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Devocional para Hoy! – 21 de Julio

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” (Juan 14:14)
“Orad sin cesar.” (I Tesalonicenses 5:17)

¿Es hipócrita orar cuando no se nos da la gana? Tal vez no haya un obstáculo más sutil a la oración que nuestro estado de ánimo. Casi todo el mundo tiene que encontrarse con esa dificultad a veces. Incluso los profetas de Dios no estaban totalmente libres de ello. Habacuc se sentía como si estuviera frente a una pared en blanco mucho tiempo.

¿Qué haremos cuando los estados de ánimo como este vienen a nosotros? ¿Esperar hasta que sintamos ganas de orar? Es fácil persuadirnos de que es hipócrita orar cuando no tenemos ganas, pero no argumentamos lo mismo por otras cosas en la vida. Si estuvieras en una habitación que estuvo perfectamente cerrada durante algún tiempo, tarde o temprano comenzarás a sentirte muy miserable, tan miserable que quizás no quieras hacer el esfuerzo de abrir las ventanas, sobre todo si es difícil abrirlas. Pero tu debilidad y apatía sería la prueba de que comienzas a necesitar aire fresco desesperadamente, porque pronto estarías mal sin él.

Si el alma persevera en una vida de oración, llegará un momento en que estas estaciones de sequía pasarán y el alma será guiada a la salida, como dice Daniel, «en un lugar de gran tamaño (o húmedo)». Que nada te desanime; si el alma está seca, manténla cultivada. Se dice que en una época seca, desgarrar el maíz es igual a una ducha de lluvia. Cuando somos apáticos acerca de la oración, es el momento mismo en que más necesitamos orar. La única forma en que podemos superar la apatía para cualquier cosa, es poner más de nosotros mismos en esa tarea, y no menos.

Orar cuando no sientes de orar no es hipocresía; es la fidelidad al deber más grande de la vida. Sólo dile al Padre que no sientes orar. Pídele que te muestre lo que te está haciendo apático. Él nos ayudará a superar nuestro estado de ánimo, y nos dará coraje para perseverar a pesar de ello. Cuando no puedes orar como lo quisieras, ora como puedas. Si no me siento inclinado a orar, entonces es el momento en que tengo que orar más que nunca. Posiblemente cuando el alma salta y se regocija en la comunión con Dios, puede ser que se abstenga más de la oración que en esas temporadas cuando se arrastra pesadamente a la devoción.
-Charles Spurgeon-
Springs In The Valley (Fuentes en el Valle). Michigan: Zondervan, 1997, pág. 167.

Señor, ¡qué cambio dentro de nosotros
una hora corta
Pasada en Tu presencia puede provocar!
¡Qué pesadas cargas de nuestro pecho puede retirar!
¡Qué secos los terrenos que puede refrescar
con una lluvia!

Nos arrodillamos, y todo a nuestro alrededor
parece disminuir;
Nos levantamos, y todo, lo lejano y lo cercano,
Se levanta con contorno soleado, valiente y claro;
¡Nos arrodillamos, tan débiles; nos
levantamos, tan llenos de poder!
-Richard C. Trench-
[1807-1886, arzobispo anglicano irlandés de Dublín, poeta]