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Devocional para Hoy! – 03 de Junio

«…Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.» (Santiago 3.2)

Las palabras crean problemas. Quédate quieto. Esta es la voz del Espíritu. No te preocupes por el mañana. No te preocupes por las cosas del hogar, la iglesia o el negocio. Echa todo sobre Él, y no hables ni una palabra. Pensamos tanto, oramos tanto y confiamos tanto, que terminamos inquietos e intranquilos y ruidosos; conduciéndolo así a Él afuera. La preocupación torna desagradable el lugar de su permanencia, y Él se va. No hables una palabra a nadie de sus preocupaciones, ni del deseo de saber qué hacer. No lo quites de Sus manos. Él ha de mantener la perfecta paz, pero no acudas a otro por sabiduría o dirección.

Tuve una prueba severa, de larga duración. Subí con un querido hermano en el coche, y abrí a él mi corazón, y derramé mis cargas pesadas en sus oídos. Seguí su consejo sincero de corazón. Su voz no era la intención del Espíritu, y cuando volví a mi asiento en el coche, el Espíritu me dijo suavemente: «¿Así que fuiste a él? ¿No podías confiar en mí?» Me rompió el corazón. Le pedí disculpas, fui perdonado, restaurado, y decidí no quitarle mi caso de sus manos otra vez, y tomar como lema para mi vida espiritual: ¡Ni una palabra!

Cesa de ti mismo, amado, de tus propias cosas y obras. Deja que el Espíritu Santo tome las riendas. Detente en la inquieta actividad y dale la oportunidad de hablar y de hacer. ¡Ni una palabra! Testifica en amor, sólo una palabra para Jesús. “Vosotros sois mis testigos”.

Pero eso no es todo. Entrégale tu ser a Él. Deja que tu espíritu conquistado calle. Deja que tus labios se cierren, tu lengua se ate, se acalle tu voz, tu mirada sea amor. Déjalo controlar, y un sonido de amable quietud impregnará tu ser, extendiendo el dulce aroma de la paz y la alegría por todos lados. Mientras tu corazón se calla y la boca está cerrada, serás bendecido rápidamente por escucharle a Él, en el silbo apacible y delicado como el rocío de la mañana, la luz suave del sol, o la dulce brisa de la tarde; en el silencio de su presencia y el gozo de su deleite, y serás tan feliz, que no te atreverías a decir nada: ¡Sólo como testigo de Él! —Stephen Merritt— Desconocido

Una de las primeras cosas que un médico le dice a su paciente es: Déjame ver tu lengua. Un consejero espiritual podría a menudo hacer lo mismo. —Nehemías Adams— [1806 – 1878, un clérigo y escritor]

Dios nos ha dado dos oídos, pero una lengua, para mostrar que debemos ser prontos para oír, pero tardos para hablar. Dios ha puesto una doble valla antes de la lengua, los dientes y los labios, para enseñarnos a tener cuidado de no ofender con nuestra lengua. —Thomas Watson— [c. 1620 – 1686, inglés, inconformista, predicador puritano y autor]