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Devocional para Hoy! – 11 de Junio

«Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios» (Hebreos 13:15)
«Alzad vuestras manos al santuario, Y bendecid a Jehová» (Salmos 134:2)

Yo una vez tuve un reloj. Fue hecho para marcar la hora. Después de un tiempo ya no marcaba más la hora, pero seguía siendo mi reloj. Por dentro tenía todo lo que siempre tuvo, pero cuando ya no hacía lo que fue hecho para hacer, se lo di a un muchacho, puesto que ya no era más de valor para mí. De la misma manera, cuando no hacemos lo que Dios nos creó para que hagamos, ya no somos de valor para Él, aún cuando sigamos llenos de obras como el reloj. ¡Qué triste es desilusionar a Dios en el propósito de nuestra creación!

Dios no sólo creó al hombre para que lo alabe, sino que le ordena que lo haga. Él cierra los Salmos con un mandamiento tan amplio que ningún ser vivo queda fuera: “Todo lo que respira, alabe a Jehová” (Sal. 150:6). Jesús dijo que la prueba del amor es la obediencia; si fracaso en alabarle, demuestro que no lo amo. Además, amamos alabar aquellos que amamos profundamente, incluso si no nos lo han pedido.

Uno dice “yo alabo a Dios, en mi corazón”. La alabanza debe empezar en el corazón, y venir del corazón. Pero el Salmo 66:8 dice que debe hacerse oír la voz… Nunca agradaremos a Dios hasta que hagamos las cosas que Él nos dice, de la manera que él nos pide. Él dice que nos escogió para llevar fruto, y que lo llevemos todo el tiempo, en todo lugar y en gran abundancia. ¡Que privilegio bendecido! Cuanta más alabanza ofrecemos, más fruto y gloria y placer recibe Dios, y no nos empobrecemos, ni un poco, en darle, ¡en gran manera bendecidos! Isaías 61:3 habla de la alabanza como un manto. Salmo 33:1 dice “es hermosa la alabanza”. ¿No anhelamos ser hermosos a los ojos de Dios? Entonces alabémosle hasta que nos cubramos de alabanza, como un manto que cubre nuestro cuerpo.
—Sra. Nuzum—
[Misionera de AG a México, autora]

EL MANTO DE ALABANZA

Nos lo vestimos y nos lo quitamos
A voluntad como hacemos con nuestra ropa;
Cuanto más lo usamos, de más brillo se tiñe,
Y más se suaviza su textura.

Nunca parece anticuado, desteñido, desgastado;
Se ve apto bajo cualquier luz,
Cuanto más tenue el día, más brilla,
Resplandece en lo profundo de la noche.

Para trabajar o jugar, nunca se desgastará,

Pero quiero decirte, mi amigo,
Déjalo por un tiempo entre la naftalina,
Y triste será su final.
—Laura Davies Holt—
Desconocido