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Devocional para Hoy! – 21 de Noviembre

 

“Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó… Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.” (Jonás 2:2,3)

Sin embargo, Él me deja, ¡suerte cruel!
Me deja en mi estado de perdición;
¿He pecado? Oh, dime en qué.
¡Dime, y perdona mi pecado!
Rey y Señor, a quien adoro,
¿Dejaré de ver tu rostro?
-Madame Guyon- Upham, Thomas C(ogswell). Life of Madame de la Mothe Guyon (Vida de la señora de la Mothe Guyon). Londres: Sampson Law Son & Co., 1862, p. 127.

Dios ha prometido la vida y la felicidad de su pueblo. Lo que Él ha prometido nunca puede dejar de suceder. Sin embargo, abandonarse enteramente en Sus manos es disposición de los que aman a Dios con un corazón perfecto, independientemente de la promesa, en cierto grado. Con la ayuda de la promesa, sin la cual permanecerían en su debilidad inicial, se elevan por encima de la promesa, por decirlo de alguna manera, y descansan en la voluntad esencial en la que se originó la promesa.

Tanto es así, que algunas personas por cuyo camino Dios había esparcido la oscuridad de Su providencia, y a quienes les pareció por un tiempo estar expulsados de Su favor y perdidos sin remedio, han adquirido con sumisión el terrible destino que se presenta así ante ellos. Tal era el estado de ánimo de Francisco de Sales al postrarse en la iglesia de San Esteban de Grez. El lenguaje de tales personas, pronunciado sin quejas, es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Dicen que Dios es su Dios, y no abandonarán su amor por Él, a pesar de que creen que están abandonados por Él en el momento. Optan por abandonarse a sí mismos, en todas las circunstancias posibles, enteramente en las manos de Dios. Su lenguaje dice, incluso si a Él le place separarlos para siempre de los goces de Su presencia: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.”

Sabemos que es imposible que Dios abandone a los que ponen su confianza en Él. Sino, que se olvide de su propia Palabra lo antes posible; y lo que es más, que abandone bien pronto su propia naturaleza. Las almas santas, sin embargo, pueden creer a veces que están abandonadas, fuera del alcance de toda esperanza, de una manera y en circunstancias que no podemos comprender plenamente. Sin embargo, tal es su fe en Dios y en su amor a Él, que la voluntad de Dios, incluso en tales circunstancias, es más querida para ellos que cualquier cosa y todo lo demás.
-François Fenelon- Upham, Thomas C(ogswell). Life of Madame de la Mothe Guyon La vida de la señora de la Mothe Guyon. Londres: Sampson Law Son & Co., 1862, p. 396-397.

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