Devocional para Hoy! – 14 de Julio
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31)
Si algún hijo de Dios adoptara este versículo como su regla de conducta, se sorprenderá de lo que va a lograr en su vida. Endulzará todo su servicio. Tornará la monotonía en deleite. Será una salvaguarda contra el orgullo. Es el único terreno en el que se puede orar con confianza.
El tamiz: «¿Es para la gloria de Dios?», filtrará gran parte de nuestra inútil oración. Nos evitará estar ligados a la tierra. Se resolverán todas las cuestiones de conducta. Se resolverán todas las preguntas de las normas. Lo mundano, la codicia, los celos, los ánimos y ambiciones impíos se verán en su luz correcta cuando sean medidos con esta escritura.
–Herald of His Coming (Heraldo de Su Venida)-
Oh Señor tamiza toda la escoria de mi corazón,
Toda la frialdad y egoísmo, que salgan;
Toda la envidia y el orgullo, la apatía, también,
Y los pensamientos prejuiciosos
que me hacen falso;
Las ambiciones mundanas y placeres
en abundancia,
Que constantemente vienen a llamar a mi puerta;
Toda la dureza de corazón, toda
la tibieza y el miedo,
Todos los ídolos que impiden sentirte cerca,
Todas las obras de la carne, todo
deseo de alabanza,
La autocompasión y debilidad,
que dificultan siempre;
Toda la ansiedad, la preocupación
y el temor, sean tamizados,
Con hasta el último vestigio de ulcerosa duda.
Toda rebelión, toda amargura, odio y codicia,
Tamízame y levántame, hasta que me liberte
De toda esclavitud al pecado, y esté
dispuesto a encontrar
El Salvador de los hombres que
he anhelado saludar.
-Laura Davies Holt-
Desconocido
Tendemos a hacer que Dios dependa de nosotros. Partimos de que Dios es tan dependiente de nosotros, que Él ungirá nuestro trabajo sin que busquemos su gloria. Lo que amenaza con ponerse en el camino del principio de la consagración, es un ídolo y le llevará por mal camino. No importa lo que es, podría ser tu esposa, podría ser tu familia, podría ser tu granja, o tu negocio. Lo que se interpone entre nosotros y la búsqueda de la gloria de Dios es un ídolo. Pablo define este principio en una línea: «…Una sola cosa hago …» En la vida de Pablo, Cristo no tenía rivales, no había problemas secundarios. Él estaba vendido a la causa de la que él se tornó parte.
-B. H. Clendennen-La Escuela de Cristo-
[1922-2009]