palabra! —Stephen Merritt— Desconocido

De la escritura hebrea la máxima brotó:
«Aunque los pies resbalen, que nunca lo haga la lengua;»
El escritor sagrado corona el conjunto:
«Quién guarda su lengua, guarda su alma.»
—Autor Desconocido—

Estamos encargados por Dios a traer liberación a los enfermos y endemoniados. En la gran comisión, Dios nos manda a ir a todo el mundo y liberar al pueblo. Nunca puedes liberar a otros hasta que tú mismo lo seas. Conságrate a Dios de nuevo. Presenta tu cuerpo como sacrificio vivo, todo tu ser, tu lengua, tus labios, y tu voz. «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal…» (Colosenses 4: 6). «… Guarda lo que se te ha encomendado, evitando las palabras profanas (sin valor) vacíos, vanas…» (I Timoteo 6:20). —B. H. Clendennen – Escuela de Cristo— (1922–2009)